La empresa familiar no puede ser una jaula de oro

¿Qué ocurre cuando un accionista de la empresa familiar quiere vender sus acciones? Como decía en el post anterior, a todos nos gusta pensar que el compromiso de los accionistas con el proyecto empresarial será para siempre, pero razones para la venta puede haber muchas. Los mecanismos para dar respuesta a estos deseos dependerán de si se trata de una salida temporal o definitiva.

Imaginemos que un accionista de la empresa familiar necesita dinero para atender necesidades personales puntuales como la compra de una casa. En ese caso, cuando la empresa familiar se ha dotado de estructuras adecuadas, el accionista puede recurrir a un fondo de microliquidez de la empresa, que tiene carácter temporal aunque in extremis incluye también una cláusula de recompra de las acciones. El accionista deposita parte de sus acciones por un tiempo limitado y se compromete a comprarlas o rescatarlas de nuevo en el futuro al saldar su deuda.

Las condiciones de este préstamo se establecen en un pacto, diseñado a medida para cada caso, donde se recogen las características del préstamo, su duración y posibles casuísticas que pueden darse. Por ejemplo: ¿qué pasa si no se puede devolver el dinero en el plazo estipulado, las acciones se amortizarán o podrán comprarlas otros accionistas?

Imaginemos ahora otro escenario: un accionista desea salir de la empresa de forma definitiva y quiere vender sus acciones. En este caso, la compañía debe estar preparada para hacer frente económicamente a esta situación y poder adquirir esas acciones. Para ello, debe contar con un fondo de macroliquidez, que tiene un carácter definitivo y no temporal, a diferencia de los de microliquidez.

Pero ¿qué precio debe pagar la compañía por las acciones? Si la empresa cotiza en Bolsa, el valor de los títulos lo establece el propio mercado. Pero si no se trata de una cotizada, que es lo más habitual en las empresas familiares, será necesario buscar otros mecanismos para establecer el precio, como por ejemplo contratar a un experto externo. Es importante que esta persona cuente con la confianza de la familia propietaria, pues de lo contrario la valoración que haga generará dudas y suspicacias, lejos del consenso que se necesita.

Es recomendable hacer esta valoración con periodicidad anual, para estipular el precio al que la empresa se compromete a comprar las acciones si algún accionista quiere venderlas. Un comité de liquidez velará por el buen funcionamiento de estas transacciones, sean temporales o definitivas. Obviamente la regulación de los fondos de liquidez debe estar recogida en el protocolo familiar, donde también se determinará el tamaño de cada fondo y la cuantía con que se va a dotar cada año.

Los fondos de liquidez sirven para que la empresa familiar no se convierta en una jaula de oro de la que es imposible escapar. No hay que olvidar que formar parte de la empresa familiar debe ser siempre un derecho, pero nunca una imposición.

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