La transición sindical

Tenía pendiente hacerme eco de un artículo de Federico Durán en Expansión de finales de julio, con el título que he puesto a este blog. Trata, claro está, de la transición sindical que, junto a la política y a la económica, caracterizó los primeros años de la democracia. Bueno: no la caracterizó.

La Transición sindical (y no me refiero solo a los sindicatos, sino al sistema sindical y de relaciones laborales en su conjunto), prácticamente no afrontó cambios sustanciales. La afirmación de Marcelino Camacho, líder de Comisiones Obreras en la Transición y en las primeras etapas democráticas, de que en el tránsito de la democracia lo que las organizaciones sindicales legalizadas querían era heredar o recibir los sindicatos verticales del franquismo ‘con los ascensores funcionando’, sirve para ilustrar la sustancial continuidad del sistema de relaciones laborales del franquismo a la democracia“.

Y eso recibieron. “Y, lo que es más grave, el marco normativo, tanto en las relaciones individuales de trabajo como en las sindicales o colectivas, sobrevivió sin apenas maquillaje al cambio de régimen“. “Lo que el franquismo nos dio no nos lo va a quitar la democracia”, recuerda Federico Durán como eslogan de aquellos años, y añade que, al decir esto, no se tuvo en cuenta que “lo que el franquismo nos dio” era la compensación por la falta de libertades y por la integración del sindicalismo en las estructuras del régimen.

Sería necesario revisar, sin complejos y como corresponde a una sociedad madura, nuestro modelo sindical. Y esto significa afrontar el tema de los derechos sindicales (créditos de horas, liberados sindicales, las variadas estructuras representativas de los trabajadores), de la negociación colectiva -que no puede seguir siendo la venganza póstuma del régimen corporativo insertada en la democracia- y del derecho de huelga, cuya anomia ha permitido que la doctrina judicial haya llegado ya, prácticamente, a imponer al empresario que, por activa o por pasiva, contribuya a garantizar el éxito de la huelga”.

Es claro Federico Durán en su análisis, pero me parece que acierta. Tal como está el panorama política español, me parece que no habrá transición sindical en los próximos (¿muchos?) años. Los partidos están en otra guerra, y los sindicatos les sirven para apoyarles o, al menos, para no crearles problemas. Las estructuras organizativas de las empresas son rancias, están pasadas y tampoco sirven. Si hay que confiar en alguien, yo confiaría, primero en la sociedad civil -pero ahora está demasiado inclinada hacia el populismo. Me quedan los mismos sindicatos… ¿sí?

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