Antes de Cruyff… y tres años después

En su momento hubiera querido escribir sobre Cruyff un conjunto de tres artículos, pero sólo me salió uno. Los otros dos, después de algunos borradores, los tiré. Y hoy, que hace tres años de su fallecimiento y que he visto que el Barça ha hecho un pequeño vídeo conmemorativo, me he querido volver a poner a la tarea.

Un directivo debería tener idealmente varias cualidades que nadie, de hecho, posee totalmente. O, mejor dicho, las personas las poseen en un grado inferior al que se desearía. A cualquier directivo le podemos encontrar carencias y, visto desde fuera, que es cuando es fácil, le enmendaríamos muchas de las decisiones que toma. Johann Cruyff no era una excepción. Pero era excepcional en algunos aspectos, que quisiera poner de manifiesto ahora aquí.

En primer lugar, un directivo debe señalar dirección. Es decir, debe decir hacia dónde tenemos que ir, y añadir como, que a menudo consiste en la negación, es decir, qué cosas no debemos hacer. Yo creo que el objetivo de Cruyff era que todo el mundo se diviertiera. Él antes que nadie. Lo cual, para él, significaba hacer fútbol de ataque. Lo había dicho más de una vez: él era el único que tenía que ver todos los partidos, y si jugaban de una manera aburrida, se los tenía que tragar igualmente, y no  quería de ninguna manera. Para él, esto no era ningún riesgo. La frase famosa era «si tú tienes el pelota no te pueden haser gol». Jugar con tres defensas tampoco lo era: el equipo contrario, normalmente, y sobre todo en el Camp Nou, decia, juega con cuatro o cinco defensas, y a veces incluso con más, de modo que, si nosotros jugamos con cuatro defensas, más arriba estaremos en minoría. Para él, este era el objetivo: divertirse todos, él y los jugadores primero, y el público a continuación. Y si esto funcionaba así, se ganarían campeonatos en consecuencia, que era lo que el público quería … pero divirtiéndose. Sobre todo en el Camp Nou. Recuerdo a la salida del Camp Nou haber oído unos comentarios de culés desconocidos cuando todavía íbamos detrás del Madrid en una de las ligas «de Tenerife», pero el Barça había hecho un partido magnífico: «Quizás ellos ganarán la Liga, pero se aburren como micos, y nosotros nos divertimos como locos».

Un comentario aparte que no tiene que ver con Cruyff como directivo, sino como jugador, pero que tiene consecuencias en lo que estamos diciendo: tengo el convencimiento de que alguna de las jugadas más famosas de él que se encuentran en youtube (el gol acrobático a Reina en el Camp Nou, por ejemplo) las hizo más para divertirse que por el resultado en sí. Puede que me equivoque, pero me parece que no.

La segunda cosa que se necesita es montar una estructura humana que pueda llevarlo a cabo. Lo hizo muy bien también en este sentido, sobre todo al principio. Recibió el equipo tras el «motín del Hesperia» e hizo un montón de cambios, pero a uno de los jefes más significativos de todo aquello (Alexanco) le hizo capitán. Y supo poner a todos en su sitio. Cierto, a algunos nos supieron mal ciertas decisiones, como por ejemplo la de no utilizar bien a Lineker, y luego prescindir de él. Pero no hacía lo que él quería … y un equipo no es un jugador, por bueno y buena persona que pueda ser (y Lineker lo era, muy bueno y muy buena persona). Y el equipo que montó funcionaba. Ninguna duda. Cierto también que hacia el final hizo algunos fichajes poco acertados (Escaich, Korneiev, Prosinecki, Hagi …), y que aún no hemos entendido bien qué pasó con Laudrup, pero es que, como decíamos, nadie tiene todas las cualidades necesarias en términos absolutos, y todo el mundo comete errores.

La tercera calidad que se necesita es la de convencer a los subordinados (el jugadores en este caso) de que hagan lo que tienen que hacer, y que lo hagan con entusiasmo, con esfuerzo, con espíritu de equipo, y con convencimiento de que se puede ganar.

No es necesario insistir mucho en este último aspecto, creo. Todo el mundo sabe que en el Barça hay un antes y un después de Cruyff, y tiene que ver con ello, esencialmente. El Barça era un equipo con un temor a perder permanente, y pasó con él a tener un espíritu ganador. Se puede ver en la gente joven: siempre les parece que todavía se puede ganar. La gente de mi generación, aunque estuviéramos ganando por 3 a 0 pensábamos que aún se podía perder. Habíamos visto al Barça perdiendo una liga en la que, seis partidos antes de terminar, llevaba 6 puntos de ventaja, y con dos puntos por victoria, que quiere decir que tal vez sería equivalente a llevar hoy 9.

En los otros dos aspectos, en cambio, el entusiasmo y el espíritu de equipo, creo que el personaje tiene claroscuros. Por un lado, se jugaron partidos maravillosos (el nombre de «dream team» surgió espontáneamente a partir de una retransmisión por televisión), pero los que pensamos que es mejor gobernar desde la confianza que desde la amenaza no nos acabó de gustar la manera como trataba a algunos jugadores. Por ejemplo, creo que no trató bien a Stoitxkov. No lo ponía o lo sacaba como para «castigarlo» y algunos, desde fuera, no le veíamos motivo. Y, en cambio, si le preguntas a él, le deja por las nubes. Incluso se ríe de alguna anécdota de «dureza» de trato que, también (hay que reconocer), tiene su gracia. Y, según ha dicho siempre, le está muy agradecido. Es posible que Cruyff pensara que no le quedaba más remedio que hacerlo como lo hacía. O que esto lo diviertiera. Quienes no hemos pisado un vestuario no podemos entender, tal vez, algunas cosas que pasan. Pero yo hubiera preferido ver más «confianza» en los jugadores.

En resumen, Cruyff fue un buen directivo. Muy bueno. Lejos de perfecto, pero con unos resultados obvios. No en el número de trofeos (¡principalmente de Copas de Europa!), sino en los efectos a largo plazo sobre el equipo, que es algo que no creo que nadie pueda dudar hoy en día. El cortoplacismo empresarial, de resultados inmediatos, que tan extendido está hoy en día, tiene algo que aprender de Cruyff.

Esta entrada también está disponible en: Catalán

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