{"id":5945,"date":"2015-09-12T09:48:07","date_gmt":"2015-09-12T08:48:07","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/?p=5945"},"modified":"2015-09-12T09:49:46","modified_gmt":"2015-09-12T08:49:46","slug":"empresas-sociales-y-beneficios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/2015\/09\/12\/empresas-sociales-y-beneficios\/","title":{"rendered":"Empresas sociales y beneficios"},"content":{"rendered":"<p>Mi colega del <strong>IESE<\/strong> Alberto Fern\u00e1ndez Terricabras escribi\u00f3 hace d\u00edas (el 3 de septiembre, para ser m\u00e1s concreto)\u00a0un art\u00edculo breve en La Vanguardia, titulado<strong> \u00abImpacto social y rentabilidad\u00bb,<\/strong> que en su momento no coment\u00e9, aunque me propuse hacerlo. Estos d\u00edas estoy preparando una sesi\u00f3n que tengo que dar dentro de poco de <strong>una empresa social muy conocida, KIVA<\/strong>, que ha generado una platxaforma en internet para buscar financiaci\u00f3n para iniciativas emprendedoras en todo el mundo, a trav\u00e9s de empresas microfinancieras a las que proporciona fondos.<\/p>\n<p>De modo que me he puesto a leer cosas sobre esa empresa. Y, claro, me he encontrado con<strong> las cr\u00edticas habituales en este caso: si no es suficientemente transparente, si puede estar alentando comportamiento menos \u00e9ticos de\u00a0esas instituciones\u00a0microfinancieras&#8230;<\/strong> Hay\u00a0varias maneras de juzgar esas cr\u00edticas: realismo, ganas de ayudar para que la empresa no cometa errores&#8230; envidia, necesidad de presentarse a uno mismo como persona inteligente y cr\u00edtica&#8230; o la ya conocida <strong>pol\u00e9mica sobre si las empresas sociales pueden tener beneficios o no<\/strong>.<\/p>\n<p>Mi colega Fern\u00e1ndez Terricabras explica en su art\u00edculo que <strong>es l\u00f3gico que una empresa social tenga beneficios. Yo a\u00f1adir\u00eda que debe tenerlos.<\/strong> El beneficio no es un robo, como dec\u00eda Marx, fruto de la explotaci\u00f3n de los trabajadores; cumple funciones importantes. En principio, <strong>no debe confundirse con la remuneraci\u00f3n de los capitalistas<\/strong>: en econom\u00eda solemos decir que en las decisiones empresariales hay que tener en cuenta el coste de oportunidad de los fondos, es decir, lo que el capital de la empresa producir\u00eda en otro uso; por tanto, eso sale de los beneficios porque los calculamos como diferencia entre los ingresos y todos los costes menos el de esos fondos, pero eso no es beneficio propiamente dicho. Y un beneficio generoso <strong>atraer\u00e1 m\u00e1s inversiones, algo que siempre hace falta en una empresa social<\/strong>.<\/p>\n<p><strong>El beneficio permite la financiaci\u00f3n del crecimiento de la empresa<\/strong>: como se\u00f1ala Fern\u00e1ndez Terricabras, la renuncia al beneficio hace a las empresas sociales cortas de mira, peque\u00f1as, incapaces de crecer y de innovar&#8230; En el fondo, <strong>renunciar al beneficio supone perder de vista la dimensi\u00f3n empresarial de la empresa social. <\/strong>Hay muchas empresas sociales, muy sociales, y muy buenas empresas. Como explica mi colega en su art\u00edculo,\u00a0\u00ab<strong>la clave\u00a0para ser social no est\u00e1 en generar o no beneficios, sino en el uso de \u00e9stos\u00bb<\/strong>.<\/p>\n<p>Pero,<strong> \u00bfno es l\u00edcito que la empresa social se base fundamentalmente en aportaciones externas, en donaciones?<\/strong> S\u00ed, claro: esto forma de la libertad de iniciativa. Pero, ya lo he dicho, pone en riesgo el crecimiento, y tambi\u00e9n<strong> la autonom\u00eda de la empresa social,<\/strong> porque depender siempre de donaciones significa estar pendiente de la aprobaci\u00f3n social de su proyecto, y tener que ceder a veces a las preferencias de los grandes donantes, o de la Administraci\u00f3n p\u00fablica, cuando se convierte en la vaca lechera de la que vive la empresa social, o de las veleidades de los peque\u00f1os donantes, que pueden sentirse atra\u00eddos por otros proyectos. <strong>Lo mismo pasa en las empresas de negocios, cuando su\u00a0orientaci\u00f3n depende del humor de los inversores o de los avatares de la bolsa<\/strong>.