Dónde está la clase media

George Friedman escribe un largo post en MercatorNet (aquí, en inglés). Trata de explicar que hay una crisis de la clase media en Estados Unidos, y que eso está poniendo en peligro el peso de ese país en el mundo. Pero no es de eso de lo que yo quiero hablar aquí, sino del argumento del que parte: el persistente declive del nivel de vida de la clase media norteamericana. Y española, añadiría yo.

En primer lugar, cabe objetar que no tiene razón, a la vista del formidable nivel de vida que hemos conseguido, respecto de, por ejemplo, el de nuestra clase media en los años sesenta. Pero esa mejora es, en buena medida, fruto del progreso tecnológico. Y Friedman apunta otro argumento: «En los años 50 y 60, dice, la renta mediana [la renta del que tiene a la mitad de la población por encima y a la otra mitad por debajo, no al que gana la renta media] le permitía a usted vivir con un solo generador de rentas en el hogar –normalmente, el marido (…)– y unos tres niños». Y Friedman explica cómo era la casa en que vivían, los coches que tenían, las vacaciones que se permitían tener… Y reproduce los números para esa misma familia que está ahora en el punto medio de la distribución de ingresos del país. Y llega a la conclusión de que no llega, de lejos, a lo que aquella llegaba: ahora necesitamos dos ganadores de rentas –y esto sin entrar en la poco satisfactoria situación de los que quedan por debajo de aquella renta mediana.

Friedman hace notar que esto no es algo coyuntural, debido a la crisis que empezó en 2007. Y añade que la movilidad social hacia arriba es consustancial a la mentalidad norteamericana, algo que mueve a la gente y le da seguridad, que fundamenta, en definitiva, la estabilidad social. Y se extiende en la consideración de por qué esto no ocurre ahora, refiriéndose a la crisis de la empresa moderna, que proporcionaba un empleo seguro y bien remunerado a aquella clase media, y que ya no puede garantizarlo: proporciona, sí, ingresos altos, pero para algunos empleados privilegiados, no para todos los demás. «Ahora nos enfrentamos, dice, con un cambio estructural, en el que el centro que era la clase media está desplazándose hacia abajo, y no por pereza o por estupidez. Es un cambio estructural que está radicado en el cambio social (la ruptura de la familia convencional) y económico (el declive de la empresa tradicional y la creación de la empresa ágil, que pone a los trabajadores individuales en una situación de desventaja masiva)». Y añade que esto no se soluciona con las medidas de la derecha política (porque el libre mercado garantiza solo los resultados económicos, no los sociales) ni de la izquierda (la redistribución fiscal, que puede corregir el sesgo económico, pero eliminando los incentivos a mejorar el nivel productivo).

No estoy seguro de que el diagnóstico de Friedman sea acertado. Pero veo en España un problema parecido, que, me parece, tampoco se puede atribuir a la crisis económica, porque veo también aquí la pérdida de poder adquisitivo de la clase media: donde antes bastaba un generador de rentas, ahora hacen falta dos, incluso antes de 2007, y con una familia mucho menor que la de hace años. Por supuesto, debe haber razones sociológicas y morales en ese cambio. Pero Friedman apunta más lejos, hacia factores relacionados con la organización misma de nuestra sociedad.

Y, para acabar de complicar el análisis, leo un breve artículo de Isabel V. Sawhill en Brookings (aquí, en inglés). El tema parece muy distinto: ella comenta un estudio sociológico de 1965, que comparaba el estado de los negros norteamericanos con el de sus conciudadanos blancos y que concluía con el fallo de la familia de color, a la vista de las cifras de divorcio, nacimientos fuera del matrimonio y madres solteras. Sawhill comenta que esto no ha cambiado en medio siglo, pero que ahora eso se observa también en el familia blanca, o mejor, en una parte de ese colectivo, porque, dice, los resultados son mejores entre las familias blancas con estudios universitarios. La conclusión de Sawhill es que, además de un problema de valores, puede haber en ese deterioro de las variables familiares norteamericanas un problema parecido al que señala Friedman, cuando afirma, ditando a otra investigadora, que «la desaparición de los empleos de fábrica bien pagados [típicos de la clase media, digo yo] conduce al casi-colapso del matrimonio en poblaciones en las que los varones con menos estudios eran habitualmente capaces de mantener una familia y un estilo de vida de clase media».

