El consejo de familia: un medio y no un fin

Contribuyente invitado: María Rodríguez García

Investigadora y docente predoctoral · Universitat de València
Investigadora visitante · Cátedra de Empresa Familiar del IESE


El papel del consejo de familia empezó a ganar importancia en la década de los 90, cuando consultores y académicos comenzaron a resaltar su relevancia para proteger los intereses de la familia a largo plazo y asegurar que la familia fuese una organización funcional capaz de canalizar la posible complejidad familiar.

Bajo estas circunstancias, el consejo de familia seguramente fuera un catalizador entre la relación familia-empresa, especialmente a medida que las generaciones pasaban y los vínculos entre los nuevos miembros de la familia eran más numerosos y diversos.

Imaginemos ahora un consejo de familia en pleno siglo XXI, concretamente en el año 2022. ¿Es la organización familiar a la que sirve la misma? O por el contrario, ¿están siendo las familias testigo de numerosos cambios a nivel económico, tecnológico y social que afectan a sus dinámicas de grupo?

Está claro que los retos actuales a los que se enfrentan las empresas familiares son diferentes a los que superaron hace unas décadas. Ante este nuevo escenario, más volátil, incierto y ambiguo, ¿cómo puede el consejo de familia favorecer a la empresa familiar?

El papel del consejo de familia

En su situación óptima, el consejo de familia debe aportar valor a la familia empresaria cumpliendo las funciones básicas de una familia —cuidar, proteger y educar a todos los miembros— pero con una característica añadida: fomentar el espíritu emprendedor en las siguientes generaciones.

Esto es importante porque la empresa familiar renace en cada generación, con sus características particulares del momento. Por lo tanto, si queremos que la propiedad, gestión y gobierno de la empresa perdure en manos de las siguientes generaciones, es necesario establecer mecanismos que ayuden a las siguientes generaciones a sentirse partícipes de la empresa y preparados para cuidar los temas de la familia, y separarlos de los temas propios de la empresa.

Un motor de prevención

Tal y como se ha mencionado en algunas ocasiones en este blog, el consejo de familia actúa como motor de prevención para el bienestar de la familia y la empresa porque precisamente permite establecer fronteras más claras entre ambas esferas a través de (1) criterios y objetivos rigurosos, (2) orden del día fijo en las reuniones, y (3) seguimiento y preparación de los siguientes encuentros.

Cuando estos puntos se cumplen, la familia empresaria contará con un consejo de familia funcional capaz de:

  • Crear puentes de confianza y entendimiento entre los miembros de la familia, y que a través de trabajo y constancia, se fomente la capacidad de diálogo y comunicación.
  • Establecer un plan de formación y mentoría para los miembros de la siguiente generación: todos los perfiles cuentan.
  • Ir más allá de los intereses, expectativas y responsabilidades individuales para construir un propósito común compartido en toda la familia.

En el actual entorno tan incierto, ambiguo y complejo, el consejo de familia puede ser una buena opción para dialogar y consensuar qué será lo más acertado para el futuro de un activo que les concierne a todos: su empresa.

En ese sentido, este órgano es un medio y no un fin, y que al igual que el protocolo, debe ser un traje a medida en función de las necesidades del momento de la familia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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