«Lo que prepara a los hombres para la dominación totalitaria en el mundo no totalitario es el hecho de que la soledad, antaño una experiencia marginal habitualmente sufrida en ciertas condiciones sociales marginales como la vejez, se ha convertido en una experiencia cotidiana de crecientes masas de nuestro siglo [el siglo veinte]». Así se expresa Hannah Arendt en «Los orígenes del totalitarismo».
Quizás no sea la soledad, sino el aislamiento lo que conduce a esa situación. Benedicto XVI dice en la encíclica Caritas in veritate que «una de las pobrezas más hondas que el hombre puede esperimentar es la soledad», que nace, como las otras pobrezas, «del aislamiento, del no ser amados o de la dificultad de amar» (n. 53).
Me llamó la atención esta última frase: una persona no amada es un candidato a la dominación totalitaria. Y también lo es el que no sabe amar, el que no tiene la generosidad de amar.

Curiosamente Eric Fromm habla mucho sobre la relacion del amor con el totalitarismo, en el arte de amar, miedo a la libertad
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