Un cambio de mentalidad

gruasEstábamos tan necesitados de buenas noticias que, en cuanto han aparecido los primeros síntomas de recuperación económica, se ha abierto la veda para titulares que no se veían desde los gloriosos años del boom económico. Parece que nadie se acuerda ya de aquellos mea culpa que algunos entonaban con (¿falsa?) compunción, o de quienes auguraban la desaparición del sistema económico tal como lo conocíamos al grito de “nada volverá a ser igual”. Pues, mucho me temo que todo volverá a ser igual, si no peor.

¿Qué habremos aprendido de la crisis? Sería muy triste que lo único que aprendiésemos fuese que hay que perfeccionar las técnicas económicas y financieras, como si todo fuese una cuestión de mejorar nuestra “racionalidad limitada”; o, peor aún, que aprendiésemos que todo es una cuestión de aumentar la regulación, como si todo se solucionase con más control, olvidando que los seres humanos somos suficientemente astutos para saltarnos cualquier sistema de control que se nos imponga.

Lo que deberíamos haber aprendido es la necesidad de un cambio de mentalidad en la forma de entender las empresas y, por extensión, el sistema económico y financiero. No se trata tanto de cambiar el sistema capitalista (o quizás sí) porque los elementos están ahí y las variables son las que son; pero sí de ponerle un poco de imaginación moral que nos lleve a ordenar y relacionar esas variables de modo distinto.

El modelo comúnmente aceptado, que entiende que la empresa está para ganar dinero y maximizar el valor del accionista, es el que nos ha llevado a la situación en la que estamos. No basta ni con perfeccionarlo ni con ponerle límites: hay que rediseñarlo.

Ha habido algunas propuestas en este sentido. Algunas, como el concepto de “valor compartido” acuñado por Michael Porter, muy continuistas. Otras, como la idea de “empresa social” de Muhammad Yunus –para quien el inversor no tiene más derecho que recuperar el dinero que ha prestado- claramente rompedoras. También propuestas como las Benefit Corporations, las empresas híbridas o el emprendimiento social –o las cooperativas, muy propias de nuestras tierras- van en esta línea de cambio de paradigma.

gilito¿Cuál es mi propuesta? No debe ser el capital el que esté en el centro de atención de la actividad empresarial, sino el trabajo. Se trata de que el objeto de las empresas no sea el crecimiento del capital sino el desarrollo de las personas. Hace unos meses, hablando de estos temas con un equipo directivo de una empresa grande, me preguntaba asombrado el presidente: “Pero, entonces, si una empresa no está para ganar dinero, ¿para qué está?”. “¿Para qué está? -le respondí yo- Para que tú y tu gente seáis más felices!” ¿Nos atreveremos a medir el éxito de una empresa no por los beneficios que genera sino por el grado de felicidad que promueve?

(Artículo publicado originalmente en La Vanguardia, 7 diciembre 2013)

 

Comentarios

  1. Juan Carlos Estorach

    Gracias Joan, simple y claro. A mi me gusta lo que dijo Porter del “valor compartido”. Las actividades, en general,
    han de crear valor. Si no fuera así no serían aceptadas por el entorno que las protege. Otra cosa es como definimos
    “valor”. En la medida que lo definamos sólo en el ámbito “medible” de la economia nos estamos quedando muyd
    cortos. Hay que aceptar que sólo lo medible es potencialmente mejorable pero eso nos obliga a aprender a
    “saber medir”. Los beneficios son fáciles de medir pero la felicidad… no es facil. Hay más beneficiarios, como bien
    dices, a tener en cuenta (y no sólo los acccionistas): la sociedad, el cliente, los trabajadores, la sociedad. Los
    beneficios, para unos serán económicos, pra otros serán utilitaristas, para otros emocionales, y etc. Pero es
    evidente que para todos debe ser positivo (crear valor). Habrá que saber compartir ese valor “multidimensional”
    que puede generar aquella actividad. Manteniéndonos en el mundo de los conceptos hay que aceptar que lo que
    para unos es valor positivo para otros pueda restar. En cualquier caso la suma (suma multidimensional) de los
    valores debe ser positiva. Si no fuera así la actividad tenderá a su desaparición.

    Es tambien cierto lo que comentas de que los equilibrios son inestables. Sí y sólo sí los dejas en libertad. Pero si
    mantienes un aporte de energia que mantenga la actividad en movimiento (en la dirección de la creación de valor
    multidimensional antedicha), entonces, es posible que ese equilibrio sea mucho más duradero.

    Un tema que perjudica mucho a las actividades humanas es cuando se miden sólo en el corto plazo. También hay
    que aprender a medir en el largo plazo. Las bolsas no saben medir eso pero los números que generan esas
    bolsas son fáciles de leer y entender. Todavía nos queda mucho que mejorar y mucho que aprender. Hemos de
    seguir intentándolo entre todos.

