Europa sin raíces, Europa muerta

En esta vieja Europa nuestra hace ya tiempo que se lucha por eliminar todo rastro de cristianismo, cuando está en las mismísimas raíces. Me ha llamado mucho la atención (a ver qué pensáis vosotros) un artículo aparecido en una prestigiosa publicación estadounidense, The Federalist, con el título «I’m An Observant Jew. Here’s Why I Want More Americans To Come To Jesus» Soy judía practicante. Por qué espero que más americanos se hagan cristianos«). Curioso, ¿verdad?, un judío deseando que aumente el número de cristianos. Su autora, Melissa Langsam Braunstein, ex-redactora de discursos del Departamento de Estado de EE UU, es escritora independiente en Washington DC y colaboradora principal de The Federalist. Su trabajo ha aparecido en The New York Times, National Review Online y RealClearPolitics, entre otros.

Un reciente informe de Pew muestra un fuerte descenso en el cristianismo; estamos viendo el aumento de los llamados  «nones«, personas que no se identifican con ninguna fe. Incluso podrían creer que hay un dios, pero son apáticos a la religión. ¿Cómo los traemos de vuelta? También se habla de «wokeism«, estar siempre alerta, colocando el trabajo y la carrera por encima del matrimonio y de la familia, con el consiguiente suicidio demográfico.

En su libro «The Judgment of the Nations», Christopher Dawson -historiador inglés, profesor en Oxford- afirma:

«La Cristiandad es el alma de la sociedad occidental. Y cuando el alma abandona el cuerpo, este se pudre. Lo que está en riesgo no es la profesión externa como cristiano, sino el vínculo interno que mantiene unida a la sociedad, hombre a hombre, y el orden del estado al orden natural». 

Y abundando en la idea:

«Es esta la grandeza y, a la vez, la miseria de la civilización moderna, que ha conquistado el mundo perdiendo su alma, y cuando pierde su alma, pierde también el mundo«.

Volviendo al artículo con que empezábamos este post, José María Beneyto (Instituto de Estudios Europeos. Universidad San Pablo CEU) lo expresa de forma un tanto pesimista, pero con un pie en la realidad. Ya que la globalización también tiene consecuencias negativas, y afrontarlas es nuestro reto:

«La política europea de los próximos años debería también dar respuestas a esos ciudadanos europeos que se sienten desplazados, carentes de recursos morales e intelectuales ante las consecuencias negativas de la globalización, el desarraigo, la pérdida de las seguridades que daba un trabajo continuado, la familia, un entorno conocido. La inmigración, la aceleración tecnológica, o las incertidumbres sobre el futuro, unidas al vértigo que produce la desaparición de referentes de autoridad, son algunas de las causas de ese malestar. Es un malestar más que de la civilización, de los civilizados. Una falta de fe ante la cual el enorme potencial que esconden la idea y las raíces de Europa parece quedar oculto. Los líderes políticos no lo pueden todo, muchas veces se ven muy limitados en su actuación, pero unas convicciones claras y la habilidad para tejer alianzas con la sociedad civil pueden tener una enorme eficacia.    

¿Hacia dónde va Europa? Europa ha perdido en el siglo XX la posición dominante que tuvo en el mundo durante los últimos cinco siglos. En términos relativos, su población, su producto interior bruto, su influencia en el planeta van a seguir reduciéndose. Hay que contar con un G-2, con dos países muy poderosos compitiendo entre sí, Estados Unidos y China. Es preciso rehacer el orden internacional con la inclusión de continentes y países, como la India, Asia, o Brasil, cuya influencia aumenta, y de otras regiones, como el África Subsahariana, que estaban marginadas. El cristianismo, como afirmó tantas veces san Juan Pablo II, no depende de una determinada forma cultural, pero qué duda cabe que Europa históricamente ha llevado a la realidad muchas de las aspiraciones de la fe cristiana.«

«Nos mostraron una humanidad poco común» (Cf. Hch 28, 2) es el lema de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos que se celebrará del 18 al 25 de enero de 2020, es decir, la próxima semana, y que finaliza con la fiesta de la Conversión de Pablo de Tarso, judío fariseo observante.

 

 

 

 

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Líderes para la paz

En España vivimos momentos de cambio político. Un cambio de gobierno afecta a todas las esferas de la vida. Mientras preparo este post, nuestros parlamentarios se están reuniendo en la Cámara Baja para votar de nuevo la investidura del candidato a presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez. Quisiera contribuir al diálogo más que necesario con dos elementos que me parecen imprescindibles: la expresión de la legítima preocupación ante la inestabilidad y su influencia en el bien común, y una idea original e imaginativa para construir paz.

