Estaba pensando en escribir sobre el proyecto de Eurovegas en Barcelona, pero me encuentro hoy un artículo de opinión de Rafael de Ribot en la edición de Catalunya de Expansión que lo dice casi todo.

Después he estado comiendo con Humberto, un buen amigo y periodista, y, mientras nos tomábamos el café en una terraza aprovechando el fantástico sol de invierno del que hemos disfrutado en la Ciudad Condal, hemos vuelto a hablar del tema, y hemos llegado a la conclusión de que es un tema “muy poliédrico”, o, lo que viene a ser lo mismo, con muchos matices y de no fácil solución. Algunas de las cosas que han salido:

  1. ¿Nos creemos las fantásticas previsiones que nos están vendiendo? Todos sabemos con qué facilidad se construyen castillos en el aire; imaginar futuros es fácil, y las previsiones optimistas salen gratis… aunque pueden acabar por resultar muy caras.
  2. ¿Hay espacio para una reflexión moral sobre el tipo de negocio del que estamos hablando y la conveniencia de darle tanta presencia, o hay que dejarse de historias y ser más pragmáticos, porque no están los tiempos para consideraciones morales?
  3. ¿Qué tipo de personas, grupos, actividades atrae un negocio así? No ya los clientes puntuales que vienen a jugar y se marchan, sino el contexto que estás actividades crean para el asentamiento de otros grupos más o menos organizados que pueden dedicarse a otras actividades cuestionables o claramente delictivas?
  4. La doble moral que nos caracteriza. Nos inventamos en el imaginario colectivo un país que se asienta en el diseño, la innovación, los servicios de calidad, la gestión del talento,…; pero la realidad es que acabamos viviendo del turismo barato, las low-cost y el juego.
  5. ¿Responde, de verdad, este proyecto al modelo de país que queremos? Seamos más radicales: ¿tenemos un modelo de país? ¿No vamos más bien a salto de mata? Ayer tocaba ser hub; hoy toca ser casino y mañana tocará ser…
  6. Y quizás, lo más preocupante de toda esta historia: debemos estar muy mal para que la máxima autoridad del país “ponga tanto empeño” (hemos usado una expresión más coloquial, que voy a omitir por cortesía…) en hablar con Mr. Adelson, mostrarle las bondades de la ciudad y prometerle todo lo que haga falta para que se quede aquí.