Las empresas familiares no suelen estar faltas de herramientas.
Pueden crear un consejo de administración, cambiar los incentivos, contratar a un CEO externo, redactar un protocolo familiar, convocar un consejo de familia o recurrir a un mediador.
El problema es otro: ¿cómo saber qué herramienta utilizar, dónde utilizarla y en qué momento?
La respuesta no es universal, sino contextual. Una misma intervención puede resultar extraordinariamente útil en una familia y contraproducente en otra. Incluso dentro de la misma empresa, una herramienta adecuada en un determinado foro puede ser completamente inapropiada en otro.
Durante las próximas tres semanas, exploraremos las principales conclusiones de mi artículo Four Rooms, Four Matrices: A Framework for Cooperation and Change in Family Firms, escrito conjuntamente con Pedro Vázquez, profesor de IAE Business School.
Primero veremos dónde debería tratarse cada cuestión. Después analizaremos qué tipo de herramienta puede funcionar según el grado de acuerdo existente. En la última entrega, combinaremos ambas perspectivas para construir una secuencia práctica de diagnóstico e intervención.
Empecemos por identificar las cuatro habitaciones.
¿Estamos intentando resolver el problema en la habitación equivocada?
Muchas dificultades de las empresas familiares no nacen de la mala intención de sus protagonistas. Surgen porque un problema legítimo se está intentando resolver en el lugar equivocado.
Pensemos en algunas escenas habituales:
- Los accionistas discrepan sobre el dividendo y la discusión termina contaminando las reuniones del comité de dirección.
- El desempeño de un hijo que trabaja en la compañía se analiza durante una comida familiar.
- Dos hermanos tienen concepciones distintas sobre el futuro de la empresa y el desacuerdo aparece ante el CEO como si fuera simplemente una diferencia estratégica.
En todos estos casos, quizá estemos hablando de la cuestión correcta, pero en la «habitación» equivocada.
Josh Baron y Rob Lachenauer proponen imaginar la empresa familiar como una casa con cuatro habitaciones: la de los propietarios, la del consejo de administración, la de la dirección y la de la familia.
Cada una tiene una finalidad, unos participantes y un tipo de conversación diferentes. La misma persona puede entrar en varias de ellas, pero debería hacerlo con un «sombrero» distinto en cada caso.
1 – La habitación de los propietarios
Aquí se decide qué clase de propietarios queremos ser, planteando una serie de preguntas clave:
¿Queremos mantener el control familiar durante generaciones?
¿Qué equilibrio buscamos entre crecimiento, dividendos y liquidez?
¿Cuánto riesgo estamos dispuestos a asumir?
¿Quién puede ser accionista?
¿Cómo puede salir un propietario que quiera dejar el proyecto?
También corresponde a los propietarios elegir al consejo y establecer los grandes límites dentro de los cuales deberá actuar.
Son decisiones poco frecuentes, pero fundamentales. Si no se toman explícitamente en esta habitación, acabarán tomándose implícitamente en otra.
2 – La habitación del consejo
El consejo no representa simplemente una prolongación de los propietarios. Sus miembros deben ejercer su juicio independiente y cumplir sus responsabilidades fiduciarias hacia la compañía.
Su tarea consiste en asegurar que la empresa tenga el liderazgo adecuado, una estrategia coherente y un nivel de riesgo aceptable. Selecciona y supervisa al CEO, debate y aprueba la estrategia y examina las grandes inversiones y decisiones financieras.
En una empresa familiar, además, un buen consejo —especialmente si cuenta con consejeros externos independientes— cumple una función adicional: canalizar de forma adecuada la influencia de la familia sobre la empresa, evitando que conflictos familiares o intereses particulares interfieran directamente en la gestión.
3 – La habitación de la dirección
Aquí ocurre el trabajo cotidiano de convertir la estrategia en resultados.
El CEO y su equipo deciden sobre prioridades operativas, presupuestos, recursos, personas, clientes y procesos. Los propietarios pueden marcar las grandes aspiraciones y el consejo aprobar la estrategia, pero la dirección necesita espacio real para dirigir.
Cuando los propietarios intervienen continuamente en decisiones operativas o distintos familiares transmiten instrucciones directamente a los ejecutivos, aparece una consecuencia previsible: los directivos dejan de saber ante quién responden realmente.
4 – La habitación de la familia
Esta habitación tiene una naturaleza diferente. No sirve para dirigir la compañía, sino para mantener a la familia capaz y dispuesta a permanecer vinculada al proyecto empresarial a lo largo de las generaciones.
Aquí se trabaja sobre identidad, confianza, educación de la siguiente generación, resolución de conflictos y relación entre familia y empresa.
También es el lugar donde la familia puede reflexionar sobre qué tipo de presencia desea tener en las otras habitaciones: quién debería acceder a la propiedad, quién podría formar parte del consejo o bajo qué condiciones tendría sentido que un familiar trabajase en la empresa.
De la teoría a la práctica: una regla sencilla
De este modelo se desprende una regla muy sencilla:
una decisión, una habitación principal.
No quiere decir que las demás habitaciones permanezcan aisladas. Todo lo contrario: necesitan buenas puertas y pasillos entre ellas.
Los propietarios necesitan información del consejo y de la dirección. El consejo debe comprender las expectativas de los accionistas sin renunciar a su independencia. La dirección necesita claridad sobre su mandato.
Y la familia necesita suficiente información para entender el proyecto del que forma parte y preparar a las nuevas generaciones.
Por eso, ante un conflicto importante, quizá la primera pregunta no sea:
¿Qué deberíamos hacer?
Sino otra anterior:
¿En qué habitación debería resolverse realmente este asunto?
Identificar correctamente la habitación evita muchos errores. Pero no basta. Incluso dentro de la habitación adecuada, la herramienta que funciona dependerá de otra cuestión:
¿Cuánto acuerdo existe entre las personas que tienen que tomar la decisión?
De ese grado de acuerdo —tan decisivo como la elección de la habitación— nos ocuparemos la semana próxima, en la segunda entrega.
Imagen de la home: Alex Tyson · Unsplash
