{"id":5064,"date":"2013-12-23T11:15:26","date_gmt":"2013-12-23T10:15:26","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/?p=5064"},"modified":"2013-12-23T11:15:26","modified_gmt":"2013-12-23T10:15:26","slug":"en-la-navidad-toca-hablar-de-felicidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/2013\/12\/23\/en-la-navidad-toca-hablar-de-felicidad\/","title":{"rendered":"En la Navidad toca hablar de felicidad"},"content":{"rendered":"<p>En la Navidad toca hablar de felicidad. No de <strong>la felicidad que se propone como indicador<\/strong> para sustituir al <strong>producto interior bruto<\/strong> (PIB). Sobre el PIB tenemos sentimientos encontrados. De un lado, parece bueno que se proponga sustituir un indicador puramente econ\u00f3mico (el valor de la producci\u00f3n final de bienes y servicios de un pa\u00eds, a precios de mercado, en un periodo determinado, que es, m\u00e1s o menos, la definici\u00f3n del PIB) por otro m\u00e1s amplio, que incluya otras cosas. Si lo que nos interesa es calcular el valor de la producci\u00f3n final etc., bien est\u00e1 el PIB, pero si queremos utilizarlo como gu\u00eda (\u00fanica o, al menos. dominante) de nuestras pol\u00edticas econ\u00f3micas, estamos cometiendo un error. Y acabamos donde siempre: <strong>el PIB sirve para lo que sirve, y si se usa para otra cosa, produce efectos colaterales que pueden ser nocivos<\/strong>. Ya lo sab\u00edamos, pero la claridad de ideas no es moneda de uso corriente en la pol\u00edtica y en los medios de comunicaci\u00f3n. O sea que&#8230; \u00a1bien por la felicidad!<\/p>\n<p>Claro que tampoco es la panacea de nuestros problemas. Es de sobra conocido que <strong>un indicador que se calcula mediante encuesta<\/strong> est\u00e1 sujeto a numerosos problemas, incluida la manipulaci\u00f3n. Y tampoco est\u00e1 claro lo que calculamos cuando hablamos de felicidad, m\u00e1s all\u00e1 de una impresi\u00f3n subjetiva. M\u00e1s a\u00fan: si\u00e9ntense en el sill\u00f3n del presidente del gobierno, y tomen decisiones sobre las pol\u00edticas que van a influir en el aumento del \u00edndice de felicidad de su pa\u00eds en los pr\u00f3ximos cuatro a\u00f1os: \u00bfc\u00f3mo se gestiona esto?<\/p>\n<p>En la Navidad<strong> toca hablar de felicidad, pero de la de verdad<\/strong>. Mejor dicho: no hablamos de ella, sino que <strong>la deseamos a los dem\u00e1s.<\/strong> No, no se la puedo garantizar a usted. Ni siquiere usted se la puede proporcionar a s\u00ed mismo: los fil\u00f3sofos dicen que cuando uno se propone como objetivo de sus acciones ser feliz, no lo consigue: no lo puede conseguir, porque la felicidad no es la consecuencia de unas acciones concretas, y las acciones que hoy parece que nos van a dar la felicidad se convierten f\u00e1cilmente en un problema (despu\u00e9s de la buena comida viene la digesti\u00f3n pesada).<\/p>\n<p>Pero, eso s\u00ed, se la deseo de todo coraz\u00f3n. Y le recomiendo que la desee tambi\u00e9n a los dem\u00e1s. <strong>Por eso les hacemos regalos en esos d\u00edas: son una prueba externa, f\u00edsica, de que les queremos<\/strong>. Pero aqu\u00ed podemos incurrir en el error se\u00f1alado antes: pensar que los regalos les har\u00e1n felices. Las cosas materiales no nos pueden hacer felices; pueden, a lo m\u00e1s, darnos un rato de alegr\u00eda, consuelo o disfrute, pero nada m\u00e1s. En cambio,<strong> saber que alguien nos quiere hasta el punto de hacernos un regalo s\u00ed se una buena contribuci\u00f3n a nuestra felicidad<\/strong> porque, como dec\u00eda Arist\u00f3teles, la amistad, el amor, es algo absolutamente necesario para todos.<\/p>\n<p>Y esto nos lleva al origen de estas fiestas, que muchos ignoran hoy, entre la bara\u00fanda de centros comerciales repletos de cosas para comprar, de luces y de pap\u00e1s noel.\u00a0Todo viene del <strong>nacimiento de un Ni\u00f1o que es Dios,<\/strong> que es lo que las ra\u00edces cristianas de nuestra cultura recuerdan en la Navidad. Un gran regalo, de Alguien que nos quiere, hasta el punto de bajar a vivir con nosotros, de ser unos de los nuestros, para compartir nuestra vida.<strong> La Navidad es el recuerdo de que Dios nos ama;<\/strong> como dijo san Juan, \u00abDios es amor\u00bb. As\u00ed de claro. Y quiere compartir nuestra vida para que nosotros compartamos la suya. Un cambio de dimensi\u00f3n: mis acciones pueden ser, son, acciones de Dios. M\u00e1s all\u00e1 de la cultura del consumo,<strong> la Navidad nos recuerda que nuestra vida puede tener otra dimensi\u00f3n<\/strong> que, adem\u00e1s, no se acaba cuando pase el empacho del turr\u00f3n y los dulces, ni siquiera cuando se acabe nuestra vida. Vaya: parece que esta idea de la felicidad tiene, efectivamente, una duraci\u00f3n indefinida, infinita. Y esa esperanza, claro, tiene mucho que ver con la verdadera felicidad.<\/p>\n<p>Por eso, deseo a mis lectores toda la felicidad que la Navidad nos trae. <strong>La peque\u00f1a felicidad de un d\u00eda de fiesta, la Felicidad con may\u00fascula de ser amados por los que est\u00e1n a nuestro lado, y al FELICIDAD gorda, poderosa, infinita, de un Dios que nos ama como solo El sabe hacerlo: compartiendo su vida con nosotros.\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la Navidad toca hablar de felicidad. 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