{"id":2910,"date":"2012-09-03T10:21:33","date_gmt":"2012-09-03T09:21:33","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/?p=2910"},"modified":"2012-09-03T10:21:33","modified_gmt":"2012-09-03T09:21:33","slug":"los-norteamericanos-ya-no-son-lo-que-eran","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/2012\/09\/03\/los-norteamericanos-ya-no-son-lo-que-eran\/","title":{"rendered":"Los norteamericanos ya no son lo que eran"},"content":{"rendered":"<p>A trav\u00e9s del blog de Greg Mankiw, llego al conocimiento de un art\u00edculo de Nicholas Eberstadt en el <em>Wall Street Journal<\/em> del pasado viernes (<a href=\"http:\/\/online.wsj.com\/article\/SB10000872396390444914904577619671931313542.html?mod=WSJ_LifeStyle_Lifestyle_5\" target=\"_blank\">aqu\u00ed<\/a>, en ingl\u00e9s). Lo de que los <strong>norteamericanos<\/strong> ya no son lo que eran se refiere al contenido de ese art\u00edculo, que explica c\u00f3mo la sociedad norteamericana ha ido cambiando su manera de entender el <strong>Estado del bienestar<\/strong> y los llamados <strong>derechos sociales<\/strong>. En sus or\u00edgenes, un pa\u00eds joven, lleno de recursos y de oportunidades no quer\u00eda oir hablar del Estado del bienestar (que, por otro lado, entonces no exist\u00eda); la idea de que alguien viviese de la caridad, privada o p\u00fablica, no cuadraba con la mentalidad norteamericana.<\/p>\n<p>Todo esto ha ido cambiando. La frontera lleg\u00f3 al Pac\u00edfico. Las oportunidades de disfrutar de un buen nivel de vida contando solo con el esfuerzo y los medios privados se mantuvieron altas. Pero, poco a poco, la idea de que \u00abtengo derecho a\u00bb una generosa pensi\u00f3n, una asistencia sanitaria suficiente, una ayuda en caso de desgracia familiar,&#8230; fue cuajando. El art\u00edculo de Eberstadt da algunas cifras. Lo que a este lado del Atl\u00e1ntico llamamos el Estado del bienestar ha crecido un 727% en cincuenta a\u00f1os, corregido por la inflaci\u00f3n; o sea, un 4% m\u00e1s cada a\u00f1o. La administraci\u00f3n federal gasta ahora dos terceras partes de su presupuesto en estas partidas. Y, concluye, la sociedad estadounidense est\u00e1 a punto de cruzar una frontera que hace pocos a\u00f1os era impensable: aquella en la que en la mitad de las familias del pa\u00eds hay al menos una persona que recibe <strong>transferencias sociales<\/strong> del gobierno. Se explica as\u00ed, dice el autor, que la resistencia al crecimiento del Estado del bienestar sea cada vez m\u00e1s d\u00e9bil.<\/p>\n<p>\u00abCon su pan se lo coman\u00bb, me dice el lector. Es su problema, no el nuestro. Bueno, nosotros les hemos precedido en ese camino. Pero, \u00bfpor qu\u00e9 nos preocupa?<\/p>\n<p>Eberstadt dice que el problema va a ser, cada vez m\u00e1s, c\u00f3mo <strong>financiar<\/strong> ese gasto. De hecho, la explosi\u00f3n de la <strong>deuda p\u00fablica<\/strong> norteamericana (y europea, y espa\u00f1ola) es la consecuencia inmediata de aquella tendencia. Esto tiene, al menos, tres dimensiones. 1) El crecimiento de los gastos sociales no genera <strong>nueva riqueza<\/strong>, de modo que nos encontramos con una sociedad que acaba gastando m\u00e1s de lo que produce, y eso es insostenible. 2) En Estados Unidos esto es menos urgente, porque han encontrado la manera de que les financien otros (los chinos, los productores de petr\u00f3leo,&#8230;). A nosotros ya se nos ha acabado este chollo. 3) Lo que acabo de decir traslada el problema al plano mundial. El exceso de gasto significa, a la larga, una <strong>transferencia de recursos<\/strong> hacia los ciudadanos de <strong>otros pa\u00edses<\/strong>. Dentro de pocas d\u00e9cadas, un porcentaje creciente de nuestra capacidad productiva, de nuestra riqueza, estar\u00e1 en manos de extranjeros, a cambio de pagar nuestras pensiones y nuestra sanidad de entonces, o la deuda en la que hemos incurrido ahora. Y, por tanto, cada vez ser\u00e1 menos una cuesti\u00f3n de \u00abcon su pan se lo coman\u00bb los deudores, porque los acreedores querr\u00e1n tener algo que decir. \u00abVamos a discutir, nos dir\u00e1n, con qu\u00e9 pan se lo van a comer ustedes, a qu\u00e9 precio, y con qu\u00e9 condiciones\u00bb.<\/p>\n<p>Es l\u00f3gico que la gente se olvide de las consecuencias macroecon\u00f3micas de sus decisiones, sobre todo cuando se acerca a la edad de la jubilaci\u00f3n. \u00abA m\u00ed, deme una buena pensi\u00f3n, o una sanidad eficiente, y ya est\u00e1. Tengo derecho a ello, \u00bfno?\u00bb. Pero alguien tiene que pensar en el largo plazo.<\/p>\n<p>No tengo respuestas. Una la pueden dar los economistas: \u00bfc\u00f3mo ser\u00e1 el reparto de los recursos en el futuro? Otra la dar\u00e1n los fil\u00f3sofos: \u00bfqu\u00e9 concepci\u00f3n del\u00a0ser humano tenemos, que nos lleva a esas conductas que al menos parecen insostenibles? Y la tercera la tendremos que pensar\u00a0unos y otros: \u00bfhab\u00eda que cambiar los <strong>incentivos<\/strong> que nos mueven? Porque est\u00e1 claro que\u00a0los que tenemos ahora no nos llevan a la sostenibilidad, sobre todo en una\u00a0econom\u00eda global.\u00a0A Eberstadt le preocupa ese camino hacia la no sostenibilidad,\u00a0\u00abpero, dice, hay otra posibilidad a\u00fan m\u00e1s terror\u00edfica: que\u00a0el camino actual sea sostenible durante m\u00e1s tiempo del que imaginamos\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A trav\u00e9s del blog de Greg Mankiw, llego al conocimiento de un art\u00edculo de Nicholas Eberstadt en el Wall Street Journal del pasado viernes (aqu\u00ed, en ingl\u00e9s). 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