{"id":6771,"date":"2017-06-13T11:46:50","date_gmt":"2017-06-13T10:46:50","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/?p=6771"},"modified":"2020-06-15T11:26:01","modified_gmt":"2020-06-15T10:26:01","slug":"dormirse-en-los-laureles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/2017\/06\/13\/dormirse-en-los-laureles\/","title":{"rendered":"Dormirse en los laureles"},"content":{"rendered":"<p>Eso es lo que hacen muchas empresas, seg\u00fan el <strong>Premio Nobel de Econom\u00eda, Edmund Phelps<\/strong>, que pas\u00f3 hace unos d\u00edas por Barcelona. Lo viene diciendo desde hace mucho tiempo, y me parece que tiene mucha raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s podr\u00edamos contar la historia as\u00ed. Era una vez un <strong>emprendedor<\/strong> que tuvo una idea para satisfacer necesidades de los consumidores; busc\u00f3 capital, contrat\u00f3 directivos y empleados, empez\u00f3 a fabricar, tuvo \u00e9xitos y fracasos, se consolid\u00f3, creci\u00f3&#8230; se gan\u00f3 los aplausos de los consumidores, los inversores y los empleados y las cr\u00edticas de otros muchos. Ahora tiene una empresa m\u00e1s o menos grande y rentable. Ya no es el emprendedor joven, din\u00e1mico y arriesgado -los a\u00f1os no pasan en balde. Es l\u00f3gico, y es \u00a0bueno que sea as\u00ed.<\/p>\n<p>Pero a lo largo de los a\u00f1os han pasado m\u00e1s cosas. El <strong>Estado<\/strong>, que vio con simpat\u00eda aquella iniciativa, ha desarrollado un sistema de <strong>regulaciones y controles<\/strong>, que la empresa va con sentimientos encontrados. De un lado, demasiado control, demasiada regulaci\u00f3n, quiz\u00e1s <strong>demasiado intento de seguridad<\/strong> (te\u00f3ricamente para proteger a los consumidores, en la pr\u00e1ctica, quiz\u00e1s, para <strong>proteger a los funcionarios<\/strong> de las iras de la opini\u00f3n p\u00fablica)\u00a0De otro lado, esas regulaciones son<strong> barreras de entrada para sus competidores<\/strong>: la seguridad es buena, tambi\u00e9n porque ahorra algunos sustos a la empresa. El Estado se puede haber convertido en <strong>un socio<\/strong>, con el que nos repartimos los riesgos, los costes y los beneficios. Hay <strong>menos creatividad<\/strong>, lo cual no es bueno, pero ya est\u00e1 bien: cuando aparece una start up, conviene echarle un vistazo, quiz\u00e1s ayudarle y, al cabo de un tiempo, si promete, comprarla. La empresa va creciendo; la creatividad est\u00e1 fuera; <strong>los riesgos est\u00e1n controlados<\/strong>. Y, claro, hay que cuidar a ese socio que es el Estado, compartiendo beneficios con \u00e9l. Lo que sale mal parado en todo esto es la\u00a0<strong>competencia<\/strong> y la\u00a0<strong>eficiencia<\/strong>, pero quiz\u00e1s no la cuenta de resultados.<\/p>\n<p>La empresa ha crecido con <strong>fondos ajenos, que suelen estar gestionados con criterios cortoplacistas<\/strong>, lo que significa menos apuestas por el largo plazo y m\u00e1s rentabilidad a corto: quedan lejos los sue\u00f1os del emprendedor&#8230; \u00a1Ah! y hay <strong>otros \u00absocios\u00bb, como las comunidades locales y los sindicatos<\/strong>. Hay que compartir con todos. Y, claro, esto tambi\u00e9n crea barreras de entrada a los nuevos competidores.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 malos son los empresarios!\u00bb, me dice el lector. No es su culpa: los humanos somos as\u00ed. \u00bfQu\u00e9 hicimos mal? <strong>Ir construyendo esa mara\u00f1a de impuestos, subvenciones, precios fijados, regulaciones, condiciones, contratos p\u00fablicos, informes&#8230;<\/strong> No haber sabido defender las ideas del libre mercado (con el m\u00ednimo de regulaciones necesarias y con mucho sentido \u00e9tico), de la competencia, de la creatividad y la innovaci\u00f3n (a las que rodeamos inmediatamente de protecciones, controles y vigilancias)&#8230; Como dec\u00eda m\u00e1s arriba, la empresa se ha dormido en los laureles.<\/p>\n<p>Cambiar esto no es f\u00e1cil, porque hay muchos <strong>intereses creados<\/strong> que son dif\u00edciles de desmantelar. Por otro lado, ha cambiado la manera de pensar de nuestros conciudadanos, que ven, a menudo, <strong>la empresa como un enemigo<\/strong>. Y cuando, con mentalidad liberal, tratamos de defender la empresa, recurrimos a los argumentos de Adam Smith y sus sucesores, como si nada hubiese cambiado en el mundo de los negocios en los \u00faltimos a\u00f1os. Y, por supuesto, no pretendamos que los revolucionarios de turno sustituyan la libre empresa, la libre iniciativa, la competitividad y la innovaci\u00f3n por la burocracia y la ideolog\u00eda.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.iese.edu\/es\/claustro-investigacion\/claustro\/antonio-argandona\/\">Antonio Argando\u00f1a<\/a>\u00a0es Profesor Em\u00e9rito de\u00a0<a href=\"https:\/\/www.iese.edu\/es\/claustro-investigacion\/departamentos-academicos\/economia\/\">Econom\u00eda<\/a>\u00a0del\u00a0<a href=\"https:\/\/www.iese.edu\/es\/\">IESE<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eso es lo que hacen muchas empresas, seg\u00fan el Premio Nobel de Econom\u00eda, Edmund Phelps, que pas\u00f3 hace unos d\u00edas por Barcelona. 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