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Un año más, otra oportunidad perdida

Muchísimas gracias a todos por los ánimos y la estupenda acogida que me habéis regalado. Se nota que sois amigos. Viejos o nuevos, pero ya amigos!!

Empezando a poner hilo a la aguja de “cosas a hacer”, he recordado el vídeo [1]Tiempo para todos” [descárgate el video de 13 minutos] [1], donde recogimos los inconvenientes para la salud, la sostenibilidad, la productividad y la conciliación trabajo y familia de un horario español poco racional y no alineado con el resto de los países europeos. Este debate se inició hace más de 5 años en una continuidad del IESE en Madrid promovida por nuestro querido profesor Rafael Termes [2], y muchos son los ríos de tinta que se han derramado sobre el tema desde entonces, además de numerosísimas reuniones, jornadas y congresos dedicados a debatir posibles vías de solución.

Por supuesto que todos podemos poner de nuestra parte en la empresa o en la familia para intentar racionalizar los horarios, pero necesitamos una actuación coordinada de todos los sectores y, sobre todo, no olvidar que la racionalización de los horarios españoles y su normalización con los de la Unión Europea ha de pasar primero, necesariamente, por el regreso de España a su hora solar, o sea, la Hora Europea Occidental (la de Greenwich, Reino Unido, Irlanda, Portugal, Marruecos, Castellón y Canarias), dejando la actual, que corresponde a la hora solar de Alemania y Polonia.

Como nos recuerda en su blog [3] Jos Collin, desde 1942 España está en el huso horario equivocado. Esta anomalía, junto con el pluriempleo de la posguerra, engendró el horario español actual, que impide la conciliación entre la vida laboral, familiar y personal, nos resta cada día una hora de sueño, incide negativamente en la siniestralidad laboral, la baja productividad, el fracaso escolar, etc.

Y escribo sobre este tema hoy, porque el sábado pasado, con el nuevo cambio de los relojes a la hora de verano, el Gobierno dejó pasar un año más la oportunidad de hacer este ajuste tan necesario para nuestra calidad de vida. ¡Y ya van 67 años!

El regreso a la hora de Greenwich supone hacer lo siguiente: cuando el resto de Europa adelanta los relojes, en España tenemos que retrasar nuestros horarios, sin cambiar nuestros relojes, es decir, cambiar nuestros hábitos. El efecto es salir de la hora de invierno de Alemania para entrar en nuestra hora de verano. Luego, sólo queda dormir una hora más, desayunar bien en casa en vez de fuera de casa a media mañana, trabajar de un tirón hasta la 13h (en vez de las 14h), almorzar en una hora en vez de en dos, dejar el trabajo ¡una hora y media antes! (el 10% de nuestro tiempo despiertos, casi dos semanas al año), ver el telediario no más tarde de las 20h y disfrutar de una estupenda velada con la familia y los amigos, sin perjudicar el descanso. Además lograremos alinearnos con el horario de las empresas europeas, porque en la actualidad cuando ellos salen a almorzar nosotros estamos trabajando y al revés. ¡Así perdemos 3 horas: de 12.30 a 3.30, en las que es difícil que ellos nos encuentren -via e mail o telefónicamente- en la oficina y nosotros a ellos tampoco porque se suman nuestros horarios de almuerzo. ¿Lo conseguiremos en el 2010? Este es nuestro empeño desde hace ya unos cuantos años, pero se requiere comprensión y voluntad política para conseguirlo.