Qué queremos decir cuando decimos “valor”

Hace unos días asistí en Londres a la presentación de unas investigaciones llevadas a cabo por la Home Renaissance Foundation. El acto tuvo lugar en el House of Commons; por un rato, me sentí importante, aunque entraba y salía tanta gente que pronto me convencí de que yo era uno más. Pero lo pasé muy bien, escuchando la presentación de la profesora Marta Bertolaso y una interesante conferencia de Miriam González Durántez, sobre el problema de cómo reconocer el valor de lo que aporta la mujer en el hogar. Y esto me llevó a algunas consideraciones, que no son nuevas, pero que me parece interesante compartir con vosotros.

El argumento general era que las mujeres aportan mucho valor a la familia. Luego, bajando a los detalles, hablaba, sobre todo, de valor económico. Y yo me acordaba de las teorías económicas sobre la familia, propiciadas por el premio Nobel Gary Becker, que miden el valor del trabajo en el hogar por el precio que tiene ese trabajo en el mercado: si se trata de trabajadores contratados, por su salario más los costes de seguridad social, etc.; si se trata de los miembros del hogar, por el valor de su trabajo en el mercado, al que renuncian para dedicarse al hogar. Y, claro, los número no salían: la mujer, habitualmente la madre, trabaja en el hogar muchas horas más que el varón, pero no recibe remuneración por ello; en cambio, cuando sale de casa a trabajar, tiene que pagar un cuidador (frecuentemente mujer) o una guardería para sus hijos, y esto sí que figura como gasto. Y a esto se sumaban otros problemas, como el tratamiento fiscal: como argumentaba una persona en el turno de preguntas, la mujer que trabaja fuera paga un impuesto por lo que cobra, y luego paga otro impuesto por la guardería.

Todo esto me produjo cierto desasosiego. No porque hablásemos del valor económico del trabajo de la mujer en el hogar, de cómo la medimos y de cómo lo tratamos fiscalmente, sino porque ese era todo el valor relevante. Bueno, no es verdad, porque hablábamos continuamente de lo que la mujer aporta al hogar, y no solo del valor económico. Pero me pareció que, si acabábamos hablando de euros, el único valor que se tomaba en consideración era el económico.

Y yo pensaba lo que ya he dicho otras veces aquí. En el hogar todos aportamos. Unos aportamos dinero o recursos; otros, trabajo; otros, conocimientos, capacidades, virtudes, valores… Y todos recibimos: comida, la ropa limpia, un ambiente cálido, una sonrisa, un buen ejemplo… y, claro, también algún golpe, porque no somos ángeles. Unos son bienes privados, valorables en dinero; otros son privados no valorables, como la satisfacción de poner la mesa para todos o el aprendizaje a poner unas flores en un jarrón, y otros son bienes comunes, compartidos. Se me ocurrió pensar qué aporta un bebé recién nacido: nada de valor económico, desde luego; en todo caso, algo de suciedad y trabajo, mucho trabajo… que tienen que hacer los demás. Pero su sonrisa después de un baño y una comida vale más que todo el oro del mundo. Y su simple presencia aporta… necesidades, oportunidades para que todos nos volquemos, alegría… que son bienes con mucho valor.

Sí, ya sé que solo con alegría no se come. Pero me parecía que deberíamos distinguir entre lo que aporta cada uno al hogar, de un lado; el valor económico de lo que cada uno aporta y gasta, de otro, y las necesidades financieras, de valor económico, de la familia. En este último bloque aparecen los impuestos, las ayudas, los costes de la hipoteca, lo cara que está la vida, las injusticias… la falta de responsabilidad de la sociedad y de sus gobiernos a la hora de tener en cuenta todo esto… Claro que… no sé cómo combinarlo todo. Pero, desde luego, cuando llegues a caso dale un beso a tu madre o a tu mujer, por todo lo que ha aportado en tu vida. Y otro a tu padre o a tu marido, y a tus hermanos, y a los trabajadores domésticos, y al abuelo, que ya está viejo y que aporta muy poco dinero, pero mucha alegría…

5 thoughts on “Qué queremos decir cuando decimos “valor”

  1. Gran articulo Antonio, siempre es un placer leer tu blog por su gran contenido humano.
    Si vamos al tema económico, el “valor”de una ama o amo de casa, puede ser tasable como bien dices por lo que costaría pagar a alguien por sustituirlo. También hay un importante componente de ahorro, ya que si es hábil haciendo la compra, puede traer grandes ahorros al hogar y eso es algo muy a tener en cuenta. Pero como bien comentas, su valor va más allá de lo puramente económico… Esto queda ilustrado con una frase de Antonio Machado parece hecha a medida para estos menesteres: “Todo necio confunde valor con precio”
    Un saludo

  2. ¿Cuándo cambiaremos la enseñanza de la economía y el tenor de las investigaciones para incorporar el verdadero valor, en todas sus expresiones, de los costos y los beneficios? Lo grave no es el que no lo incluímos, en buena parte porque no sea “cuantificable”, sino que hasta ignorarmos mencionarlo y perpetuamos la idea de que el único valor que cuenta es el que se puede contar.

    Gran problema de la inercia en las escueles de negocios y economía, profesores que estudiaron lo cuantificable y lo transmiten a los futuros profesores, que seguirán enseñando lo que les enseñaron. Los profesores intelectualme vagos se perpetuan y son el problema.

    Ver mi artículo con una consideración adicional sobre el valor de la mujer a la sociedad

    http://cumpetere.blogspot.com/2014/04/brecha-de-remuneracion-por-genero-una.html

Post a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *