Por amor al arte

De un tiempo a esta parte se habla mucho de filantropía y alguien poco versado en la materia podría pensar que es algo nuevo. ¡Nada más lejos de la realidad! Que las empresas, y en especial las familiares, dediquen parte de sus recursos a impulsar actividades de ayuda a terceros es una práctica que se remonta a los orígenes de las propias compañías.

Aunque en los últimos años este tipo de actividades hayan ido ganando protagonismo en la agenda mediática, es de justicia señalar que las familias empresarias han jugado históricamente un papel determinante en el ámbito de la filantropía, al traspasar de generación en generación el valor de ese necesario y valioso compromiso social.

Las empresas familiares practican la filantropía de forma natural, pero eso no significa que no persigan la rentabilidad. El principal objetivo de toda empresa es ser rentable y ganar dinero. Sin rentabilidad no hay empresa. Pero al margen del beneficio, en las empresas familiares ha existido tradicionalmente un espacio para la filantropía y el altruismo.

Las empresas familiares se implican en proyectos filantrópicos por convencimiento y también por tradición. En este tipo de empresas, los valores de la familia propietaria tienen un papel crucial, y muchas veces la filantropía es una forma de mantener vivo este legado de generación en generación.

¿Podríamos decir entonces que las empresas familiares practican la filantropía de manera distinta a las no familiares? ¿Les mueven los mismos intereses a la hora de desarrollar proyectos de este tipo?

Existen notables diferencias a distintos niveles, tanto en la génesis de la propia actividad filantrópica y los objetivos que persigue, como en la forma de desarrollarla. No obstante, destacaría principalmente dos características que son propias de la empresa familiar. La primera es que la decisión de llevar a cabo la labor filantrópica depende de la propia familia empresaria; la segunda es la implicación personal de los miembros de la familia.

En la empresa familiar, es la propia familia empresaria quien decide realizar actividades filantrópicas, con la ventaja que supone no tener que rendir cuentas a nadie sobre su decisión. Una vez satisfechas las necesidades patrimoniales y económicas, el fundador, sus descendientes o las siguientes generaciones pueden decidir vehicular una parte significativa de recursos de la familia a proyectos de ayuda a terceros, sin preocuparse por la supuesta rentabilidad de este tipo de acciones.

El segundo elemento diferenciador de la filantropía en la empresa familiar es la implicación personal de la familia empresaria. De hecho, la decisión de llevar a cabo actividades filantrópicas suele ir ligada a un compromiso personal de la propiedad. No es casual que el ámbito escogido para llevar a cabo dichos proyectos esté estrechamente relacionado con los intereses de los miembros de la familia que deciden ponerlos en marcha.

Un buen ejemplo es la Fundación Rafael del Pino, creada en 1999 por Rafael del Pino y Moreno, el fundador de Ferrovial. Doctor ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, Rafael del Pino puso en marcha Ferrovial en otoño de 1952, y estuvo en la primera línea del negocio familiar hasta el año 2000, cuando dejó la presidencia y pasó a dedicarse por completo a la Fundación que lleva su nombre con el objetivo de “devolver a la sociedad parte de lo que esta misma sociedad me ha dado a lo largo de mi vida personal y profesional”.

Según sus propias palabras, que pueden leerse en la página web de la Fundación: “Deseo contribuir a que el conocimiento heredado de otros, junto con nuestro particular valor añadido, siga transmitiéndose a las siguientes generaciones en libertad”. Este sigue siendo el leit motiv de la Fundación, contribuir a la formación de los dirigentes y emprendedores españoles, a la defensa de la libertad y a la difusión del conocimiento. Rafael del Pino presidió la Fundación hasta su fallecimiento, en 2008, cuando tomó las riendas su hija María del Pino Calvo Sotelo, que también es miembro del consejo de administración de Ferrovial desde 2006. La familia apoyó este proyecto filantrópico desde el primer momento y todavía hoy sigue directamente implicada en él, manteniendo vivo el espíritu de su fundador.

En la mayoría de los casos, la filantropía responde, como ya avanzaba el título de este post, a un deseo altruista que no espera nada a cambio más allá de la propia satisfacción personal que pueda proporcionar la realización de dicha acción. Ayudar a terceros nos hace mejores como personas y contribuye a aumentar nuestro bienestar. ¿Qué más se puede pedir?

One thought on “Por amor al arte

  1. la satisfacción personal de ayudar sin nada a cambio a terceros a crecer, a continuar una obra , a que prevalezcan nuevos conocimientos, a mejorar una situación personal inmerecida etc. no se puede llegar a medir por ser tan intima y relacionada con sentimientos ocultos de bondad y o reparacion. La empresa familiar que así siente la filantropía merece el mayor de los respetos y aprecio como es el caso de la Fundación Rafael del Pino.

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