{"id":6241,"date":"2016-04-29T12:17:55","date_gmt":"2016-04-29T11:17:55","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/?p=6241"},"modified":"2020-06-11T15:07:21","modified_gmt":"2020-06-11T14:07:21","slug":"la-revolucion-de-la-filantropia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/2016\/04\/29\/la-revolucion-de-la-filantropia\/","title":{"rendered":"La revoluci\u00f3n de la filantrop\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><strong>Jeremy Beer<\/strong> public\u00f3 el a\u00f1o pasado un libro titulado <strong>\u00abThe Philanthropic Revolution: An Alternative History of American Charity\u00bb.<\/strong> Es un intento de dar raz\u00f3n de el <strong>gigantesco movimiento filantr\u00f3pico<\/strong> que vemos en Estados Unidos, y en otros pa\u00edses, tambi\u00e9n en el nuestro. Para mucha gente, atender a las necesidades de los dem\u00e1s es <strong>pagar impuestos y dejar que el Estado se haga cargo de los problemas<\/strong>. Beer hace notar que la motivaci\u00f3n del Estado no suele ser solo altruista, sino que busca otros intereses. Y da cada vez m\u00e1s peso al Estado, a costa de nuestra libertad y nuestra autonom\u00eda. En el fondo, hace notar Beer, <strong>es el mismo argumento del comunismo: \u00bfpara qu\u00e9 confiar en el libre mercado, si el Estado lo puede hacer tan bien o mejor?\u00a0<\/strong>Bueno, pero ese argumento se ha mostrado falso.<\/p>\n<p>Beer cita a <strong>Andrew Carnegie<\/strong>, el famoso fil\u00e1ntropo americano, que dio lo que ahora vendr\u00edan a ser ocho mi millones de d\u00f3lares para proyectos que inclu\u00edan la construcci\u00f3n de casi 3.000 bibliotecas, adem\u00e1s de pensiones para trabajadores de la industria sider\u00fargica y otros muchos usos: \u00abuno de los serios obst\u00e1culos a la mejora de nuestra raza es<strong> la caridad indiscriminada<\/strong>. Ser\u00eda mejor para la humanidad que los millones de los ricos fueran arrojados al mar que <strong>gastarlos en los perezosos, los borrachos y los in\u00fatiles.<\/strong> Es probable que, de cada mil d\u00f3lares gastados en lo que llamamos caridad, novecientos noventa y cinco d\u00f3lares se desperdicien, o incluso se gasten en provocar los mismos males que traten de curar\u00bb. Hayek recordar\u00eda probablemente a Carnegie que<strong> el conocimiento de las necesidades de las personas no puede estar en la cabeza de un planificador central, tanto si hablamos de necesidades econ\u00f3micas (pan, coches, casas, diversiones) como de las necesidades b\u00e1sicas de los m\u00e1s necesitados.<\/strong> Pero no cabe duda de que Carnegie hubiese sido un magn\u00edfico planificador central, porque \u00e9l s\u00ed que afirmaba que conoc\u00eda lo que necesitaban los desfavorecidos. Y, como hace notar Beer, en aquella \u00e9poca, la filantrop\u00eda iba acompa\u00f1ada, frecuentemente, de un modo alternativo de solucionar la pobreza: la eugenesia y la esterilizaci\u00f3n forzada de los que se consideraba que no eran aptos por razones gen\u00e9ticas.<\/p>\n<p>Beer se\u00f1ala que, detr\u00e1s de muchos de los grandes proyectos filantr\u00f3picos, hay <strong>una cr\u00edtica, a menudo no velada, a la caridad tradicional, de origen religioso<\/strong>, a la que se suele calificar de \u00abirracional, desperdiciadora, mezquina y pol\u00edticamente retr\u00f3gada\u00bb. Beer hace notar que<strong> una persona en apuros no necesita s\u00f3lo que alguien le d\u00e9 dinero o medicinas, sino que le devuelva la esperanza.<\/strong> La verdadera caridad no es un modo unidireccional de dar, que empieza en la \u00e9lite benigna pero remota y a menudo condescendiente, dice, y que se dirige a los que la \u00e9lite califica de necesitados; es<strong> un intercambio mutuo entre personas con igual dignidad.<\/strong> El benefactor da ayuda financiera, pero tambi\u00e9n una sonrisa generosa, tiempo, comprensi\u00f3n, una parte de s\u00ed mismo, y el receptor se lo devuelve con su aprecio y, en aquella filantrop\u00eda de origen religioso, pidiendo por el donante, algo que, de alguna manera, pone al beneficiario en condiciones de dar algo que considera de valor a su benefactor.<\/p>\n<p>Por supuesto que <strong>la caridad debe procurar satisfacer necesidades reales, y dirigirse hacia los problemas m\u00e1s graves.<\/strong> Pero siempre teniendo en cuenta que <strong>no tenemos la capacidad del planificador central para saber qu\u00e9 es lo que necesita la humanidad, ni siquiera qu\u00e9 es lo que necesita la persona a la que vamos a ayudar.<\/strong> <strong>Eficiencia, s\u00ed, pero no solo eficiencia econ\u00f3mica,<\/strong> porque tratamos con seres humanos. Y no menospreciemos nunca a los que dan lo que pueden, quiz\u00e1s unos c\u00e9ntimos, para devolver la sonrisa al necesitado.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.iese.edu\/es\/claustro-investigacion\/claustro\/antonio-argandona\/\">Antonio Argando\u00f1a<\/a>\u00a0es Profesor Em\u00e9rito de\u00a0<a href=\"https:\/\/www.iese.edu\/es\/claustro-investigacion\/departamentos-academicos\/economia\/\">Econom\u00eda<\/a>\u00a0del\u00a0<a href=\"https:\/\/www.iese.edu\/es\/\">IESE<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jeremy Beer public\u00f3 el a\u00f1o pasado un libro titulado \u00abThe Philanthropic Revolution: An Alternative History of American Charity\u00bb. Es un intento de dar raz\u00f3n de el gigantesco movimiento filantr\u00f3pico que vemos en Estados Unidos, y en otros pa\u00edses, tambi\u00e9n en el nuestro. 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