La inversión como panacea

A los economistas (a muchos, al menos) nos gusta la inversión, más que el consumo ¡y que el ahorro!, y las exportaciones, más que las importaciones. Nos gusta que la demanda agregada aumente. Que lo haga vía consumo está bien, pero no es sostenible, si va acompañado de mayor deuda. La inversión aumenta la capacidad productiva, la productividad del sector privado y la competitividad y es una vía para la introducción del progreso tecnológico… ¡Viva la inversión! Bien si es privada, pero los empresarios, ya se sabe, no siempre se atreven, se dejan llevar por los «animal spirits»… Afortunadamente, el Estado puede estar al quite, tomando iniciativas de inversión pública en, por ejemplo, infraestructuras, que movilizan los recursos y el empleo en el corto plazo, y mejoran el rendimiento y reducen los costes en el largo plazo. El ahorro, ¡oh, no! Desde los tiempos de las teorías keynesianas, sabemos que un aumento del ahorro reduce el crecimiento y acaba dañando a la economía. Las exportaciones, ¡qué maravilla!, porque muestran que la economía es competitiva, reducen el déficit por cuenta corriente… Las importaciones, ¡no!, que actúan al revés de las exportaciones, y frenan el crecimiento, restan demanda a la economía y causan paro y otros problemas…

Bueno, esto debe ser lo que les contamos a nuestros estudiantes, y lo que piensan muchos ciudadanos, no pocos economistas (yo diría que la mayoría) y, desde luego, los medios de comunicación. Pero luego vamos descubriendo las cosas que no funcionan de esta manera. La inversión es formidable… si hay recursos ociosos disponibles; claro que si la economía está prácticamente en el pleno empleo, el plan de inversiones en infraestructuras del presidente Trump puede tener consecuencias negativas, en forma de recalentamiento e inflación. La inversión es formidable, si su rendimiento total es superior al coste del dinero con que se financia. El rendimiento total es monetario (como en toda inversión), pero también social (a veces es difícil calcular si un nuevo quirófano en un hospital tiene un rendimiento suficiente, pero hay que considerar la satisfacción de los ciudadanos al poder estar mejor atendidos). La inversión ha de ser financiada, y esto tiene un coste. Claro que el Banco Central Europeo está comprando deuda pública, de modo que su coste es prácticamente cero, pero el verdadero coste es el de oportunidad, lo que dejamos de hacer con ese dinero. El ferrocarril que va a ningún lugar está muy bien, pero está desplazando a las inversiones privadas, y el rendimiento de estas es el verdadero coste de la vía férrea. Y todo esto suponiendo que el Estado toma sus decisiones teniendo en cuenta solo los rendimientos y costes monetarios y sociales, y no los incentivos políticos

Y las exportaciones son maravillosas, pero las casas españolas no se calientan con los automóviles exportados a Alemania, sino con el petróleo importado (¡oh, qué fea palabra!). Y si exportamos mucho e importamos poco tendremos un superávit por cuenta corriente, que significa que estaremos financiando inversiones… en otro país. ¡Eh, que eso no es lo que queremos! Pero es que el lado financiero se venga convirtiendo nuestro saldo comercial positivo en saldo financiero negativo. El ahorro sirve, precisamente, para financiar la inversión: no debe ser tan malo. Claro que esto hace innecesario el crédito…

Todo esto viene de una noticia de prensa de hace unos días, en la que el decía que el Fondo Monetario Internacional recomendaba a Alemania aumentar sus inversiones y subir sus salarios. ¿Es una buena recomendación?

6 thoughts on “La inversión como panacea

  1. usted dice «El ahorro sirve, precisamente, para financiar la inversión: no debe ser tan malo». ¿Realmente el ahorro financia la inversión? ¿No será al revés, que el ahorro necesita ser financiado?
    ¿Un banco necesita depósitos para prestar? No es la oferta monetaria endógena

    1. El ahorro puede ser la consecuencia y la inversión la causa, pero, en todo caso, si nadie ahorra, no se puede financiar la inversión.

  2. Depende de la T (actividad económica), profesor. Parafraseando en términos clásicos, porque quánticamente no existe la derivada continua, la T mide cómo varía el poder adquisitivo (salarios) a medida que aumentan las inversiones (nuevos estados accesibles). Si esto se hace para todos los mercados, habrá flujo de producto hacia los que tienen la T menor.

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