El sinsentido común

Hace unas pocas semanas recibí, a través de otra institución, publicidad de un fondo de inversión de cuyo nombre no quiero acordarme. La publicidad era electrónica, o sea que fui (más por curiosidad que por otra cosa) al sitio web en cuestión, y pude ver allí en un video como el típico asesor financiero, con el aspecto supuestamente elegante y engominado de lo que hace unos años se denominaba un “yuppie”, pero que también podría ser el protagonista de un anuncio de colonias, contaba al visitante lo que le ofrecían. Tenían un equipo de “expertos” que analizaban todos los valores, uno a uno, principalmente examinando a fondo su historial, y haciendo previsiones basadas en unos modelos sofisticados. No daba detalles, claro, pero parecía que el énfasis se ponía en un análisis estadístico de lo que había hecho cada valor en el pasado, para hacer una previsión de futuro.

Lo más interesante era su argumento: es de sentido común, decía, que si un equipo de expertos analiza cada empresa en profundidad, el resultado va a ser mejor que el de los fondos “pasivos” que se limitan a duplicar el índice de la Bolsa en alguna medida y no analizan casi nada. Pues igual sí, es de sentido común, pero conviene recordar que todos los avances de la ciencia han consistido siempre en mostrar que una cierta creencia de sentido común es falsa. Era de sentido común que el Sol da vueltas alrededor de la Tierra y la Tierra es plana, era de sentido común que el aceite de oliva produce colesterol, era de sentido común que las especies no evolucionan, y un largo etcétera. Y es de sentido común que los que quieren “ganarle” al índice lo consiguen.

Y, en cambio, son mentira todas las afirmaciones anteriores. En concreto, la última es mentira en un intervalo de tiempo suficientemente largo. En un año concreto, es posible. O en dos. O en tres. De manera permanente, con un número suficiente de años, nunca se ha encontrado un fondo de inversión con estos expertos sofisticados y engominados que lo haya conseguido. Siempre gana el índice.

Y es que prever el futuro es una profesión muy dura. Normalmente no se acierta. ¿Sabemos qué ocurrirá dentro de tres años con la economía china? No tenemos ni idea, tres años son una eternidad. ¿Hubiéramos imaginado en 1985 que caería el muro de Berlín y la Unión Soviética detrás como un castillo de naipes? Claramente no.

De manera más mundana, ¿podemos predecir el resultado de un partido de fútbol? Tampoco. Algunos creen que sí, y presumen de haber acertado tal y tal partido, pero cuando se ha hecho un estudio serio del tema, se ha visto que… menos. Por estos pagos, que yo sepa, no se ha hecho ninguno, pero en Estados Unidos se hizo uno que se hizo famoso por los años 60 o 70. Un periódico preguntaba a diversos comentaristas del rugby americano (foot-ball, le llaman ellos) sobre su previsión de los resultados de los partidos; y, a partir de las diversas predicciones, se elaboraba por algún tipo de promedio una predicción de “consenso”. Después, se comparaban los resultados con la realidad y se veía quién había acertado más. Nunca ganaba el consenso, pero el consenso siempre quedaba en buena posición (cuarto, o quinto, pongamos) entre veintitantos pronosticadores. Pero los que quedaban en los primeros lugares un domingo concreto, podían quedar últimos la semana siguiente y viceversa, de modo que en promedio, al final de la temporada, quien quedaba mejor era el consenso. Nunca nadie gana quinielas “grandes” dos veces…

Lo mismo ocurre con las inversiones. Si podemos pensar que el índice refleja el “consenso” de diferentes visiones de futuro (los optimistas y los pesimistas, los que creen que un determinado producto va a ser superado por otro todavía desconocido y los que no, los que piensan que un determinado país va a ir a mejor y los que no, los que creen que se calentará el planeta y los que no, etc.), entonces será muy difícil ganar al índice a largo plazo. Mi colega y sin embargo amigo Pablo Fernández lo ha ido constatando a lo largo de los años con datos españoles realmente alarmantes, principalmente en los fondos de pensiones, que dan prácticamente todos rentabilidad negativa. A él me remito en su página web del IESE.

La conclusión es fácil: la noción de “sentido común” del vendedor de fondos por el web no funciona. La afirmación que hace es claramente falsa. Ya se sabe, hay que ganarse la vida. Y como la mayoría abrumadora de los clientes no se va a enterar, porque no saben de esto, pues así vamos tirando. Ya lo dice nuestro amigo engominado del anuncio: “solamente algunos académicos se oponen a esta idea”. Efectivamente. Las personas que saben hacer los cálculos. Los que no saben, no saben; y los que saben, pero se ganan la vida cobrando comisiones por hacer esto, pues se lo callan. Porque si en alguna ocasión ganan al índice, sus comisiones hacen que esta ganancia no llegue a nosotros; mientras que los fondos pasivos cobran unas comisiones tan modestas… que nosotros salimos ganando por diferencia.

La vida está llena de sinsentidos comunes. Hablaremos de otros en el futuro.

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2 thoughts on “El sinsentido común

  1. Deberíamos aplicar más el sentido crítico y no dejarnos llevar por todo lo que leamos como si fuesen verdades universales. Aún muchas personas aceptan todo lo que leen en internet como si fuesen noticias verdaderas y contrastadas cuando se tratan en realidad de fake news.

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