Insisto en que no estoy seguro de las conclusiones de uno y otro. Pero me parece que nos enfrentamos, en Estados Unidos primero y en Europa después, con un problema, que me atrevería a presentar así: el nivel de vida de muchos ciudadanos de clase media se está deteriorando y, con él, sus valores sociales, familiares y morales o, al menos, las variables familiares en que se reflejan esos valores. Y entre las causas de este problema parece estar un planteamiento de la vida a partir de unas variables económicas que no parecen compatibles con el estándar a que nos habíamos acostumbrado, estándar determinado no solo por un nivel, sino, sobre todo, por lo que nos parecía una tendencia sólida a la mejora continua del nivel de ingresos, que parece que no es tan sólida. Ahora, añadamos a esto consideraciones sobre la crisis de valores (¿cómo juega, al lado de las variables económicos?), la educación, la globalización y otras variables relevantes, y tendremos un buen motivo de preocupación.

6 thoughts on “Dónde está la clase media

  1. Qué interesante reflexión sin respuesta!
    Complejo encontrarla.
    Lo primero que me viene a la cabeza es CONSUMISMO.
    El exceso de consumo tendrá algo que decir, aunque volvería a ser un amplio asunto.
    Si es verdad que en esos momentos, la clase media salía de la estrechez con ilusión. Ahora la clase media, sedada, se deja llevar a la estrechez!
    La revolución económica tiene que ser una revolución de nuevos valores encabezada por la clase media.

  2. Efectivamente, creo que aunque tengamos más tecnología, la calidad vida de la clase media en España está empeorando a marchas forzadas.
    Mi padre trabajaba en banca como director de oficina, somos 5 hermanos y mi madre nunca trabajó. Nos íbamos todos los años de vacaciones 1 mes, mis padres salían con sus amigos todos los fines de semana, y mis hermanos y yo teníamos siempre ropa de moda, nuestra paga semanal, comida de calidad y regalos en navidad y cumpleaños.
    Yo ahora tengo solamente 1 hija, mi mujer y yo trabajamos de sol a sol, nos vamos de vacaciones 1 semana salimos a cenar fuera, como mucho 1 vez al mes. Yo diría que mi calidad de vida es peor que la de mis padres.

  3. Estimado Antonio , creo que mezclar lo social familiar producto de cambios y deterioro cultural , es negar la importancia de la parte empresarial en el nivel de ingresos de esa clase media y la competencia brutal a que son sometidas en los mercados internacionales los productos gracias a los paises emergentes de bajo costo productivo , lo social solo puede afectar el tipo de consumo pero no el nivel de poder adquisitivo de un salario, este solo es parte de los costos y del mercado que ha nivelado hacia abajo en modo global y la vaca sagrada de la competitividad sin respeto al nivel o calidad de vida del hombre

  4. Me parece muy interesante sumar al análisis de fondo la cuestión del fracaso del sistema educativo actual, al menos en España, en relación con el varón.

    En las condiciones planteadas, ante la precariedad del empleo que afecta a la familia y por tanto a la estructura social, con la necesidad de dos sueldos para, muchas veces, no salir de las clases desfavorecidas, un mercado laboral que no trata bien a la mujer, que se siente frustada en la empresa y en la casa, y un hombre sin preparación suficiente para poder aportar la estabilidad necesaria para el desarrollo familiar, estamos destinados, sin duda a una sociedad peor que la que se ha vivido hasta ahora, términos economicos y sociales y eso es muy negativo.

    La corrupción política y el agotamiento de un sistema legal mal planteado hace 30 años no ayudan, pero el caso es que debemos salir de este escollo en el que nos hemos metido.

    Son necesarios más que nunca hombres con ganas de hacer historia, porque si seguimos igual que hasta ahora, por esta pendiente que nos lleva inequivocamente al conflicto, nos encontraremos con un país pobre, dividido, corrupto, desinstitucionalizado donde la fuerza y el delito camparán a sus anchas, y entonces ni empresas, ni familia, ni nada.

  5. Si antes bastaba con un perceptor es porque no existían tantas falsas necesidades.

    Por otro lado, el artículo toca tangencialmente un factor de pobreza notorio y en alza como son los hogares rotos y los monoparentales. Mientras que la pertenencia a un hogar estable empieza a ser un factor de éxito profesional y de felicidad.

    En definitiva, asistimos a la progresiva y lenta materialización de las consecuencias que trae el ataque a la institución familiar, el secularismo, la ideología de género, la revolución sexual, etc. Consecuencias harto avisadas por las organizaciones familiares, la Iglesia Católica, los lobbys evangélicos, etc.

  6. Apreciado Antonio
    Ante todo gracias por tus blogs.
    Respecto al de hoy, tengo que decirte, que estoy totalmente conforme,dado que, para mantener el nivel de vida adquirido, no solamente hay que luchar para conseguir unos mayores ingresos, sino que tambien hemos de considerar la mejora de nuestra proyeccion social y etica, dada la presion continuada desde el esterior en destruir los principios adquiridaos en la formacion básica obtenida en el ambiente familiar.

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