Por qué soy optimista (todavía)

Soy optimista porque me parece que se está cumpliendo la trayectoria típica de toda recuperación. Durante mucho tiempo las cosas van mal, los indicadores son negativos, no hay síntomas de recuperación, los expertos no se mojan, el gobierno no hace lo que debería hacer (esto es ahora particularmente importante), las noticias son mayoritariamente negativas,… Todo esto está ahora agravado por algunos problemas adicionales, como la crisis financiera, la crisis fiscal y, como consecuencia, la crisis de la deuda (desde fuera nos miran con recelo, a ratos con susto).

¿Qué es lo que va bien? Las empresas exportan. La ventas al exterior crecieron un 24,6% en enero, en términos reales (son los últimos datos que tenemos, pero me parece que la mejoría ha continuado). Arrastrado por el comercio exterior, el índice de producción industrial muestra un repunte en enero-febrero, muy generalizado por subsectores, según las cifras de la Funación de las Cajas de Ahorros. Siguen las dificultades financieras, pero una noticia de la prensa de hoy dice que “alrededor de la mitad de las pymes en nuestro país consiguieron los créditos solicitados en el segundo semestre de 2010, frente a un 66% de media en la UE-17 y al 79% de Alemania”. Mala noticia, sin duda, pero muy distinta de la impresión general de que el mercado del crédito está cerrado. Porque, además, la financiación que nuestros bancos y cajas hacen a nuestro deficiente sector público no deja de crecer. O sea que hay dinero.  

¿Por qué soy optimista? Porque estamos en el camino de la recuperación. Las empresas han ajustado su plantilla, han aprendido a sobrevivir con sus morosos, están abriendo nuevos mercados y están exportando (no debe ser verdad, pues, lo de que habíamos perdido tanta competitividad debido a nuestro diferencial de inflación). Las siguientes etapas serán, si todo va bien, una recuperación de la inversión, el inicio de la creación de empleo (retrasado) y una mayor confianza de las empresas. Todo lo demás vendrá después.

¿Por qué el ‘todavía’ en el título de este post? Porque la ley de Murphy existe: si algo puede ir mal, irá mal. Y hay muchas cosas que pueden ir mal, sobre todo las relacionadas con la crisis de nuestras instituciones financieras, las reformas estructurales pendientes y la consideración que los mercados exteriores hagan de nuestra deuda. Crucemos los dedos.

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