La desgracia de ser rico (II)

En una entrada anterior me refería a un libro de Rachel Sherman, comentado por Simon Kuper en el Financial Times, sobre lo que los ricos piensan de ellos mismos y de su riqueza. Y, como es habitual en mí, me puse a filosofar sobre la ética de ser rico. Primero empecé comentando el origen de la riqueza. No di respuestas claras porque, dije, la valoración dependerá de muchos factores: si fue una acción mía intencionada y directa que causó un daño a otro y a mí me hizo rico; si fue un golpe de suerte; si el origen presuntamente inmoral está en mis antepasados… Ya sé que los medios de comunicación no se contentan con estas divagaciones, pero me parece que la ética no se puede reducir a principios, sobre todo cuando hay varios principios en juego y tienen signos opuestos. Y también hice notar que el esfuerzo no justifica el resultado: la teoría del valor trabajo (que lo único que da valor a las cosas es el trabajo que ha costado producirlas) no tiene muchos adeptos hoy (aunque está muy viva, por ejemplo, en las reivindicaciones sobre igual salario para el mismo trabajo; pero de esto hablaré otro día).

En todo caso, me parece que lo que hoy en día es más relevante es ¿qué uso hacemos de la riqueza? Esto se ve muy claro -me parece- en, por ejemplo, los ingresos de una estrella del rock o de un jugador de fútbol de primer nivel. ¿Es justo que gane tanto? Mi respuesta es: probablemente, sí, si hay miles de personas que están dispuestas a pagar grandes cantidades por verles cantar o jugar, y por comprar las camisetas que ellos patrocinan. Una prueba a la inversa: si el jugador exitoso renuncia a la mitad de su sueldo, ¿quién recibe ese dinero? ¿Los espectadores, las cadenas de televisión, el club? ¿Es esto más justo? Probablemente nos gustaría que hubiese otro reparto de ese dinero, quizás entre jugadores no tan afortunados, o entre personas de bajos ingresos… Pero esto quiere decir que el problema no es la cuantía del sueldo del jugador, sino qué se hace con ese dinero. Y este es, me parece, el punto principal de la “maldición” del rico, que mencionaba en la primera entrada.

La ética, al menos la ética que me convence a mí, dirá, probablemente: te has ganado limpiamente tu riqueza, es tuya. Pero… no olvides que no vives solo, sino en una sociedad, con unos fines sociales que se nutren de las aportaciones (económicas, de trabajo, de ideas, de virtudes…) de todos, y con otras personas, que tienen necesidades que ellos solos no pueden atender. Esto es lo que en la filosofía moral social de hace unos siglos se llamaba la función social de la propiedad. Toda propiedad, desde la de un par de euros hasta unos cuantos miles de millones, tiene una función social, no está solo para las necesidades (o los caprichos) del propietario. Y la legitimidad de esa riqueza depende, como ya dije, de su origen, pero también de su uso.

Este uso tiene dos vertientes: sacar provecho de esa riqueza para generar riqueza y empleo para los que no la tienen, y usar esa riqueza de manera apropiada, sin despilfarro ni ostentación. El libro que mencionaba al principio reconoce que, para muchos ricos, el problema es “cómo ser un buen rico”. Las claves las he dado más arriba. ¿Hay que dar? Sí, claro, un rico tiene que dar y, como decía aquel, “dar, hasta que duela”. Teniendo en cuenta, claro, las necesidades propias y de la familia. Por cierto, que el artículo del FT habla también de la preocupación de los ricos por la formación de sus hijos como “ricos buenos”. Pero las recomendaciones que hacen dan algo de pena: “hay que enseñar a los niños ricos a ser agradecidos por los lujos que tienen, y animarles a practicar la caridad con los pobres”. A veces pienso que la práctica de la ética necesita un poco más de imaginación. Al final, parece que los ricos que contestaron a las preguntas de Rachel Sherman estaban interesados, sobre todo, en tranquilizar su conciencia -lo que no los diferencia mucho de unos cuantos millones de conciudadanos, quizás también de nosotros mismos. De modo que, al final, probablemente delegarán esa función en el Estado redistribuidor, como si los políticos y los funcionarios fuesen ejemplares en el manejo del dinero ajeno…

3 thoughts on “La desgracia de ser rico (II)

  1. Un gran artículo como ya vi en la primera parte. Efectivamente los ricos solo piensan en ellos mismos y en sus fortunas, mientras tanto los pobres tenemos que seguir la vida como si nada, superando día a día los baches que nos ponen en el camino. Hace poco me detectaron Escoliosis en la espalda, si tuviera algo de dinero, se podría tratar en los mejores especialistas, así, sin dinero, solo me pueden ver médicos de la seguridad social. Espero seguir leyendo artículos tan interesantes como este. Saludos 🙂

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