La empresa familiar, motor del desarrollo económico

¿Es realmente diferente la empresa familiar del resto de compañías? La respuesta es afirmativa, sin duda. 30 años de análisis académico nos permiten confirmar que la empresa familiar es realmente distinta del resto de compañías, como expliqué en la lección inaugural del curso académico 2016-2017 que pronuncié en la Universidad de Navarra. La principal diferencia se encuentra en su configuración institucional: las empresas no familiares se rigen por unos códigos mercantiles que no son suficientes en la empresa familiar.

Si la empresa familiar no fuera diferente al resto de empresas, no tendría sentido que existiera la Cátedra de Empresa Familiar (CEF) del IESE, que este año celebra su 30 aniversario. Desde su creación en 1987 podemos decir que las particularidades que hacen únicas a las empresas familiares se mantienen, aunque desde entonces han cambiado muchas cosas.

A lo largo de este tiempo, las empresas familiares han realizado un cambio espectacular y hoy tenemos un tejido empresarial muy competitivo, como expliqué hace un par de años en Expansión. En esta misma línea se pronunciaba hace poco el presidente del Instituto de la Empresa Familiar (IEF), Ignacio Osborne, en la celebración del 25 aniversario de dicha institución: “hoy tenemos un tejido productivo más sólido y un país mejor, más desarrollado y más justo”, decía.

La asignatura pendiente sigue siendo el tamaño, aunque este problema no es único de la empresa familiar. La mayoría de empresas españolas (un 97%) son pequeñas o microempresas, según señala nuestro informe Demografía de la empresa española. Solo un 0,35% de las empresas españolas son grandes empresas con más de 250 trabajadores.

Un estudio reciente del IEF, titulado La dimensión empresarial como factor de competitividad, constata que actualmente el tejido empresarial español se encuentra muy atomizado. Según este informe del IEF que remite a datos del INE, de los 3,24 millones de empresas activas que existen, tan sólo el 0,7% cuenta con más de 50 trabajadores, un porcentaje inferior al porcentaje de la Unión Europa, que se sitúa en el 1,2%.

Las empresas familiares representan el 90% del total de empresas, generan el 70% del empleo privado y el 60% del valor añadido bruto de la economía española, según el estudio del IEF. Así que podemos afirmar que actualmente las empresas familiares constituyen un pilar básico de crecimiento de la economía española desde un punto de vista cuantitativo, y también cualitativo, al tratarse de empresas más longevas que anteponen la permanencia a la rentabilidad (aunque por supuesto buscan ser rentables).

En realidad, podríamos ir más allá y decir que las empresas familiares han sido el motor económico del último cuarto de siglo. En palabras del presidente del IEF, “los empresarios familiares han tenido un papel determinante en el desarrollo económico español de los últimos 25 años”. Un papel destacado que siguen reivindicando en cada foro, encuentro o conferencia del sector. Solo hay que echar un vistazo a la hemeroteca para darse cuenta de esta petición reincidente.

Y eso es precisamente lo que haré en mi próximo post, repasar la hemeroteca para ver cómo han evolucionado las preocupaciones de los empresarios familiares en estas tres décadas.

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