La “doxa” griega, las encuestas, la política y la ciencia

Las opiniones de la gente “corriente” son siempre respetables, pero hay un montón de personas que tienen “opiniones” sencillamente equivocadas. Hace un año y pico, salía en los diarios una encuesta realizada por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología en la que se ponía de manifiesto que más del 70% de las personas entrevistadas (más de 6.000) pensaban que el Sol da vueltas alrededor de la Tierra, casi un 70 creían que los primeros humanos coincidieron con los dinosaurios, y alrededor de un 60% creían que la mayor parte de la radiactividad del planeta es causada por el hombre.

Platón, a eso le llamaba “doxa”, es decir, el conocimiento intuitivo sin fundamento que tiene muchas veces la gente de la calle. Y este tipo de conocimiento le llevaba a tener serias dudas en relación a la democracia.

Newt Gingrich, posiblemente uno de los políticos estadounidenses más nefastos de los últimos tiempos, es un buen exponente de la tontería de pensar que la “doxa”, tal vez reflejada en los resultados de las encuestas, es la verdad. En una entrevista en televisión después de la convención republicana, afirmaba con contundencia que la delincuencia, en Estados Unidos, ha aumentado; cuando las cifras del FBI dicen que ha disminuido. Cuando la periodista le apretaba, él contestó ( https://www.youtube.com/watch?v=t7BfSw3GgJk ) que “estaba convencido de que la gente creía que la delincuencia había aumentado”. La periodista dijo que si era cierto que la gente lo creía, se equivocaba, porque las cifras del FBI eran claras. Gingrich dijo entonces que todo esto era teoría y que él estaba con la gente y no con la teoría.

Esta intervención es esféricamente estúpida. Es decir, es estúpida desde cualquier lado que se mire. En primer lugar, unas estadísticas del FBI, o de quien sea, no son teoría. Son algo muy práctico y real. Una teoría es un conjunto de proposiciones lógicamente interrelacionadas que intenta ayudar a entender el mundo. La afirmación de que “esto es teoría” que hace Gingrich no es, pues, cierta para empezar. Más bien se propone decir que la afirmación de que la delincuencia ha disminuido es mentira, cuando no lo es. Gingrich, pues, o es tonto o sencillamente quiere hacer pasar por verdad lo que es una mentira, lo que es grave de por sí mismo. Pero es que, además, quiere “estar de acuerdo con la gente”, afirmación obviamente populista, pero que en este caso significa que no les va a decir que están equivocados. Más bien les dirá lo contrario, que sí, que tienen razón. De hecho, ni siquiera tenía encuestas, era su “feeling”. Creo que era Goebbels quien decía que a base de repetir una mentira mil veces acabas transformándola en verdad. A Gingrich le interesa que la gente crea que con Obama la seguridad ha disminuido. ¿Que es mentira? ¡Da igual! Y, claro, si ya la gente lo cree, no hará nada para sacarlos de su error.

Aún más grave, en caso de que tenga que gobernar, gobernará tratando de que quede claro que hace lo que puede para luchar contra la inseguridad. Es más, puede desperdiciar recursos para luchar contra molinos de viento. Siempre hay que luchar contra la delincuencia, porque no es nunca cero, pero los recursos que se utilicen deben ser proporcionados al problema que significa, en comparación a otros problemas: sanidad, accidentes de tráfico, educación, etc. Si en un lugar, en un momento determinado, hay otros problemas más urgentes o más graves, invertir un exceso de recursos en seguridad puede ser una muy mala decisión.

Finalmente, en esta línea es fácil invertir el orden de valores en la política, lo cual está pasando en la actualidad y no sólo en los USA: miramos a través de encuestas lo que la gente dice que quiere, y las opciones que tienen mayoría las adoptamos inmediatamente como propuestas propias para ir a las elecciones y ganarlas. El orden lógico, ético, racional, es el otro: yo hago unas propuestas en las que creo (creer es fundamental) e intento convencer a la gente de que estas propuestas son buenas. El entusiasmo que cualquier político puede sentir en poner en práctica lo que la gente dice que quiere será siempre muy, muy limitado. Y posiblemente la falta de entusiasmo conduzca en primer lugar a no hacerlo bien, y en segundo lugar a transmitir dicha falta de entusiasmo a la gente. Cuando decimos que la gente está desencantada de la política, en los últimos tiempos (dos o tres decenios, al menos), ¿no será por este tipo de actitud? ¿La de ganar las elecciones como sea, y hacer cualquier cosa que parezca que a la gente le gusta? ¿Puede esto inspirar algún entusiasmo a alguien? ¿Se puede hacer nada serio sin entusiasmo?

Un comentario adicional que añade gravedad a la cuestión: esta actitud no se limita al ámbito de la política. Esto está ocurriendo hoy en el mundo de la investigación en dirección de empresas, y en el de la dirección de empresas propiamente dicha. Miramos qué hacen las empresas y sus directivos y damos por supuesto que está bien: si todos lo hacen, debe estar bien, ¿verdad? Pues no, rotundamente no. Y se hace en nombre de la “ciencia”, porque, supuestamente, la ciencia no puede ser normativa, lo que es una aceptación a ciegas del positivismo más rancio. Pues no, la ciencia humana es necesariamente normativa. Debe decir cómo hacerlo para hacerlo bien. Debe decir cómo mejorar. Pero este sería un tema largo y lo tendremos que dejar para otro día.

Un último comentario en relación a los resultados de la encuesta con la que hemos empezado con errores graves sobre ciencia por parte de una gran mayoría. El porcentaje de respuestas incorrectas de la misma encuesta, De 2004 a 2014, ha aumentado sustancialmente. ¿Podría ser que el juego político en el sentido que acabamos de decir tenga una influencia decisiva? No me sorprendería lo más mínimo…

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