Espiritualidad en Davos

Estamos acostumbrados, a finales de enero, a que lleguen noticias del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), más conocido por Davos, por la ciudad Suiza que lo alberga. Este año en su 48º edición. Las elites políticas y económicas del mundo y algunos intelectuales de renombre mundial lanzan diagnósticos y previsiones de orden económico y socio-político, con análisis que van desde situaciones geopolíticas a prospectivas avanzadas.

A lo que quizá no estemos tan acostumbrados es ver fotos de Davos de una sala donde una cincuentena de personas participantes en el Foro están meditando frente a un gurú. Fue el primer ministro indio Narendra Modi quien trajo dos gurús de yoga en su delegación a Davos, anunciado que el yoga y otras prácticas hindúes pueden “brindarnos salud y equilibrio físico, mental y espiritual”. Este es, en gran medida, el sentido con que muchos recomiendan “espiritualidad” a los ejecutivos de empresa, con frecuencia absorbidos por el día a día; y no raramente estresados y aun con un activismo delirante.

Hay empresas, como Google, que proponen desarrollar mindfulness (traducible como “poner atención” y actuar con serenidad), mientras que otras disponen de habitaciones de meditación para sus ejecutivos para favorecer esta capacidad y evitar decisiones precipitadas. No es la única ventaja de cultivar la espiritualidad, y no sólo para el trabajo directivo sino para la vida. Pero uno se pregunta, ¿necesitamos importar espiritualidad del hinduismo y el budismo? ¿No tenemos en Occidente una rica espiritualidad arraigada en el cristianismo y desarrollada a través de múltiples y variadas escuelas de espiritualidad?

Quizá la cuestión sea encontrar tiempo para la meditación y desarrollar la sabiduría práctica de la que ya habló ampliamente Tomás de Aquino, en el siglo XIII. Desarrollar la virtud de la prudencia (sabiduría práctica) incluye deliberar con serenidad, considerar con atención todo aquello que pueda resultar relevante, prever consecuencias, pedir consejo, escuchar a los afectados, evitar toda precipitación,…

Las escuelas cristianas de espiritualidad indefectiblemente incluyen la meditación, pero no sólo como técnica de relajación sino como lugar de descubrir la trascendencia y considerar todos los acontecimientos desde la perspectiva de Dios y el seguimiento de Jesucristo. La meditación cristiana va aún más lejos, pasa de la meditación al diálogo con Dios y la petición de ayuda.

No es una teoría conozco muchos ejecutivos cristianos que, dentro de su apretada agenda, saben encontrar unos minutos diarios para meditar y orar, y les va muy bien: en la toma de decisiones, en la serenidad con que afrontan las dificultades, en el modo de tratar a la gente,…

En la Academy of Management hay un grupo importante dedicado a la religión y espiritualidad en la dirección y van apareciendo investigaciones que demuestran la conexión entre espiritualidad y management.

Que el management es un arte más que una ciencia es algo defendido por muchos, pero ahora se está describiendo que la espiritualidad de los directivos es relevante en el modo de dirigir.