A vueltas con el futuro de mi empresa

Hace unos meses, prometí seguir hablando del tema de cómo pensar de una manera ordenada acerca del futuro de mi empresa. Lo hice en un post que titulé El futuro de mi empresa. Siento haberme demorado tanto, pero en el ínterin han ido surgiendo temas que coyunturalmente han llamado mi atención y he preferido desarrollarlos en su momento, por una cuestión de oportunidad.

Volviendo a la cuestión de proporcionar una forma ordenada de pensar acerca del futuro de nuestra empresa, se me ocurren algunas cosas acerca de las cuales conviene reflexionar.

Las inversiones necesarias para sobrevivir.

¿Ha llegado el momento de acometer inversiones o cambios de gran envergadura? No sería extraño que la transformación digital haya tenido un impacto fuerte en la forma como nosotros solíamos hacer las cosas. Aquello de “toda la vida lo hemos hecho así”, que súbitamente ha dejado de ser lo adecuado. No es sólo un tema de transformación digital. La aparición de nuevas tecnologías o de nuevos hábitos de nuestros clientes, pueden requerir inversiones de maduración lenta, y si el empresario tiene ya cierta edad, quizás no sea capaz de imaginar cómo será el retorno de la necesaria inversión, y consecuentemente le cueste acometerla. La tentación de mantener el statu quo es muy grande. Al respecto, os invito a releer el post Maquiavelo y el cambio.

La capacidad de asumir riesgos.

Otro aspecto importante es la capacidad de asumir nuevos o mayores niveles de riesgo. Sucede a veces, que la empresa es la principal fuente de ingresos de su propietario. Por ello, es posible que en un momento dado el empresario no se sienta cómodo con la idea de invertir recursos adicionales en la compañía, arriesgando sus activos personales que pueda tener al margen de la empresa. Si esta falta de interés en invertir se combina con un rechazo a la búsqueda de fuentes externas de financiación, el resultado será una pérdida de oportunidades que puede dañar el potencial de la empresa de cara al futuro.

Las capacidades específicas.

¿El éxito de la empresa radica en algún tipo de capacidades que tiene el propietario fundador? Acontece en algunas ocasiones que el empresario posee unos conocimientos respecto a la actividad de la empresa que no pueden ser transferidos a otros a corto plazo, porque son de “oficio” y los oficios no se enseñan, sino que se aprenden, y esto lleva su tiempo. ¿Tenemos listo al aprendiz? En este caso la anticipación es fundamental.

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