¿Y si acertar no fuera lo mismo que decidir bien?

¿Es posible conseguir excelentes resultados y, sin embargo, estar aprendiendo a decidir cada vez peor? Estamos acostumbrados a valorar nuestras decisiones por sus resultados. Si conseguimos lo que buscábamos, pensamos que hemos decidido bien. Si no alcanzamos el objetivo, consideramos que nos hemos equivocado. Pero ¿es realmente así?

Esta fue una de las cuestiones que abordamos Pilar García-Lombardía y yo durante el I-WiL Networking Lunch celebrado el pasado 22 de septiembre en IESE Business School, a propósito de nuestro libro Decidir bien. Cómo nuestras decisiones configuran nuestro futuro, escrito junto con Miguel Ángel Ariño.

El peligro de confundir el éxito con una buena decisión

Pensemos en un directivo que consigue sistemáticamente sus objetivos. Sus resultados son excelentes y su experiencia le permite resolver los problemas con rapidez. Sin embargo, quizá no sea consciente de que su manera de decidir está generando dependencia en su equipo, debilitando la iniciativa de sus colaboradores o deteriorando la confianza. Sus decisiones son eficaces, pero ¿son correctas?

Acertar y decidir bien no son necesariamente lo mismo. Una decisión puede producir el resultado esperado y, al mismo tiempo, tener consecuencias negativas que solo se harán visibles a largo plazo. Es lo que denominamos aprendizaje negativo: cuando el éxito inmediato refuerza formas de actuar que van deteriorando nuestra capacidad futura para decidir.

Y ahí reside una de las grandes paradojas de la toma de decisiones: a veces, nuestros propios aciertos nos impiden reconocer que estamos decidiendo mal.

Cada decisión deja huella

Una de las ideas centrales que desarrollamos en Decidir bien, siguiendo el pensamiento de Juan Antonio Pérez López, es que nuestras decisiones no solo producen resultados externos.También nos transforman a nosotros mismos y afectan a las personas con las que nos relacionamos.

Por eso, decidir correctamente exige ampliar la mirada. No basta con preguntarnos qué vamos a conseguir. Debemos considerar también qué estamos aprendiendo con nuestra forma de actuar y qué efectos estamos produciendo en los demás.

Esta perspectiva es especialmente importante para quienes ejercemos responsabilidades de liderazgo. Porque liderar no consiste solo en alcanzar objetivos, sino también en desarrollar personas, fortalecer vínculos y construir organizaciones capaces de sostenerse en el tiempo.

Una pregunta para seguir reflexionando

Cada decisión que tomamos contribuye a configurar nuestro futuro. No solo por sus consecuencias visibles, sino porque va moldeando nuestros hábitos, nuestro criterio y nuestra manera de relacionarnos. Quizá, por tanto, la pregunta más importante no sea si estamos acertando, sino esta:

¿En qué tipo de persona nos está convirtiendo nuestra manera de decidir?

En nuestro libro Decidir bien. Cómo nuestras decisiones configuran nuestro futuro profundizamos en esta cuestión y proponemos un marco para aprender a tomar decisiones que no solo sean eficaces, sino también correctas y sostenibles.

 

Si te interesa profundizar en estas ideas, te invitamos a recuperar la conversación que mantuvimos durante el I-WiL Networking Lunch.

▶ Ver la grabación de la sesión del 22 de septiembre

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