{"id":7518,"date":"2019-07-16T11:21:28","date_gmt":"2019-07-16T10:21:28","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/?p=7518"},"modified":"2019-07-11T11:24:28","modified_gmt":"2019-07-11T10:24:28","slug":"sobre-la-esperanza-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/2019\/07\/16\/sobre-la-esperanza-ii\/","title":{"rendered":"Sobre la esperanza (II)"},"content":{"rendered":"<p>Contin\u00faa mis disquisiciones sobre <strong>la virtud de la esperanza<\/strong>, que empec\u00e9 en una entrada anterior con este mismo t\u00edtulo, de la mano de las ideas del profesor <strong>Leonardo Polo<\/strong>, de la Universidad de Navarra, ya fallecido. Polo dice que la esperanza tiene tres dimensiones.<\/p>\n<p>La primera es el <strong>optimismo<\/strong>. \u00abEl pesimismo, dice Polo, encierra y paraliza. En cambio, el hombre esperanzado camina hacia lo mejor, sale del ensimismamiento y se pone en tarea\u00bb. <strong>Un optimismo sin esperanza es trivial:<\/strong> es el optimismo del que est\u00e1 satisfecho con lo que ha hecho, que no mira al futuro. <strong>El optimismo de la esperanza est\u00e1 insatisfecho.<\/strong> Polo recuerda el dicho anglosaj\u00f3n, de que el optimista es el que dice que estamos en el mejor de los mundos posibles, y el pesimista es el que cree que esto es verdad. En el mejor de los mundo posibles no hay esperanza; el que afirma que estamos en un mundo mejorable vive en la esperanza.<\/p>\n<p>De modo que el segundo componente de la esperanza es el <strong>futuro<\/strong>. Si no hay futuro, no hay tarea, no hay esperanza. O mejor, dice Polo, podemos crearnos <strong>una esperanza falsa, la de una mundo futuro ut\u00f3pico<\/strong>, que alguien nos dar\u00e1, pero que no depende de nosotros. Y esto no vale ni siquiera para los que creemos que esta vida no se acaba, sino que contin\u00faa en el cielo, porque ese cielo nos lo hemos de ganar nosotros aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Por tanto, la tercera dimensi\u00f3n de la esperanza, seg\u00fan Polo, es la <strong>tarea<\/strong>, algo que me compromete, que tomo como un deber: tengo que mejorar. A diferencia de la <strong>utop\u00eda<\/strong>, la esperanza me ofrece un futuro pero me lo he de construir yo. Claro que no estamos hablando de unos resultados externos (crecimiento, beneficios, ingresos, nivel de vida&#8230;), que pueden no darse, sino de mi mejora personal, que esa s\u00ed que depende de m\u00ed, aunque mi vida parezca un fracaso a los que la miran desde fuera.<\/p>\n<p>La esperanza es una virtud para vivir en la <strong>empresa<\/strong> -y aqu\u00ed es donde yo quer\u00eda llegar con mis consideraciones anteriores, siguiendo a Polo. Porque <strong>empresa es futuro, tarea y optimismo<\/strong>. Es buscar los <strong>recursos<\/strong> para conseguir algo. Algo que puede no darse: la empresa -la esperanza- tiene <strong>riesgo<\/strong>. Riesgo significa novedad, porque damos sin saber qu\u00e9 resultar\u00e1 de lo que damos.<\/p>\n<p>\u00abEl futuro, dice Polo, es mejor que el presente, en tanto que depende de m\u00ed\u00bb, pero \u00abes solo posible, no es seguro: los recursos de que dispongo hoy no son suficientes\u00bb, de modo que los he de conseguir: ah\u00ed est\u00e1 la tarea. Para conseguir algo, que puede no llegar: ah\u00ed est\u00e9 el riesgo. Y el riesgo lo corro yo, porque doy, me doy, para ser mejor: ah\u00ed est\u00e1 la esperanza. Pero conseguir los recursos es tarea de muchos: yo no puedo hacerlo solo. Hay que buscar <strong>colaboraci\u00f3n<\/strong>: eso es la empresa. \u00abEl \u00fanico proyecto atractivo es el que convoca\u00bb, dice Polo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contin\u00faa mis disquisiciones sobre la virtud de la esperanza, que empec\u00e9 en una entrada anterior con este mismo t\u00edtulo, de la mano de las ideas del profesor Leonardo Polo, de la Universidad de Navarra, ya fallecido. Polo dice que la esperanza tiene tres dimensiones. 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