{"id":1452,"date":"2011-12-10T11:23:52","date_gmt":"2011-12-10T10:23:52","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/?p=1452"},"modified":"2011-12-10T11:23:52","modified_gmt":"2011-12-10T10:23:52","slug":"%c2%a1oh-la-fuerza-de-voluntad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/2011\/12\/10\/%c2%a1oh-la-fuerza-de-voluntad\/","title":{"rendered":"\u00a1Oh, la fuerza de voluntad!"},"content":{"rendered":"<p>Si tienen hijos peque\u00f1os, les recomiendo un art\u00edculo del <em>National Post<\/em> norteamericano titulado \u00abThe marshmallow principle\u00bb, que se podr\u00eda traducir por \u00abEl principio malvavisco\u00bb (en ingl\u00e9s, <a href=\"http:\/\/www.nationalpost.com\/news\/marshmallow+principle\/5787154\/story.html\" target=\"_blank\">aqui<\/a>). Lo de <strong>malvavisco<\/strong> no me dec\u00eda nada, m\u00e1s all\u00e1 de ser una planta de la familia de las malv\u00e1ceas, pero parece que su ra\u00edz se usaba para hacer unos dulces esponjosos. Qued\u00e9monos con la idea de que a los ni\u00f1os les encantan esos dulces, aunque ahora se fabriquen con otros productos.<\/p>\n<p>Los autores del art\u00edculo cuentan un experimento de hace ya unas d\u00e9cadas. Pon\u00edan a un ni\u00f1o de unos cuatro a\u00f1os en una habitaci\u00f3n, con una mesa en la que hab\u00eda un malvavisco. Era un regalo para el ni\u00f1o. Pero le a\u00f1ad\u00edan una propuesta: si el ni\u00f1o esperaba pacientemente a que el instructor regresase, recibir\u00eda dos en vez de uno. Como es l\u00f3gico, algunos ni\u00f1os se comieron el dulce en cuanto sali\u00f3 el instructor, otros aguantaron unos minutos, y otros esperaron hasta el final del experimento.<\/p>\n<p>Al cabo de un tiempo, uno de los investigadores que mont\u00f3 el experimento se dio cuenta de que sus hijas asist\u00edan a clase en la misma escuela de la Universidad de Stanford donde se hizo el experimento original. Yempez\u00f3 a recoger informaci\u00f3n sobre la conducta de aquellos ni\u00f1os, ahora ya mayores. Encontr\u00f3 que los que hab\u00edan mostrado m\u00e1s <strong>fuerza de voluntad<\/strong> tenian mejores <strong>resultados acad\u00e9micos<\/strong>, eran <strong>mejor valorados <\/strong>por sus colegas y maestros, acabaron recibiendo <strong>mayores salarios<\/strong>, no estaban tan gordos (a pesar de que comieron dos dulces en vez de uno) y no ten\u00edan tanto problema con las drogas.<\/p>\n<p>Esas conclusiones iban contra la psicolog\u00eda vigente, que supon\u00eda que la conducta de los ni\u00f1os no ten\u00eda relaci\u00f3n alguna con sus resultados como adultos. Ahora bien, \u00bfc\u00f3mo se consigue la fuerza de voluntad? Claramente, por la pr\u00e1ctica. La conclusi\u00f3n: \u00abel fracaso de la capacidad de <strong>autocontrol<\/strong> es la mayor patolog\u00eda social de nuestro tiempo\u00bb, como muestran los indicadores de violencia dom\u00e9stica, divorcio, crimen y otros muchos problemas. Y otra conclusi\u00f3n: los padres deber\u00edan desarrollar en sus hijos la capacidad de autocontrolarse. Es m\u00e1s f\u00e1cil dejarles hacer lo que quieran. Pero dentro de unos a\u00f1os, ellos agradecer\u00e1n haber desarrollado su fuerza de voluntad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si tienen hijos peque\u00f1os, les recomiendo un art\u00edculo del National Post norteamericano titulado \u00abThe marshmallow principle\u00bb, que se podr\u00eda traducir por \u00abEl principio malvavisco\u00bb (en ingl\u00e9s, aqui). 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