Padre no hay más que uno

¡Qué importantes son los padres en la familia empresaria! Ya hemos comentado en numerosas ocasiones el papel clave que tienen los progenitores, tanto la madre como el padre, en la transmisión de valores de generación en generación. Así lo explica, por ejemplo, Mireia Torres, directora del Área de innovación y conocimiento de Bodegas Torres, en esta entrevista. Pero hoy quiero dedicar este post en concreto a la figura de los padres, un homenaje con motivo del Día del Padre que se celebra mañana.

“Mi padre fue mi gran maestro”, asegura Rocío Medina, presidenta del Grupo Medina, uno de los principales productores mundiales de kaki y el tercer productor europeo de plantas de fresa. En una entrevista de ABC Sevilla, explica que, aunque estudió Derecho, siempre pensó en trabajar en la empresa porque “viajaba con mi padre y me divertía el negocio, quería continuar algo que había visto en casa. Me enamoré del campo y pensé que era lo mío”.

La influencia paterna fue también clave en el caso de Núria Basi, presidenta de Grupo BASI. En una entrevista publicada en Factor Humà, esta bióloga que durante dos décadas trabajó como investigadora en Estados Unidos explica que, cuando se incorporó al grupo familiar, “sabía mucho más de esta empresa de lo que imaginaba”. ¿El motivo? “De pequeña, cada año, mi padre nos llevaba a la fábrica el primer día de vacaciones. Conocía a todo el mundo. He embolsado jerséis, he puesto etiquetas, he trabajado con máquinas…” Empaparse desde pequeña del negocio familiar le ha resultado “extremadamente útil”.

Los padres pueden ser excelentes mentores y modelos en la transmisión de valores, como decía al principio de este post. “Mi padre me enseñó el valor del esfuerzo, la abnegación, el sacrificio, el tesón”, apunta José García-Carrión, presidente de Grupo García Carrión, en una entrevista de Expansión. ¡No hay mejor transmisor de valores que el ejemplo!

Para Simón Pedro Barceló, copresidente del Grupo Barceló, su padre ha sido además el mejor maestro para aprender liderazgo. “Él era capaz de hacer suyos los problemas, de interiorizarlos y afrontarlos y al mismo tiempo ser una persona extraordinariamente generosa, sobre todo en un momento transcendental para cualquier empresa como es el momento de la sucesión”, explica en una entrevista para la revista de CEDE, la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos.

Algo similar explica Tomás Pascual Gómez-Cuétara, actual presidente de Calidad Pascual. Cuando le preguntan dónde adquirió sus habilidades de liderazgo, el primogénito del fundador de Pascual responde que “desde pequeño, con mi padre y a través de las experiencias vitales y profesionales que he ido atesorando en mi vida”.

Por supuesto, no todo es de color de rosa en las relaciones entre padre-hijos/as. Ser hijo/a de un empresario de éxito también lleva aparejado ciertas dificultades. A veces, la continua comparación con el progenitor puede suponer un foco de tensiones. El crecer a la sombra de un árbol tan robusto puede tener efectos negativos en los descendientes, que pueden sentirse continuamente presionados para estar a la altura de sus antecesores.

Hace pocas semanas comentábamos en este blog las luces y sombras que supone la convivencia intergeneracional en la empresa familiar. También dábamos algunos consejos para educar a los hijos. Algunas recomendaciones: darles libertad para volar, dejar que experimenten y se equivoquen, evitar protegerles en exceso. “No basta con querer a los hijos, también hay que creer en ellos”, decía en ese post, citando las palabras de la psicóloga María Jesús Álava Reyes. Una reflexión que también es aplicable a la inversa. Así que un día antes del Día del Padre, me permito decir: “no basta con querer a los padres, también hay que creer en ellos y aprender con ellos”. Y los casos que he ido relatando a lo largo del post así lo demuestran, ¿no os parece?

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