Mentiras, mentiras podridas y estadísticas

Se suele decir en inglés que hay “lies, damned lies and statistics” (mentiras, mentiras podridas y estadísticas, en traducción libre mía). La frase se refiere principalmente a que las estadísticas, en general, sólo reflejan la realidad de una manera parcial y a veces desorientadora. Pero en las últimas décadas el mal ha ido mucho más allá: lo que la sabiduría convencional sabía desde hace mucho tiempo, que es que la correlación entre dos variables (es decir, que una y otra suban y bajen más o menos a la vez) no se puede deducir de ninguna manera que una sea la causa de la otra, parece olvidado. Ya hay modelos estadísticos que presumen de ser “causales”. No entro aquí en detalles para no aburrir, pero los que esto dicen muestran una considerable ignorancia de la propia estadística, y no digamos de la filosofía de la ciencia.

Y esto se traslada a la población a veces de manera potencialmente peligrosa. Hace unos días nos encontrábamos esta falacia en un conocido programa futbolístico de radio, donde dan habitualmente alguna recomendación relacionada con la salud y el deporte. Con palabras (relativamente) prudentes, nos decían que dormir demasiado (más de 7 u 8 horas para alguien ya no del todo joven) estaba correlacionado con la probabilidad de un incidente cardiovascular. Sólo “relativamente” prudentes, porque si bien se evitaba la idea de relación causa-efecto, el oyente podía pensar que se trataba precisamente de eso; y por tanto, correr a comprar despertadores para disminuir el riesgo de dichos incidentes.

Claro, eso sería una buena cosa si fuera el caso de que, durmiendo, el cuerpo tuviera una reacción (no sé cuál podría ser) que hiciera más débil el corazón o los vasos circulatorios. Entonces, durmiendo los debilitaríamos y podríamos causar un incidente posiblemente grave. Pero esta interpretación ingenua de los resultados puede conducir a errores importantes. Un “factor de riesgo” no es lo mismo que una “causa”. De hecho, en relación a nuestra historia de la radio, la cuña había empezado diciendo que los futbolistas, tras un esfuerzo fuerte como el de un partido, tienen necesidad de dormir más, que así se oxigenan, se les rehacen las defensas y les baja la presión arterial. No parecía, por lo que decían, que esto tuviera contraindicaciones.

Imaginemos ahora que una persona está en general débil de por sí, y que tiene un corazón también debilitado. Por el mismo razonamiento que el de los futbolistas, parecería que esta persona debería dormir más para rehacerse, no de un partido de fútbol, sino del cansancio diario normal; y que si no lo hace, esto lo puede debilitar más, hacerle subir la presión arterial y hacer más probable un incidente cardiovascular. Entonces, si le hacemos comprar un despertador para no dormir más de 7 horas ¡le podemos matar!

La verdad es que en este caso concreto, mucha gente no hará ni caso. Todos tendemos a hacer lo que nos parece que nos va bien, y si el médico no nos dice directamente lo contrario no compraremos despertadores para no dormir más de la cuenta. Pero hay que tener en cuenta, porque puede haber algún crédulo que sí lo haga, y el resultado sea fatal.

Confieso que no sé nada de medicina, y que, por tanto, no conozco los estudios profundos que se pueden haber hecho sobre el tema. Por tanto, no daría ninguna recomendación. Pero las estadísticas, que son muy útiles en general, sólo las deben interpretar los que saben interpretarlas. El público en general, no tiene ni idea. Sólo tiene la idea de sentido común (afortunadamente) de que a menudo le enmarañan con estadísticas. Y sí, lo hacen. Mejor tomárselas siempre con un grano de sal …

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