Mi colega Alfredo Pastor escribió en el suplemento Dinero de La Vanguardia el domingo pasado un artículo titulado “De vasallos a ciudadanos“. Era una queja sobre los malos señores (políticos) que hemos tenido en nuestra historia de buenos vasallos (él dice que somos buenos, aunque reconoce que también nos hemos maleado). Y echa la culpa a los partidos políticos, tema que ya he desarrollado en otras ocasiones.
Pastor señala algunas de las corruptelas del funcionamiento de nuestros partidos: la fidelidad al partido (a menudo, a una persona dentro del partido), más que al Estado o a las instituciones; la falta de transparencia de los partidos; su manejo de las instituciones y las organizaciones, públicas o privadas, como si fuesen patrimonio personal suyo… Y de ahí se derivan algunas consecuencias: la falta de respeto de los españoles por esas instituciones (porque, dice, seguimos pensando que el poder real está en manos de los individuos); el control de esas instituciones por la maquinaria de los partidos, para su servicio, no (o no solo, o no principalmente) para el de los ciudadanos y el país,…
Pastor acaba invitando a los españoles a convertirse de vasallos en ciudadanos, asumiendo las responsabilidades que esto lleva consigo. Me parece bien, pero no veo cómo un conjunto de vasallos se vaya a convertir en ciudadanos de la noche a la mañana, salvo que haya una revolución, lo que debe empezar por alguien que aporte las ideas que sean capaces de aglutinar a esos ciudadanos. Cuando los ingleses se encontraron ante la tiranía de la monarquía, tenían algo que defender y alguien que aportaba las ideas (los parlamentarios y, en definitiva, los pensadores políticos). Y me pregunto: ¿qué podemos querer defender los españoles ahora? (ahora defendemos el estado del bienestar, pero ese lo controlan ya los partidos y los políticos) Y, ¿quién propone ahora las ideas liberales de los pensadores de entonces?