<\/p>\n<p><strong>El excedente que criticaba Marx se produce siempre. Otra cosa es qui\u00e9n se lo lleva<\/strong>. En empresas mal gestionadas, se lo llevan los sindicatos, el absentismo laboral o las prebendas de los directivos: contablemente no hay beneficios, pero los hab\u00eda. En las empresas sociales, este riesgo existe tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Vuelvo a <strong>KIVA<\/strong>: su fundador dec\u00eda hace unos a\u00f1os que <strong>deb\u00edan considerar seriamente si pagaban intereses a\u00a0sus financiadores.\u00a0<\/strong>Ahora, si\u00a0usted entra en su web, encontrar\u00e1 una serie de proyectos que reclaman su atenci\u00f3n; usted puede elegir uno y enviar un m\u00ednimo de 25 d\u00f3lares; al final del periodo de la inversi\u00f3n (habitualmente un a\u00f1o), usted recibir\u00e1 esos mismos 25 d\u00f3lares, sin intereses, porque\u00a0su aportaci\u00f3n tiene un contenido social. Matt Flannery, que as\u00ed se llama el co-fundador de KIVA, alegaba que esto pod\u00eda tener ventajas. Ahora los prestamistas dan su dinero\u00a0viendo\u00a0un video breve sobre el\u00a0emprendedor que pide el dinero y su proyecto. Pero\u00a0<strong>si\u00a0entienden su operaci\u00f3n como no solo altruista, sino tambi\u00e9n financiera, se fijar\u00e1n probablemente en otras dimensiones,<\/strong> como la duraci\u00f3n del proyecto\u00a0y su sostenibilidad econ\u00f3mica. Flannery explica que un proyecto de peque\u00f1a agricultura llevado por mujeres en \u00c1frica se financia en unas horas, pero que la financiaci\u00f3n de la\u00a0compra de un taxi en una ciudad pobre de Asia tarda meses en completarse. Y no hay motivos para pensar que este \u00faltimo proyecto es menos social que el primero.<\/p>\n<p>Flannery da otro argumento. Si usted presta 25 d\u00f3lares a alguien, que le pagar\u00e1 un 1% de inter\u00e9s al a\u00f1o, usted ve esto como una operaci\u00f3n comercial; poco rentable, claro, porque es tambi\u00e9n una operaci\u00f3n solidaria. Entonces, <strong>la otra parte ya no es alguien a quien usted da limosna, aunque tenga la forma de un pr\u00e9stamo<\/strong>, sino alguien que va a hacer algo rentable, que va a ganarse la vida con su actividad, que va a scar adelante a su familia y a su aldea.<\/p>\n<p>A menudo me alegro de poder<strong> aportar algo de racionalidad econ\u00f3mica al mundo de la acci\u00f3n social.<\/strong> Esa racionalidad est\u00e1 mal vista, cuando se identifica con ganar dinero como sea y a costa de lo que sea. Pero esa no es la racionalidad econ\u00f3mica. Me parece que es bueno que nos tomemos en serio esa manera de pensar que, <strong>no por ser racional, es menos social.<\/strong> Las dudas sobre el beneficio en las empresas sociales pueden proceder de prejuicios. O de la generalizaci\u00f3n a algunas experiencias negativas.\u00a0Hemos de seguir reflexionando.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Los Comentarios de la C\u00e1tedra son breves art\u00edculos que desarrollan, sin grandes pretensiones acad\u00e9micas, alg\u00fan tema de inter\u00e9s y actualidad sobre Responsabilidad Social de las Empresas.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi colega del IESE Alberto Fern\u00e1ndez Terricabras escribi\u00f3 hace d\u00edas (el 3 de septiembre, para ser m\u00e1s concreto)\u00a0un art\u00edculo breve en La Vanguardia, titulado \u00abImpacto social y rentabilidad\u00bb, que en su momento no coment\u00e9, aunque me propuse hacerlo. 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