    Equilibrio inestable

  2. Francisco Larrain

    Joan: Para este cambio de mentalidad pienso que es muy interesante fomentar los criterios de evaluación de las decisiones de los directivos no sólo con la eficacia y eficiencia, sino con CONSISTENCIA y, para los que son cristianos con un cuarto nivel, que es la SANTIDAD. Entiendo por consistencia, el despliegue de virtudes humanas, como la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza, etc en el momento de TOMAR UNA DECISION concreta. El nivel 4, sería el ejercitar o poner por obra las virtudes sobrenaturales, que el decisor cristiano-coherente posee en su interior, y así santificarse, santificar ese trabajo y santificar ese ámbito de realidad donde influye con su decisión. “Que vea, que quiera y que sienta” en esta decisión lo que Jesús piensa, quiere y siente en mi situación y mi lugar de trabajo, con las consecuencias que trae consigo, a corto, mediano y largo plazo. “Estas crisis mundiales, son crisis de santos”…Ayuda mucho el tratar de evangelizar la actividad económica y empresarial desde dentro, con agentes económicos de mucho prestigio que vayan modelando, innovando, disciplinando y autorizando a las personas que trabajan en el sistema económico, que las “personas” hemos montado y “entre todas las personas conscientes y responsables” tenemos que mejorar.

    1. Joan Fontrodona Autor

      Muchas gracias por el comentario. Eso es todo un tratado de ética e incluso de ascética, diría yo. Estoy totalmente de acuerdo. Pero como decía en otra entrada de este blog, no es suficiente con ser buenas personas; hay una parte de la ética, que es la ética institucional, que también es relevante. Hay que seguir trabajando en “vender” un modelo de empresa que vaya más allá del paradigma económico dominante.

      1. Francisco Larrain

        Joan: es necesario distinguir sin separar la etica individual y la ética de las instituciones. Se trata de entender la lógica económica, comprenderla, aceptarla y diría amarla para no caer en “moralismos” que hacen mucho daño. El artículo de Martin Schlag en “Nuevos escenarios de la evangelización” de la u. de la santa Cruz, 2013 ayuda mucho a avanzar en esta dirección. Podemos “vender” maravillosos modelos de empresa, si nos lo proponemos , que la creatividad de una mente abierta por la fe va descubriendo para ir superando con creces el paradigma económico dominante.

  3. Joan Forrellat Morera

    Sugeriría hablar también de que somos administradores de los bienes que hemos recibido, gravados por
    una hipoteca social y que debemos vivir, todos, sobriamente, para ayudar a los que se han quedado sin nada.

    1. Joan Fontrodona Autor

      Efectivamente. La hipoteca social sobre la propiedad está en la línea de lo que propongo, y, en último término, una reflexión sobre el bien común de la sociedad y de cómo todos -individuos e instituciones- participamos y contribuimos a ese bien común. Es reflexión también le es muy apropiada a la empresa. Con un colega mío hemos publicado un par de artículos científicos sobre el tema. Responder a esto es una forma de responder también a los retos que el Papa Francisco (más allá de unas formas de decir más o menos provocativas) lanza en su último documento

    2. Francisco Larrain

      Es interesante para esto redescubrir la economía del don. Parto del supuesto: Si me siento regalado, más que con carencias, privilegiado por muchos talentos de nacimiento, cultivados con años de esfuerzo, uno quiere responder con máxima generosidad. Esto lleva a la responsabilidad verdadera. Sentirse regalados, talentosos, nos inspira para seguir una LOGICA DEL AGRADECIMIENTO, que genera valor, creatividad y e innovación en cada uno y en el nuevo sistema que vamos construyendo, entre todos. Es de bien nacidos ser agradecidos: ¿cómo puedo agradecer tantos talentos, dones recibidos para ser bien administrados? Se retrata de poner la lógica de la felicidad, más en el dar al máximo para agradecer lo recibido, que en la LOGICA DE LA SATISFACCION ¿qué me falta para ser feliz?. (Ref. Dialogical creativity. “más allá de la lógica del consumo”)

  4. Leticia

    Muy bueno, Joan, es necesario pero es un reto explicarlo de modo que se entienda que centrar la atención en el trabajo no implica dejar de procurar el beneficio económico.

    1. Joan Fontrodona Autor

      Sí, sí, pero… los equilibrios son inestables. Al final hay que dejar claras las prioridades, y, a mi modo de ver, la prioridad son las personas no el capital. El beneficio es una condición necesaria, pero no suficiente, de la actividad económica. Hay que ganar dinero, sí, pero esto no es el fin único ni el más importante que la empresa tiene que cumplir.

    2. Francisco Larrain

      El beneficio economico es necesario…pero cien de modo más indirecto, “por añadidura”. Es de justicia que el trabaja más y mejor, reciba más proporcionalmente (justicia distributiva, no sólo conmutativa:

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