Como vimos el mes pasado, el conflicto forma parte de la vida y es un elemento intrínseco del proceso de socialización[1]. En el ámbito de la empresa familiar, donde las relaciones familiares coexisten y muchas veces se mezclan con las relaciones profesionales, la gestión del conflicto adquiere mayor relevancia, si cabe, puesto que un conflicto mal resuelto puede poner en peligro la continuidad de la empresa.

Artículo publicado en NewsletterNº 72, Octubre 2011

El primer paso para una correcta gestión del conflicto es un análisis profundo de los motivos que lo han generado. En este artículo analizamos las principales razones que pueden desencadenar en una situación conflictiva en el seno de la empresa familiar. Distinguimos entre el ámbito familiar y el ámbito empresarial para analizar con detalle el rol de las personas en cada uno de estos entornos. No hemos de olvidar que la mayoría de los conflictos en la empresa familiar tienen relación con la posición que la persona ocupa en la familia y con la personalidad de cada miembro de la familia.

Según  la naturaleza de la familia

Según la Real Academia Española, la familia es un grupo de personas emparentadas entre sí. La posición que cada miembro ocupa dentro de este grupo es lo que condiciona las relaciones que se establecen entre ellos. Se pertenece a una familia por el hecho de haber nacido en ella o porque se ha sido aceptado a través de los vínculos de parentesco.

Por lo tanto, en la familia, la pertenencia es estable, pero las funciones de cada miembro van cambiando a lo largo del tiempo, a medida que varía su rol dentro del grupo: pasamos de ser hijos, hermanos y nietos, a ser padres, cuñados, tíos… Cada persona tiene valor por sí misma y por las interacciones que mantiene con el resto de miembros.

Los vínculos que se establecen entre los distintos familiares son de carácter emocional, dando lugar a un complejo entramado de emociones, sentimientos y reacciones que no siempre se rigen por la razón. En este contexto, la comunicación suele ser informal y directa, y acostumbra a darse en encuentros cara a cara.

Según la naturaleza de la empresa

Una empresa es una organización económica creada, formada y desarrollada por personas. Esta organización evoluciona a lo largo del tiempo: puede crecer, venderse y pasar a otros propietarios, integrarse en otra compañía, e incluso llegar a desaparecer, en función de su capacidad para adaptarse al mercado o de las decisiones de la familia propietaria.

Entender cómo se relacionan las personas que dan forma a la empresa dentro de la organización nos ayudará a comprender los conflictos que se pueden derivar de esta interacción.

En una empresa, las personas tienen razón de ser en función de su contribución al éxito del objetivo del grupo. Si se trata de una empresa familiar, la participación de los familiares solo tiene sentido si colaboran en la consecución de los objetivos. Por esta razón, la incorporación de los familiares debería hacerse cuando existe una vacante que se ajusta a la formación, experiencia y necesidades de la persona, y no basarse en el parentesco.

En la empresa, la pertenencia es inestable: se puede formar parte de ella o no, y la relación con ella también es variable y puede cambiar a lo largo del tiempo: nuevos cargos, más responsabilidades, jubilación para dejar paso a las nuevas generaciones…

Las relaciones que se establecen en el ámbito empresarial suelen ser de carácter formal y se rigen por un contrato. Gran parte de la comunicación se transmite a través de canales formalizados, como cartas, boletines…, aunque también existen canales informales: el teléfono, un correo electrónico, una conversación en los pasillos…

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Las relaciones familia-empresa

Como vemos, tanto la familia como la empresa son organizaciones formadas por un grupo de personas, aunque sus funciones son distintas y sus miembros se relacionan en ellas de forma diferente, incluso aunque las personas sean las mismas. Con el tiempo, puede variar la convergencia entre intereses familiares y empresariales, y esta divergencia puede llegar a desembocar en un conflicto.

A los diferentes intereses hay que sumar la simultaneidad de los distintos roles que pueden desempeñar las mismas personas en cada una de las dos organizaciones, la empresa y la familia. Para evitar tensiones, es recomendable que estén bien diferenciados la propiedad, la familia y la empresa.

  Por Josep Tàpies, titular de la Cátedra de Empresa Familiar del IESE


[1] Este artículo se basa en la nota técnica “El conflicto en la empresa familiar”, de Salvador Rus y Josep Tàpies (código), disponible en IESE Publishing (www.iesep.com).

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