Empresas familiares: nacen, crecen, se revitalizan y… sobreviven

“Hasta los años setenta, las bodegas no eran consideradas un negocio, y en mi familia nos lo tomábamos como algo lúdico”. Con estas palabras se explica Guillermo de Aranzabal, presidente de La Rioja Alta y miembro de la quinta generación de la familia propietaria, en una entrevista publicada en la edición impresa de Expansión.

Esta empresa familiar se dedica al mundo del vino desde 1890, al principio más como un entretenimiento, como explica el propio De Aranzabal, que añade: “Fue mi padre el primero en dedicarse a este mundo de una manera más profesional. Creo que eso fue clave para el futuro de la compañía porque comprendimos la importancia del sector y de hacer las cosas bien para mantener la tradición”.

El caso de estas bodegas con más de 125 años de historia es un buen ejemplo de que las empresas familiares pasan por diferentes etapas a lo largo de su vida y es importante que tanto la familia como el negocio sean capaces de adaptarse a esos cambios. A medida que la familia y el negocio evolucionan, cambian aspectos como el estadio en que se halla la familia empresaria, el grado de concentración de la propiedad, los sistemas de gobierno de la empresa y de la familia, y el tipo de organización establecido en la empresa.

Hay tres momentos que son especialmente críticos en la vida de una empresa familiar: la última etapa en la que el negocio es conducido por su fundador, los primeros años en que lo dirigen miembros de la segunda generación, y cuando se incorpora la tercera generación.

El gráfico que aparece a continuación, extraido de la nota técnica “Ciclos vitales en la empresa familiar”, refleja las distintas etapas en la evolución de la empresa familiar y los principales retos a afrontar en cada una de ellas:

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Como vemos en el gráfico, es un camino no exento de dificultades, pero la experiencia enseña que aquellas empresas familiares que se lo proponen lo superan a base de dotarse de estructuras y procesos adecuados. La clave para superar todos estos escollos radica en la anticipación. Muchos de estos problemas son previsibles y por tanto pueden planificarse con tiempo.

En cada estadio, los conflictos que pueden aparecer y la manera de afrontarlos serán muy diferentes para los propietarios y para los directivos. A los problemas que afectarán a cada uno de ellos dedicaré los próximos dos posts, en los que también daré algunos consejos para abordarlos.

Me gustaría acabar este post volviendo al caso de La Rioja Alta con el que hemos empezado. En una entrevista publicada en Expansión, el presidente de esta empresa familiar explica que una de las principales lecciones que le enseñó su padre fue a no bajar nunca la guardia: “siempre me decía que tuviera el mismo cuidado tanto en los malos momentos como en los buenos”.

Sin duda un buen consejo para aquellas familias empresarias que buscan salvaguardar su legado para las siguientes generaciones. ¿Qué otras lecciones habéis aprendido vosotros? ¿Qué aspectos diríais que hay que tener en cuenta para que la empresa familiar sobreviva al paso del tiempo?