Este pregunta me la hicieron hace unos días, en una reunión de Pimec (la patronal de las pequeñas y medianas empresas catalanas) en Mataró, sobre el modelo económico alemán. Yo empecé con el siguiente razonamiento: tenemos muchos parados con muy escasas cualificaciones, que no encontrarán trabajo sino en empleos de baja cualificación. O sea, sus puestos de trabajo serán competitivos si sus costes laborales son bajos (no necesariamente sus salarios; pueden serlo sus cotizaciones sociales, o pueden compensar sus bajos salarios con menos impuesto sobre la renta, aunque este, probablemente, no les afecte, si sus ingresos son muy reducidos).
Esos puestos de trabajo los encontrarán en supermercados, en almacenes, en la construcción, en la restauración… Por tanto, primera idea: para colocar a esas personas la moderación de costes laborales es clave. Una moderación selectiva, cosa que no gusta a los sindicatos, que prefieren el café para todos.
Pero esto significa que sus ingresos van a ser muy bajos. Bien, pero esto se puede suplir con los servicios gratuitos del estado del bienestar: esas personas no tienen por qué tener un nivel de vida muy bajo. Esto es un reto, pero me parece que es asumible. El estado del bienestar debe ser, pues, particularmente selectivo, volcándose no en el ciudadano medio, sino en los más necesitados: parados de larga duración, discapacitados, dependientes… Otra idea que no cuadra con nuestra manera de entender el estado del bienestar, que es gratuito, generalizado y sin excepciones: muy bonito, pero no es sostenible. Ni justo.
El desarrollo de la industria y los servicios se tendrá que basar en investigación, capital físico y humano, es decir, en empleados de mayor productividad y, por tanto, salarios más elevados. Esto no creará demasiados puestos de trabajo, pero servirá para impulsar los sectores de futuro y los que crean más valor añadido. La dualidad de rentas deberá compensarse con el estado del bienestar, como he dicho antes. Y, lógicamente, con un mercado de trabajo flexible y más eficiente que el que tenemos.
Wishful thinking, me dice el lector. Bueno, pero me parece factible. En los años sesenta se crearon muchos puestos de trabajo para inmigrantes internos, que acabaron convirtiéndose en la clase media (media baja, al principio, pero media). A la larga, el milagro lo harán la educación (pero es cuestión de años, de bastantes años), la reforma laboral que aún queda por completar y un cierto pacto social, que permita que los ahora excluidos tengan acceso a puestos de trabajo. Sí, suena algo a wishful thinking, pero no se me ocurren muchas más alternativas. Bueno, en todo caso, volveré otro día sobre esto.

Hola Antonio,
Muchas gracias, por tu interesante artículo y reflexión, me gustaría preguntarte en relación a este tema, sobre otra solución que aporta, entre otros, J. Rifkins en su idea de compartir el trabajo. Según anuncia Rifkins en su bestseller «El fin del trabajo», el desarrollo tecnológico y la economía global conducen a una necesidad cada vez menor de trabajadores y, por tanto, inexorablemente conduce a la creación de un modelo social de una minoría privilegiada que trabaja y una mayoría que queda semi o excluida del todo. Habla de la necesidad de hacer re-ingeniería en la jornada laboral. Es decir repartir el trabajo, cosa que supondría reducir el paro, implicaría una mayor conciliación personal, y por ende, mejor atención a los hijos y también menor exclusión. Eso sí deberíamos, para contrarrestar el menor salario, ser menos consumistas y asumir que muchas de las necesidades que tenemos nos las crean terceros.
Otra medida que me gustaría que comentaras, es la que se refiere al aumento de la edad de jubilación, que actualmente obedece a los intereses financieros por las consecuencias que ello tiene en las pensiones pero va en detrimento de la incorporación de los jóvenes al mercado laboral y por tanto, provoca su retraso vital en el proceso de crear una familia y tener hijos que, a su vez, aportarán juventud al continente más envejecido del mundo, y al fin y al cabo nuevas cotizaciones.
Muchas gracias por tus comentarios, un abrazo,
Pili Malagarriga
http://www.segundomundo.org