{"id":6757,"date":"2017-06-04T11:40:38","date_gmt":"2017-06-04T10:40:38","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/?p=6757"},"modified":"2017-06-02T19:17:14","modified_gmt":"2017-06-02T18:17:14","slug":"a-que-grupo-pertenezco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/2017\/06\/04\/a-que-grupo-pertenezco\/","title":{"rendered":"\u00bfA qu\u00e9 grupo pertenezco?"},"content":{"rendered":"<p><strong>El Peri\u00f3dico<\/strong> public\u00f3 hace unos d\u00edas una larga entrevista a <strong>Sherry Turkle<\/strong>, a quien no conoc\u00eda, a prop\u00f3sito de un libro publicado recientemente en Espa\u00f1a, titulado <strong>\u00abEn defensa de la conversaci\u00f3n\u00bb.<\/strong> S\u00ed se\u00f1or: es un argumento en favor de hablar con los dem\u00e1s, de perder el tiempo con ellos, de guardar largos ratos el m\u00f3vil o el ordenador o la tablet para mirar a los ojos a otro, preguntarle y dejarse preguntar.<\/p>\n<p>Me gustaron particularmente algunas de sus ideas. <strong>\u00abpodemos escoger a qui\u00e9n seguimos en las redes sociales,<\/strong> optamos por las personas que siguen nuestra ideolog\u00eda <strong>y paulatinamente nuestro mundo pierde matices, nos exponemos menos a la disensi\u00f3n y a opiniones distintas<\/strong>. Eso, por un lado, <strong>reduce nuestra capacidad para el debate,<\/strong> para el intercambio de ideas; y por otra, genera situaciones de sorpresa cuando nuestra opini\u00f3n (pol\u00edtica, por ejemplo) resulta ser la perdedora, pues al estar rodeados de personas con nuestra misma actitud <strong>creemos que todo el mundo es as\u00ed<\/strong>\u00ab. Todos podemos citar docenas de ejemplos de esto, empezando, al menos en mi caso, por m\u00ed mismo. Y, claro, cerrarse a las ideas de los dem\u00e1s <strong>nos empobrece intelectualmente<\/strong> y, lo que es peor, nos impiden entender lo que ellos piensan y por qu\u00e9 lo piensan. Y, claro, decimos que son esto o lo otro, que est\u00e1n profundamente equivocados y cosas por el estilo. Y los primeros perjudicados somos nosotros.<\/p>\n<p>Es algo que ya hab\u00eda le\u00eddo unos d\u00edas antes en el <strong>Financial Times<\/strong>, en una colaboraci\u00f3n de <strong>David Goodhart<\/strong>, a quien tampoco conoc\u00eda, titulada <strong>\u00abWhy I left my liberal London tribe\u00bb<\/strong>: m\u00e1s elaborado, pero, de nuevo, se\u00f1alando no el fallo de los otros, sino el de uno mismo: el propia Goodhart, en este caso. Presenta dos grupos de personas, uno, <strong>los m\u00e1s educados, m\u00e1s viajados, m\u00e1s le\u00eddos, liberales<\/strong> (en el sentido americano, o sea, m\u00e1s bien socialdem\u00f3cratas), y otro, los que no re\u00fanen esas caracter\u00edsticas, con un amplio n\u00famero de ciudadanos entre ambos extremos.<\/p>\n<p>Lo importante, de nuevo, es que unos y otros <strong>nos aislamos en nuestras ideas,<\/strong> no leemos a los otros, no queremos saber de ellos, si no es para burlarnos o incluso para insultarlos. Es l\u00f3gico: prestar atenci\u00f3n al que piensa distinto de nosotros nos causa desasosiego, si no repugnancia, de modo que creamos <strong>barreras defensivas<\/strong>. Y nuestra vida diaria no hace sino reforzar esas actitudes. Y, dice Goodhart, cuando la sociedad ha entrado en batallas sobre seguridad e identidad, <strong>se ha ampliado la brecha entre esas dos concepciones<\/strong>. Lo relevante aqu\u00ed no es el desempleo, la desigualdad de la renta o la inseguridad econ\u00f3mica, sino el alejamiento de las ideas, y el bloqueo que nos lleva a olvidar al que piensa distinto, e incluso a odiarlo.<\/p>\n<p>Goodhart se\u00f1ala algunos caracteres de su tribu liberal, acomodada, educado, como la tendencia a sufrir m\u00e1s por algo que pasa en otro continente que por la suerte de las personas que viven en el barrio de al lado, la incomprensi\u00f3n de los sentimientos religiosos o nacionales y el desd\u00e9n por la gente \u00abordinaria\u00bb. Hablando de la narrativa de su tribu, Goodhart se\u00f1ala que la igualdad de raza y g\u00e9nero, por ejemplo, no llega a la igualdad de todos los seres humanos, con el consiguiente deber de preocuparnos por todos ellos.<\/p>\n<p>Su conclusi\u00f3n, a ra\u00edz de lo que podemos llamar su \u00abconversi\u00f3n\u00bb, es que <strong>hay otro liberalismo, maduro y emocionalmente inteligente, \u00abque ve que existe realmente una sociedad\u00bb,<\/strong> no solo una masa amorfa de individuos, sociedad \u00abque <strong>funciona bien sobre la base de h\u00e1bitos de cooperaci\u00f3n y confianza y de lazos de lengua, historia y cultura<\/strong>. Y lo que \u00e9l dice de sus correligionarios liberales, vale tambi\u00e9n, me parece, para otros grupos ideol\u00f3gicos y pol\u00edticos.<\/p>\n<p>Mi moraleja es que necesitamos volver a entendernos, a hablar, a dialogar, a reducir las barreras, a hacer esfuerzos positivos <strong>para entender al otro, para imaginarnos por qu\u00e9 piensa como piensa y act\u00faa como act\u00faa.<\/strong> Esto no quiere decir que nos pasemos a su bando, sino que estamos tratando de hacer nuestra sociedad m\u00e1s humana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Peri\u00f3dico public\u00f3 hace unos d\u00edas una larga entrevista a Sherry Turkle, a quien no conoc\u00eda, a prop\u00f3sito de un libro publicado recientemente en Espa\u00f1a, titulado \u00abEn defensa de la conversaci\u00f3n\u00bb. 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