Optimismo

Ayer participé en otra sesión del Programa de Continuidad del IESE, ésta en Barcelona, con mis colegas Xavier Vives y Alfredo Pastor. Ya conocéis mis tesis; las he venido exponiendo, de un modo u otro, en este blog en los últimos meses.

Ahora sólo quiero ofrecer un breve argumento de por qué soy optimista. ¿Porque confío en que nos ayudarán a salir de la crisis? No, claro: nadie nos ayudará, ya lo he dicho muchas veces. ¿Porque el nuevo gobierno dará un cambio importante a la política económica? No. La tiene que dar, porque, si no, no podremos avanzar, pero mi confianza no la pongo en los políticos.

Ya he dicho otras veces que confío en los empresarios. Y, de algún modo, todos somos empresarios -emprendedores-: cuando nos lanzamos a estudiar una carrera o un Master que no sabremos si acabará compensando el tiempo y el esfuerzo; cuando nos metemos en una patera para iniciar una aventura que puede acabar mal, pero que esperamos que acabe bien; cuando mantenemos un negocio contra viento y marea; cuando volvemos cada mañana a trabajar, quizás con el alma en los pies, pero volvemos,…

En definitiva, mi optimismo se basa en la confianza que tengo en la naturaleza humana. Los hombres y las mujeres ‘podemos’, y lo sabemos. A veces no queremos, o nos cansamos, pero podemos. Si cada uno da un poco más de lo que le parece que puede hacer, damos un gran paso adelante. Por ejemplo: un parado que se mueve para encontrar un empleo no resuelve los problemas de la economía española, claro. Pero deja de vivir del seguro de desempleo, aunque sólo sea unos meses; contribuye a la creación de demanda, o sea, a la creación de otros puestos de trabajo; sigue pagando su hipoteca, o sea, contribuye a la solidez del sistema financiero (que falta le hace); aporta impuestos y contribuye a la reducción del déficit público y a la sostenibilidad de la deuda soberana; y, sobre todo, crea optimismo, en su propia vida y en la de los de su entorno.

Kennedy dijo una vez a los norteamericanos que dejasen de preguntarse por lo que su país podía hacer por ellos, y empezasen a preguntarse por lo que ellos podían hacer por su país. Y por ellos mismos, claro: el interés que tenemos en nosotros mismos es legítimo y bueno, pero es también una manera de contribuir al bienestar de los demás. Y esto no es fe en la mano invisible, sino en la solidaridad humana. O sea que,… sigamos trabajando. Nadie nos pide milagros, pero sí buena voluntad y un poco de esfuerzo. Y perdón por el fervorín, que me ha salido un poco sentimental.

2 thoughts on “Optimismo

  1. Completamente de acuerdo. De eso se trata. Pero tengo una duda, que -la verdad- me pesa mucho. ¿Será suficiente ese esfuerzo personal? No lo sé. Hay demasiadas cosas que hay que cambiar y me temo que quienes tienen la responsabilidad de hacerlo no estén a la altura. Además, nuestros sistemas de solución de problemas (la política, la economía, la democracia) han mostrado sus debilidades de un modo atroz.

    ¿Seremos capaces, por ejemplo, de dejar en conserva por un tiempo la contienda politica, para ‘tirar del carro’ en una dirección, sin rechistar, sin reclamar derechos, sin pedir cuentas de lo irremediable, etc, etc.

    E pluribus unum

    1. Entiendo tus reticencias, pero casi siempre las victorias no las consigue un ejército numeroso, sino una minoría, que anima y arrastra a los demás.

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