{"id":7980,"date":"2020-10-14T11:14:04","date_gmt":"2020-10-14T10:14:04","guid":{"rendered":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/?p=7980"},"modified":"2020-10-09T18:14:19","modified_gmt":"2020-10-09T17:14:19","slug":"sobre-la-meritocracia-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/2020\/10\/14\/sobre-la-meritocracia-ii\/","title":{"rendered":"Sobre la meritocracia (II)"},"content":{"rendered":"<p>Contin\u00fao con el tema de la <strong>meritocracia<\/strong>, pero cambiando ahora el punto de vista. <strong>Michael Sandel, <\/strong>de quien hablaba en mi entrada anterior, parte de la observaci\u00f3n de la sociedad desigual en que nos movemos y llama la atenci\u00f3n sobre las limitaciones del modelo americano, que pone \u00e9nfasis en la capacidad de cualquier persona para conseguir una posici\u00f3n social saneada, si pone esfuerzo y trabajo, sin tener en cuenta que el \u00e9xito depende tambi\u00e9n de otras cosas, como la riqueza de los padres, la educaci\u00f3n recibida, el acceso a una universidad de prestigio, el codearse con personas influyentes&#8230; Lo que llamamos\u00a0<strong>meritocracia<\/strong> es a menudo, dice Sandel, una trampa para ocultar los esfuerzos de una elite para mantener su situaci\u00f3n de privilegio.<\/p>\n<p>Pero encontr\u00e9 otro art\u00edculo reciente sobre el tema, publicado por <strong>Mar\u00eda Marta Preziosa<\/strong>, de la que ya he hablado otras veces, en <strong>Empresa<\/strong>, la revista digital de ACDE en Argentina, con el t\u00edtulo <strong>\u00ab\u00bfSufr\u00eds de meritocratitis?\u00bb<\/strong>. Ella se fija en la persona que trabaja con esfuerzo y se siente <strong>frustrada por los resultados<\/strong>. Esta mentalidad, dice, puede ser algo mecanicista (dado el m\u00e9rito, dada la recompensa), exige de los dem\u00e1s el reconocimiento de nuestros m\u00e9ritos y lleva a un sentido de frustraci\u00f3n, al menos en muchas ocasiones.<\/p>\n<p>\u00abLa mentalidad meritocr\u00e1tica puede tambi\u00e9n confundirse con la <strong>\u00e9tica<\/strong>\u00ab, dice Mar\u00eda Marta. Es verdad. Hay una <strong>\u00e9tica del esfuerzo<\/strong>, del trabajo bien hecho, pero no es una \u00e9tica consecuencialista. No dice \u00abhe trabajado bien, luego tengo derecho a un sueldo m\u00e1s alto o a una posici\u00f3n social m\u00e1s distinguida\u00bb. Las acciones humanas producen efectos en el entorno, en la propia persona y en los dem\u00e1s. La primera parte tiene su reflejo en la remuneraci\u00f3n del trabajo, y es de justicia. Pero no depende solo de mi esfuerzo, sino de otros muchos factores: trabajar mucho y bien en algo que nadie demanda puede dar derecho a una satisfacci\u00f3n personal, pero no a un salario elevado, porque no satisface las necesidades de los dem\u00e1s. El trabajo tiene una dimensi\u00f3n econ\u00f3mica, pero tambi\u00e9n lo que queda en la persona (aprendizajes, satisfacciones) y en los dem\u00e1s (servicio, contribuci\u00f3n al bien com\u00fan, como recuerda Sandel).<\/p>\n<p>La meritocratitis se cura, personalmente, reflexionando sobre<strong> el por qu\u00e9 del trabajo<\/strong>: el servicio que presta a los dem\u00e1s, la mejora de la propia persona y, tambi\u00e9n, los recursos econ\u00f3micos y el prestigio social que, habitualmente, va unido a los ingresos. A partir de ah\u00ed, se puede poner en su lugar el \u00e9xito debido a las ayudas de los padres, o a la suerte, que tambi\u00e9n cuenta mucho. Ese es el debate que Sandel propone, como citaba al final de mi anterior entrada sobre este tema. Y del debate saldr\u00e1n las <strong>pol\u00edticas sociales<\/strong> para corregir la desigualdad que \u00e9l denuncia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Contin\u00fao con el tema de la meritocracia, pero cambiando ahora el punto de vista. Michael Sandel, de quien hablaba en mi entrada anterior, parte de la observaci\u00f3n de la sociedad desigual en que nos movemos y llama la atenci\u00f3n sobre las limitaciones del modelo americano, que pone \u00e9nfasis en la capacidad de cualquier persona para [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":172,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[12798,10775],"tags":[28208,66544,10596],"class_list":["post-7980","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-etica-y-responsabilidad-social","category-sociedad","tag-desigualdad","tag-meritocracia","tag-trabajo"],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7980","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/wp-json\/wp\/v2\/users\/172"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=7980"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7980\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7983,"href":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/7980\/revisions\/7983"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=7980"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=7980"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blog.iese.edu\/antonioargandona\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=7980"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}