La lucha contra la corrupción ya no es lo que era (II)

En una entrada anterior con este mismo título expliqué cómo está cambiando la lucha contra la corrupción en el mundo, empezando por la Foreign Corrupt Practices Act de Estaos Unidos y dando un gran paso adelante con la Bribery Act del Reino Unido. Sigo con el repertorio de cambios:

  • No hay soluciones mágicas; lo que hoy sale bien mañana puede fracasar, y lo que es bueno en un país no lo es en otro. Hay que experimentar, probar, discutir, negociar… «Es poco serio», dicen los partidarios del palo. Sí, pero funciona. Por ejemplo, en Estados Unidos, si una empresa es sorprendida en un caso de corrupción, el juez puede retrasar el veredicto; le impone condiciones, como la de tener un auditor externo que trabaje en la empresa con plenos poderes, y esperar a ver si cambia la cultura corrupta de la empresa por otra más limpia; una vez comprobado esto, el juez dictará sentencia (que puede incluir multas y cárcel).
  • También hay que dejar que las empresas experimenten. Por eso en Estados Unidos es frecuente que estos casos se cierren con un acuerdo entre el fiscal y la empresa, sin sentencia, ni multa, ni cárcel… Esto produce dolor de estómago a algunos, pero da resultado
  • Todos deben colaborar, también la sociedad civil: las onegés, denunciando y ayudando a poner en práctica programas eficaces; los medios de comunicación, denunciando y aireando; las asociaciones empresariales, motivando a sus socios y dándoles ideas; los ciudadanos, aplaudiendo…
  • La colaboración de las empresas es imprescindible porque, en la gran mayoría de los casos, son las que pagan; a lo mejor no tienen culpa, pero son las que pagan. Por eso se les exige que tengan programas amplios de compliance, que incluyan todos los aspectos de la empresa: penal, fiscal, laboral, de corrupción, medioambiental, de derechos humanos…
  • Pero esto exige que las empresas cambien su cultura: primero, que dejen de corromper activamente; luego, que dejen de permitir la corrupción entre sus empleados y directivos; tercero, que pongan en marcha medidas concretas contra la corrupción (formación, por ejemplo: que todos sepan por dónde puede venir le tentación de pagar, por qué hay que rechazarla, por qué hay que hacerlo siempre, qué hacer si un empleado recibe una petición, etc.) y, finalmente, que tomen parte activa en la lucha contra la corrupción con los demás stakeholders.
  • La Bribery Act del Reino Unido hace obligatorio para las empresas tener programas integrales y efectivos contra la corrupción y los demás males. Si un empleado comete un delito y la empresa puede demostrar que el empleado incumplió ese programa, la empresa puede quedar libre de culpa. Esto es útil para la empresa, pero deja al empleado al descubierto cuando, quizás, cometió algo incorrecto pensando que la empresa lo aprobaría, o movido por incentivos que la empresa le puso (por ejemplo, cumplir unos objetivos comerciales que no se pueden conseguir sin acciones ilegales).
  • Esa obligatoriedad incluye también los instrumentos voluntarios de las empresas, como sus códigos éticos: si una empresa se apoya en su código ético para demostrar su actitud anticorrupción, el juez puede hacer obligatorio el cumplimiento de ese código, aunque sea privado.
  • La transparencia es importante. Dicen los expertos que no hay mejor medicina contra la corrupción que el aire libre y los titulares de periódico (y no estaría de más que los gobiernos y los partidos políticos utilizaran esta misma farmacopea).
  • Cambiar la cultura significa volver a dar importancia a la ética. No se puede erradicar la corrupción a golpe de investigaciones, denuncias y castigos: sencillamente, no se puede. Ni tampoco con listados de cosas que no se deben hacer, y la obligación de firmar cada cierto tiempo un informe en el que el personal dice que ha cumplido todo lo establecido. Al final, no queda otro remedio que convencer a la gente de que no hay que pagar a un funcionario o un político corrupto… porque eso no se hace, porque eso es indigno de una persona honrada, porque eso hace daño a la empresa, a los colegas, a los clientes… y porque no me gustaría que mis hijos supiesen que su padre es un sobornador.

Un test a mis lectores: ¿cuántos de estos puntos se aplican en nuestro país?

Los Comentarios de la Cátedra son breves artículos que desarrollan, sin grandes pretensiones académicas, algún tema de interés y actualidad sobre Responsabilidad Social de las Empresas.

3 thoughts on “La lucha contra la corrupción ya no es lo que era (II)

  1. Muy buen artículo, exactamente lo que pienso. Sin embargo, la sociedad española está establecida de una forma que será bastante complicado un cambio como usted propone. Esperemos que algún día todo cambie como propone.
    Un saludo,
    Javier

  2. Muy bien dicho profesor. Así como no se puede erradicar la corrupción con leyes, reglamentos, etc.; tampoco se puede imponer la ética y ni siquiera definir con el lenguaje porque la libertad misma lo imposibilita: cualquier empeño estará en un nivel por debajo de la ética. Pero lo más triste es que para poder negociar se requiere conocer muy bien (ser experto) en el tema de que se trate, y eso profesor, eso es lo que no puede evaluar un juez o alguien que haga sus veces.

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