La retirada del fundador: servir de otra manera

En la vida del empresario fundador llega un momento en que la pregunta decisiva ya no es sólo qué necesita la empresa, sino qué necesita también la persona que la creó.

Durante años, la empresa ha sido mucho más que una actividad económica. Ha sido proyecto, identidad, riesgo asumido, relaciones, orgullo y, en no pocos casos, la principal obra de una vida. Por eso la jubilación del fundador —sea en una empresa familiar, en una pyme de propietario único o en una compañía que ya cuenta con sucesor designado— nunca es un mero trámite.

Bartolomé Freire en su libro titulado La Jubilación: Una nueva oportunidad recuerda que la jubilación no debería entenderse como un final, sino como un proceso de tránsito y adaptación: revisar la propia estructura vital, explorar posibilidades de cambio y orientar el compromiso hacia una nueva etapa. Aplicado al fundador, esto significa algo muy concreto: no basta con preparar la sucesión de la empresa; hay que preparar también la sucesión interior del empresario.

Cuando esto no se hace, aparece lo que podríamos llamar el “síndrome del fundador jubilado”. El fundador deja el cargo, pero no encuentra un nuevo lugar. Formalmente ya no dirige, pero sigue opinando, sobre todo. El sucesor tiene responsabilidad, pero no plena autoridad. La organización avanza, pero mirando de reojo al despacho —o al teléfono— del fundador.

Jeffrey Sonnenfeld, en The Hero’s Farewell, ofrece una analogía muy sugerente. Hay fundadores que se comportan como monarcas: no se van hasta que las circunstancias les obligan. Otros son generales: se retiran, pero esperan ser llamados de nuevo cuando las cosas se compliquen. También están los gobernadores: aceptan que todo mandato tiene un tiempo y facilitan el relevo institucional. Y, quizá la figura más fecunda, los embajadores: dejan de mandar, pero siguen representando los valores, la historia y el propósito de la empresa.

El reto está en pasar de protagonista a referente. No es fácil. El protagonismo decide; la referencia inspira. El protagonismo ocupa espacio; la referencia lo deja para que otros crezcan.

Freire identifica distintas formas de vivir la jubilación: atareados, disfrutadores, sosegados, exploradores y desenfocados. El fundador puede aprender de todas ellas. Necesita actividad, pero no hiperactividad. Disfrute, pero no evasión. Sosiego, pero no aislamiento. Exploración, pero no dispersión. Y, sobre todo, necesita evitar el desenfoque de quien dejó de tener cargo sin haber construido propósito en lo personal.

Por eso conviene preparar el retiro con la misma seriedad con que se prepara una inversión importante. Hay que resolver la independencia económica, definir el gobierno, clarificar el papel de la familia o de los propietarios y, muy especialmente, diseñar un nuevo proyecto personal.

Retirarse no debería significar desaparecer. Tampoco permanecer ocupando el centro. Para un fundador, la jubilación bien entendida consiste en aprender a servir de otra manera: acompañar sin invadir, aconsejar cuando se le pide, custodiar el legado y permitir que la empresa se haga adulta.

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