Perdón, no pretendo meterme en una disputa filosófica. Pero la vida a veces es lineal, mostrando un progreso (o un retroceso) más o menos continuo, como en el paso de la infancia a la madurez y de ella a la vejez (avances en unas cosas, retrocesos en otras), y otras cíclica, repetitiva.
Aquí voy a romper una lanza en favor de la interpretación cíclica de los asuntos humanos. No es ningún determinismo, como explicaré enseguida. ¿Que por qué me meto en estos berenjenales? Me ha provocado un comentario más en la prensa sobre austeridad versus crecimiento. Mi tesis es que pasamos de una a otra, y volvemos a la primera, pero no por algo parecido a la tesis y la antítesis, sino por un hecho profundamente humano: la capacidad que tenemos de aprender y adaptarnos (y de equivocarnos, por tanto).
No es una idea original. Ya Milton Friedman escribió, hace unas tres décadas, un artículo del que no guardo la referencia, y que se llamaba algo así como “el carácter cíclico de los asuntos humanos”. Su explicación era sencilla. Empecemos en un país sin inflación. El gobierno descubre que un poco de inflación no causaría ningún daño (¿qué más da que los precios suban el 0% anual, o el 1%?), y puede hacer mucho bien. Si los salarios suben un 0% anual y los precios un 1%, los mayores beneficios llevarán a las empresas a invertir más, crearán más empleo, tendremos más prosperidad… y ganaremos las próximas elecciones. Problema: cuando comprueben que los precios suben más que los salarios, los trabajadores pedirán aumentos del 1%, y perderemos la ventaja. Bueno, pues provoquemos una inflación del 2%; total, ¿qué diferencia hay entre un 1 y un 2% anual? El lector ya ha visto a dónde nos quería llevar Friedman: dentro de poco la inflación será del 10%, y la situación será insostenible. Habrá que volver atrás. Y empezaremos el nuevo ciclo.
¿Austeridad o crecimiento? Hoy podemos contestar lo que queramos; pensando en el largo plazo, en la solución sostenible (lineal), la respuesta correcta es crecimiento que respete la austeridad, o sea, crecimiento sin exceso de deuda.
La primera dificultad está en pasar de un no-crecimiento con exceso de deuda a un crecimiento con poca deuda. En eso estamos.
La segunda dificultad es conseguir un crecimiento que no dispare el deuda. Eso es lo que todos queremos, liderados, probablemene, por la señora Merkel. No es fácil, pero… ¡lo conseguiremos! (o eso es lo que prometen los expertos).
Todo lo que he dicho antes nos lleva a la tercera dificultad: ¿qué instituciones y reglas hemos de diseñar, que permitan el crecimiento sostenido y no disparen los desequilibrios, sean estos desempleo, inflación o exceso de deuda pública o privada? Sabemos algo sobre eso, pero debemos profundizar más. Sobre todo, debemos entender muy bien los procesos de decisión políticos y sociales, que nos llevarán, tarde o temprano, a saltarnos las reglas y empezar una escalada de crecimiento insostenible.
Déjenme que acabe con una conclusión, que quiere ser positiva, aunque suena a negativa. Si el hombre (incluyendo la mujer, claro) es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, volveremos a equivocarnos, volveremos a tener que pisar el freno, volveremos a iniciar el ciclo. ¿Por qué digo que es positiva? Porque esa es la manera “humana” de ser. No somos ángeles, sino seres imperfectos; cuando no nos lo creemos, acabamos tropezando con la piedra. Moraleja: seamos humildes, no nos fiemos de nuestras propias construcciones (¡geniales!, decimos a veces), diseñemos esas reglas, esas barreras que nos desviarán de la trayectoria que acaba en la piedra, y, como a pesar de todo volveremos a tropezar, preparémonos para corregir nuestros errores.