¿Quién reinventará mi empresa?

Hace cinco años llevamos a cabo una investigación para conocer el grado de concentración de la propiedad de las empresas en España. El resultado resultó abrumador: el 96% de las empresas presentaban un grado de concentración de la propiedad elevadísimo y el 46% tenían como órgano de gobierno a un administrador único.

Muchas empresas propiedad de empresarios unipersonales se encuentran ahora en sus 30 años y el negocio no sale tan fluido como salía antes.

Las cosas han cambiado. El entorno competitivo es distinto, los impactos de la globalización y las nuevas tecnologías están empezando a hacer notar sus efectos en una cuenta de resultados que hasta hace relativamente poco, nunca tuvo dificultades para generar un buen nivel de EBITDA y sin embargo ahora todo parece ser más complicado.

De repente el empresario se da cuenta de que su propuesta de valor ya no es la más atractiva para sus clientes y es consciente que necesita renovar su modelo de negocio.

Ese modelo de negocio fue exitoso porque se basaba en hacer una oferta que era única y diferencial porque las capacidades de esa empresa también eran diferenciales, resulta que ya no funciona o funciona menos. El impacto a las nuevas tecnologías de la información en el modo de comunicar con los clientes e incluso con el modelo logístico de entrega han cambiado radicalmente. La inteligencia artificial, la robótica e internet de las cosas son tan solo tres ejemplos de cómo la nueva revolución industrial, la llamada industria 4.0 acabará afectando a la mayoría de las empresas y a sus capacidades diferenciales.

Antes todo este panorama, cabe formularse varias preguntas.

¿Está mi empresa preparada para crear esas nuevas cavidades?

¿Si no lo está como voy a hacer para obtenerlas?

Volvemos al tema del consejo de administración. Ahí está una de sus grandes aportaciones. Por supuesto si hablamos de un consejo de administración capaz de entender este nuevo entorno y velar por que la empresa tenga en cada momento las capacidades necesarias para seguir siendo competitiva y así asegurar su sostenibilidad.

En circunstancias como las descritas en este post es muy poco aconsejable la figura del hombre de vértice que trabaja en solitario. Piénselo!