Persona y personaje: ¿te olvidaste de ti?

¿Estás tan ocupada persiguiendo objetivos que te has olvidado de ser buena persona?

Hemos tenido la oportunidad de escuchar a Luis Huete en el I WIL Networking Lunch del pasado 5 de mayo en el IESE, con una pregunta que resulta, cuanto menos, inquietante: ¿son el personaje y la persona amigos o enemigos?

El personaje es lo que el mundo ve: los logros, el título, la imagen. La persona es lo que somos cuando nadie mira: la calidad humana, las relaciones, la salud. La paradoja que plantea Huete es poderosa: la persona es más frágil que el personaje, pero también más poderosa.

Y aquí está la trampa. Se puede construir un personaje sólido mientras la persona se erosiona por dentro. A eso lo llama impostura. La integración —que personaje y persona se refuercen mutuamente— es más difícil, pero es lo único que sostiene a largo plazo.

Tres ideas sobre las que vale la pena reflexionar:

Sobre la lucidez. Dos fuerzas nos la roban sistemáticamente: el cortisol del estrés, que nos encierra en visión de túnel, y la dopamina de corto plazo, que nos vende felicidad instantánea. Cuando ambas dominan, tomamos decisiones sesgadas: sobreinvertimos en lo que se siente bien ahora y abandonamos lo que realmente nos hace crecer. La lucidez —prever las consecuencias de lo que hacemos, en nosotros y en los demás— requiere que la corteza prefrontal funcione bien. Y para eso necesita silencio, sueño, movimiento, gratitud, vínculos reales.

Sobre el talento. No es estático. Es conocimientos + habilidades + fuerza de voluntad + propósito × actitud. Y se puede cultivar, también en las personas que nos importan. Huete invita a algo que me parece una idea radical en su sencillez: hacer un inventario del talento familiar y construir una estrategia para desarrollarlo. Tratamos nuestra cartera de inversiones con más rigor del que aplicamos al desarrollo de las personas que amamos.

Sobre los ciclos. Los tiempos fáciles crean personas débiles, que crean tiempos difíciles, que crean personas fuertes… El reto no es esperar las crisis para crecer. Es aprender a forjar fortaleza en condiciones de comodidad. Eso requiere fricción voluntaria, estándares exigentes, propósito que trascienda el éxito propio.


Me quedo con la imagen del interés compuesto aplicado al talento. No al dinero: al talento. Cada pequeña inversión en quién eres —no solo en lo que logras— se multiplica con el tiempo de una manera que casi no podemos imaginar al principio.

La pregunta no es si tienes un buen personaje. La pregunta es si la persona que hay detrás lo sostiene. ¿Amigos o enemigos? Coherencia de vida, en definitiva.

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3 Comentarios

  1. Me ha gustado mucho esta reflexión porque pone el foco en algo que a veces se pierde entre tantas exigencias externas: cuidar quiénes somos antes de intentar proyectar una imagen hacia los demás. La diferencia entre persona y personaje me parece especialmente acertada, sobre todo en un entorno digital donde la apariencia puede pesar demasiado. También me quedo con la idea de invertir en uno mismo y en las relaciones como un proceso constante, casi como un “interés compuesto” personal. Al final, la forma en que comunicamos y dejamos huella también habla mucho de nosotros.

  2. Me parece interesante cómo plantea la tensión entre la ambición y la empatía. Es un recordatorio importante de que no debemos perder nuestra humanidad en la búsqueda del éxito.

  3. Me parece muy acertada la pregunta inicial, ya que invita a reflexionar sobre el equilibrio entre el éxito personal y la empatía hacia los demás. Es un tema importante.

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