Optimismo sobre la deuda española

Hace unos días Antonio Fatás, un profesor de Insead, publicaba un post en su blog titulado crípticamente: “¿Solvencia o liquidez? (r-g)” (verlo aquí, en inglés). Hoy, en Expansión, mi colega Eduardo Martínez Abascal se pregunta: “¿Es sostenible la deuda pública en España?” (aquí). Son dos versiones optimistas sobre la posibilidad de que España pueda pagar su deuda, o mejor, mantener su proporción sobre el PIB constante (y aclaro esto último porque, a diferencia de las familias o las empresas, los países no tienen que pagar toda su deuda: los mercados siguen interesados en invertir en esa deuda, y lo que piden es que no crezca indefinidamente, lo que sería señal de que el país es insolvente).

Fatás compara el crecimiento del PIB en España con el tipo de interés real (esas son la g y la r del título de su post.) La idea es que si la tasa de crecimiento de un país es superior al tipo de interés real de su deuda, la deuda es sostenible (al menos como idea general), porque el denominador de la proporción deuda/PIB crecerá más aprisa que el numerador. Fatás es quizás demasiado optimista, cuando utiliza como referencia el crecimiento pasado de la economía española, que no volveremos a replicar durante al menos unos cuantos años. Pero vale la pena subrayar que el tipo de interés nominal que paga el gobierno español por su deuda ahora no es el casi 7% de las últimas subastas, porque buena parte de la deuda viva fue emitida a tipos mucho más bajos. Martínez Abascal menciona el 4% nominal, que equivale a un 1% real, cuando descontamos la inflación española, o a un 2% real, cuando descontamos la inflación deseada por el Banco Central Europeo.

La conclusión de ambos es la misma: el coste de nuestra deuda no es astronómico, sino, por el contrario, admisible. De modo que no hay motivos para la desesperación. Aunque, eso sí, si los altos costes de la deuda de las últimas semanas se mantienen durante años, la sostenibilidad será imposible.

Comentarios

  1. Carlos García Ruiz

    Una pregunta entre perpleja e inocente. ¿Si las cosas son así, por qué estamos sufriendo tanto y parece que -como en Asterix- el cielo va a caer sobre nuestras cabezas?

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