Joseph Rudyard Kipling y el empresario (II) (*)

En nuestro último post comentábamos la razón por la cual, en nuestra opinión, desarrollan su actividad los empresarios. Siguiendo el poema de Kipling nos comprometimos a desarrollar hoy, las circunstancias que ayudan al empresario valiéndonos de los adverbios ¿Cuándo?, ¿Cómo?, ¿Donde? y ¿Quién?

La respuesta al cuando se me antoja muy sencilla: Siempre.  No he conocido ningún empresario con horario de oficina para pensar en su empresa. Ninguno para su actividad intelectual a las siete de la tarde hasta el día siguiente. Son personas inquietas que continuamente buscan oportunidades de mejora para sus empresas ya sea interna o externamente.

Hablemos del cómo. Hay algunos que además de estar permanentemente pensando en cómo mejorar, dedican tiempo de calidad a este ejercicio. Conozco a un empresario muy disciplinado que marca en su agenda tiempos para la reflexión y para conseguir abstraerse y conseguir “think out the box”, practica su deporte favorito: el paracaidismo en caída libre. Tampoco hay que aprender a saltar desde un avión a cuatro mil metros de altura para encontrar oportunidades de mejora, pero encontrar un hueco para la reflexión ayuda.

El adverbio de lugar donde viene parcialmente explicado en el párrafo anterior. Es bueno hacer periódicamente un ejercicio de reflexión estratégica y se piensa mejor en un lugar donde no haya interferencias del día a día. A su vez, organizar una reunión periódica con el equipo de directivos en un lugar tranquilo y de ambiente relajado, tiene múltiples ventajas a la hora de conocerse mejor y aumentar la confianza y la calidad de las relaciones interpersonales. Aquí entramos de manera natural en el quién. Esta es la clave de todo: las personas. Como decíamos en el post Qué define a un empresario, las empresas son ante todo comunidades de personas.

Los empresarios de éxito saben hacer muy bien dos cosas. La primera trabajar con sus directivos para ayudarles a internalizar la visión que el empresario tiene de la empresa, transmitirles ese sentido de misión y enseñarles con el ejemplo su sistema de valores. La segunda es confiar en ellos para que puedan desarrollar su trabajo, delegando (de verdad) en ellos, tareas que les ayuden a crecer profesionalmente. No se trata solo de compensar bien económicamente a las personas (que también). Además de ofrecer una adecuada retribución, los empresarios de éxito son capaces de motivar a sus colaboradores satisfaciendo en ellos necesidades cognoscitivas, de modo que aquellos sienten que trabajando con ese empresario y para esa empresa sus capacidades personales y profesionales no dejan de crecer.

Finalmente saben ayudar a vivir al conjunto de directivos y personas de confianza el sentido de misión. Ese sentido de misión es el que ayuda a los directivos a distinguir las auténticas oportunidades estratégicas convenientes para la empresa de aquellas que no lo son.

 

 

 

 

(*) En este blog, cuando hablamos de “empresarios”, “consejeros” o de “directivos”, entendemos que el cargo puede ser desempeñado por una mujer o un hombre de forma indistinta. También cuando nos refiramos a los clientes, los empleados, los expertos, etc., usaremos la forma masculina como genérica, para agilizar la lectura, entendiendo que engloba tanto el femenino como el masculino.

 

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