Los anclajes de la felicidad

Me refería en un reciente post a la visita de Arthur Brooks, Presidente del American Enterprise Institute, para impartir una sesión sobre Capitalismo y Felicidad. Voy a glosar ahora algunas de sus ideas respecto a la felicidad en un plano más individual (ya que en el post anterior derivé a cuestiones más sociológicas), y que pueden encontrarse también en este artículo del New York Times y en el siguiente vídeo:

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Decía Arthur Brooks, apoyándose en estudios llevados a cabo por la psicología y la sociología, que el 48% de lo que cada uno entiende por tener una vida feliz viene dado por factores congénitos: aspectos biológicos, de temperamento y carácter, influencias familiares,.. Aun así, no podemos hablar de un “determinismo” de la felicidad, porque todavía hay un 52% que corresponde a otros factores. De esta parte, el 40% se explica por factores coyunturales y circunstanciales, muchas veces ligados a un acontecimiento concreto e irrepetible: vivir en tal o cual sitio, conseguir ese trabajo, hacer realidad ese sueño que habías tenido desde pequeño,… El 12% restante depende de las decisiones que tomamos, y, en buena medida, puede influir también en el 40% anterior, de modo que –bien mirado- está en nuestras manos el grado de felicidad que consigamos en nuestra vida.

Según Brooks, este 12 % se apoya en cuatro factores, que son la clave para conseguir una vida feliz: fe, familia, vida social y trabajo. Los dos primeros aspectos responden a una experiencia generalizada: nadie al final de su vida se arrepiente de haber pasado demasiado tiempo con su familia o de haber tenido una vida espiritual demasiado intensa; más bien lo contrario. También la felicidad tiene una dimensión social muy evidente: es muy difícil ser feliz aislándose uno en sí mismo; tampoco se arrepiente uno de haber pasado demasiado tiempo con los amigos (cosa distinta es que uno llegue a la conclusión de que se ha equivocado de amigos…). Por último, el trabajo, puede ser menos intuitivo. El trabajo entra en la ecuación de la felicidad, no si se entiende como un medio para conseguir dinero, poder, o reconocimiento social, sino como actividad valiosa en sí misma, que contribuye al desarrollo personal de quien la ejerce, y al desarrollo de la sociedad en la que se ejerce. Visto así, el trabajo, la profesión, tiene un sentido vocacional –como también han subrayado recientemente otros autores, como el profesor de Harvard, Rakesh Khurana, o un documento del Pontificio Consejo Justicia y Paz, y que, por cierto, tiene mucho que ver con la misión del IESE y el modo en que entendemos nuestro propio trabajo de formación de directivos. Llevar a cabo un trabajo con sentido contribuye a una vida feliz.

Aristóteles decía que la felicidad consiste en fomentar el conocimiento (Aristóteles tenía una visión un tanto intelectualista de la vida, que le llevaba a poner el ideal de conducta en la contemplación), en tener amigos y en un poco de suerte. Traducido a parámetros actuales, sería muy parecido a lo que nos propone Brooks. Otros autores, como John Finnis o Mortimer Adler, han hecho sus propios elencos de los bienes que componen una vida feliz. Todos estos autores, de una forma u otra, vienen a describir la felicidad como una combinación de distintos aspectos, que hay que saber escoger y combinar adecuadamente.

La felicidad no se puede reducir a una vida placentera. El placer es consecuencia de la felicidad, pero lo que importa no es el placer- que puede obtenerse como consecuencia de una vida feliz, o por otras maneras menos felices-, sino llenar nuestra vida de aquellas cosas que nos hacen felices.

Harvard_puerta

Pensando en como caracterizar una vida feliz, llena de sentido –como la que nos proponía Arthur Brooks-, me viene a la memoria una de las puertas de acceso a la Universidad de Harvard en la que en el dintel de la puerta hay una doble inscripción en piedra, de una frase que se atribuye a Charles S. Eliot, Presidente de esa universidad. En la parte de la entrada se lee: “Enter to Grow in Wisdom”. Del otro lado del dintel, camino de salida, se lee: “Exit to Serve Better Thy Country and Thy Kind”. Crecer en sabiduría, servir a tu país y a tus semejantes. Todo un programa de vida.

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