En el día a día contamos con una serie de profesionales a los que acudir a golpe de teléfono. Desde médicos a profesionales del [1]hogar, pasando por peluqueros, veterinarios, repartidores, vendedores, profesores de apoyo… Los llevamos grabados en el móvil. Cuando se presenta un momento de dificultad en nuestra vida diaria, tiramos de teléfono y buscamos ayuda. Si el problema es de índole más personal, es un conflicto: Un conflicto es aquel desacuerdo que afecta a la relación interpersonal. Podemos estar implicados con cierto grado de culpa por nuestra parte, entonces ya no somos tan proactivos en la búsqueda de ayuda, y la
[2] cosa se va complicando. Con el paso del tiempo, el pequeño problema del inicio puede llegar a ser un grave conflicto.
Y, por el camino, hemos dejado de lado la asistencia que existe y se nos ofrece, por desconocimiento en muchos casos, pero sobre todo por falta de información o confianza en la efectividad de esta ayuda previa a medidas más drásticas. Estamos hablando de la mediación.
Podemos contar con la figura de un mediador que pueda ayudarnos en un conflicto familiar, para no tener que acabar en un juzgado. Esto implica abrirse, ser sincero, colaborar, dialogar y escuchar al otro, con la ayuda de una persona que sabe ser neutral y quiere ayudar a las dos partes. Esto es lo revolucionario.
De todo ello nos habló nuestra amiga, la abogada, mediadora y Máster de Familia por la UNAV María Eugenia Pons de Gironella, en la última sesión del I-WIL Lunch, en el Campus del IESE en Barcelona. Veamos algunos puntos interesantes:
- En el proceso judicial casi nadie queda contento, porque nos dan -con suerte- lo que pedimos… no lo que necesitamos.
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- De cada 3 matrimonios, 2 se separan. La mediación previa al proceso judicial puede ayudar a revertir esta alarmante cifra. Si se llega al procedimiento judicial, el enfrentamiento es inevitable y esa relación, que el mediador podría haber ayudado a recuperar, se pierde.
- Manipulación de datos: el llamado «divorcio exprés» fue creado expresamente por el gobierno de España y subió así artificialmente la estadística de conflictos resueltos de mutuo acuerdo.
- La mediación lleva a reconocer la raíz del problema, que no siempre es lo que parece: una hipoteca inasumible puede estar detrás de una decisión de separarse.
- La mediación sirve a veces para llegar a un no-acuerdo…. ¡porque no hace falta! Simplemente habíamos «entrado en barrena», por la negatividad.
- Cuando llegas al juzgado pierdes el control de la situación: el mediador te permite controlar lo que quieres, lo que esperas, reconocer lo que necesitas. Te puede ahorrar que tus hijos se vean forzados a declarar, a pasar por el servicio judicial de psicología. En definitiva, te permite seguir controlando tu vida. Cuando estás ante el juez, todo ello es ya inalcanzable.
- Si nos pasamos la vida reconciliando ¿por qué cuando tenemos un conflicto interpersonal no nos reconciliamos? De esto va la mediación. De tolerar, pero tolerar con cariño.
Tolerancia + Cariño = Reconciliación