Sobre lo primero, un ejemplo de preocupación, manifestada por la Asociación Madrileña de la Empresa Familiar:

«Los empresarios somos el elemento esencial de la creación de empleo y riqueza en España. Ni el Gobierno ni los partidos políticos crean empleo ni riqueza. También somos nosotros los que sufragamos la mayor parte del gasto social. Si se ataca al tejido empresarial, se generará paro y pobreza.
Consideramos imprescindible para el bien de la sociedad que se fomenten los valores del esfuerzo personal, la responsabilidad individual, el respeto a la Ley, la profesionalidad y el espíritu de riesgo. Los derechos tienen que ir acompañados siempre de obligaciones.
Apelamos a la responsabilidad de los representantes políticos para defender el interés general y salvaguardar los derechos de todos los ciudadanos españoles.» 

Sobre el segundo elemento, me ha llamado la atención hoy mismo una noticia sobre la iniciativa Rondine: En 1988, Franco Vaccari y los fundadores rondinos, después de experimentar los valores de hospitalidad y diálogo inspirados por Giorgio La Pira y Don Lorenzo Milani en una pequeña aldea italiana en el corazón de la Toscana, decidieron extender su mensaje de paz más allá del Telón de Acero: A pesar de no tener experiencia en la resolución de conflictos, enviaron una carta a Raissa Gorbachov. Su objetivo era abrir un canal de comunicación con la Unión Soviética y el Este, superando la lógica de oposición de la Guerra Fría. Inesperadamente, la primera dama soviética agradeció su propuesta y los invitó a Moscú. Este viaje marcó el comienzo de una relación con la Unión Soviética, un primer paso en la diplomacia de segunda vía.

El castillo de Rondine es un lugar donde jóvenes universitarios provenientes de áreas de conflicto o post-conflicto de todo el mundo se reúnen para entender tanto al «otro» como a sí mismos, en un ambiente seguro, en el marco de un programa de dos años de intenso estudio y transformación. Se trata de convertirlos en líderes para la paz. Este curso de estudios ha sido descrito por Rondine como una experiencia personal basada en tres principios: «Visión», para ver más allá del conflicto y desarrollar nuevas ideas; «gratuidad» (en el sentido de generosidad), para aprender a ser generoso, renunciando a las propias expectativas en aras de las de los otros; y, por último,  «trabajo en equipo», mientras conviven, compartiendo proyectos y una nueva visión.

¿No sería fantástico implementar algo así en los planes educativos de nuestras instituciones de enseñanza secundaria y universidades?

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#FakeMe… or not?

Con la Virgen de la Esperanza del IESE, ¡Feliz Navidad a todos!

En la actualidad, con frecuencia, no sabemos si una información que hemos recibido por todos los canales posibles (tradicionales y online) es verdadera o es  fake newsHay aplicaciones que aseguran que puedes desenmascarar a los mentirosos… pero ya nos queda la duda. Entre la sociedad líquida y la posverdad, ya no sabemos dónde está la verdad. ¿O sí lo sabemos? En este post anterior decíamos que, a la hora de modelar la opinión pública, los hechos objetivos influyen menos que las emociones y creencias personales. Es cierto que lo líquido es también flexible, pero a la vez es más vulnerable que lo sólido. Si todo se convierte en opinable, si no hay verdad sino opinión, cada opinión es una verdad: la mía, la tuya, la suya…  pero,  como decía Séneca, «las opiniones hay que pesarlas».

Campofrío sacó ayer su tradicional anuncio de Navidad: «¡Ha llegado #FakeMe! La startup ideada para darte la razón en el formato que tú decidas, pero, sobre todo, para demostrarte que lo fake para un ratito bien, pero la verdad, aunque duela, es lo único que importa.» Y siguen: “¿Sabe lo que tenemos en común los españoles? Que todos tenemos razón. De ahí parte del éxito las fake news. Por eso dijimos: ‘si las noticias falsas tienen más éxito que las reales, contémosle a la gente lo que de verdad quiere escuchar”. Al final de este post podéis ver el vídeo del anuncio.

Hoy, día de la Virgen de la Esperanza, la Virgen del IESE, y desde nuestro Campus de Barcelona queremos desearos la mejor Navidad en compañía de vuestros seres queridos y de todos aquellos que, de alguna manera, estarán cerca de nosotros estos días. Concordia viene del latín, significa literalmente corazones juntos. Que la verdadera (y no fake) concordia se instale entre nosotros para quedarse.

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