No hemos aprendido nada

Desde que ha empezado la crisis me han preguntado muchas veces. “Oye, ¿qué aprenderemos de todo esto?”. Mis respuestas siempre han sido más bien negativas: “No creo que vayamos a aprender nada”. Todo seguirá igual. A veces lo comparo con cuando uno tiene un susto conduciendo por la carretera. Instintivamente tiende a quitar el pie del acelerador y se dice: “Más vale llegar tarde que no llegar”. Pero al cabo de un rato vuelve a ir a la misma velocidad. Pues eso, hemos quitado el pie del acelerador (bueno, más bien hemos pegado un buen frenazo), pero, aprender, aprender, lo que se dice aprender… volveremos a darle al acelerador en cuanto nos descuidemos.

Y para muestra un botón. Algunas noticias de los días pasados:

  1. JPMorgan anuncia unas pérdidas de 2 billones de dólares como consecuencia de las operaciones en derivados de uno de sus empleados. Pero, ¿no habíamos visto esta película antes?, ¿no habíamos quedado en que no volveríamos a hacerlo?
  2. Bankia baja en un día un 14 % en bolsa (más de un 50% en doce días), y al día siguiente sube un 24%. Rumores de movimientos especulativos que aprovechan el ruido generado en torno a esa entidad (que, por cierto, va a ser tasada por JPMorgan: esperemos que no se lo encarguen al fulano de los dos billones). ¿Especuladores, en estos tiempos? ¿No habíamos quedado que los desterrábamos? Pues ahí siguen agazapados, esperando nuevas víctimas.

Pues ya se ve que volvemos a las andadas. Me recuerda a la fábula del escorpión y la rana:

Un escorpión le pide a una rana que le ayude a cruzar el río, y le promete que no le hará ningún daño. La rana accede y lo sube a sus espaldas. Pero cuando están a mitad del trayecto el escorpión pica a la rana. Ésta le pregunta incrédula: “¿cómo has podido hacer algo así?, ahora moriremos los dos”; ante lo que el escorpión se disculpa: “Lo siento ranita. Es mi naturaleza, es mi esencia, no he podido evitarlo, no puedo dejar de ser quien soy, ni actuar en contra de mi naturaleza, de mi costumbre y de otra forma distinta a como he aprendido a comportarme”. Y poco después de decir esto, desaparecieron los dos, el escorpión y la rana, debajo de las aguas del río.

Comentarios

  1. Ramon Canals

    Muy buena observación Joan.

    Diría que hay algo todavía peor que no aprender nada bueno. Y es que la crisis, con sus tensiones, incertidumbres y miedos despierta los instintos más bajos: los de supervivencia.

    Estamos aprendiendo a pensar sólo en nosotros mismos. El otro día escuchaba «me llevo mi dinero a Suiza» (aunque si todos lo hiciéramos nos cargaríamos el sistema) «no vaya a ser que yo sea el último en hacerlo».

    Aprendemos a ser más egoístas. Y en ese contexto, los escorpiones van a hacer su agosto.

    Preocupante…

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