“La paz de las mujeres”

Así se titula un manifiesto pro-abolición de la prostitución, firmado esta semana en Barcelona por 100 personalidades del mundo de la judicatura, la política, la cultura y la universidad, junto con algunas ex-prostitutas, presentado por la Plataforma catalana por el derecho a no ser prostituidas. La portavoz, Sylviane Dahan, ha afirmado que es necesario “abrir un debate en la sociedad para concienciar sobre este fenómeno creciente que discrimina en cuanto a clase y a género (…), y tomar conciencia del sufrimiento humano que se esconde tras la prostitución”, que está  “lejos de ser una seductora oportunidad profesional para las mujeres (…) o un posible empoderamiento”.

 El debate suele girar históricamente en torno a varias afirmaciones más o menos discutibles: no es lo mismo trata de mujeres que prostitución; que hay mujeres que la ejercen por decisión libre, informada y consciente; que la mujer tiene derecho a hacer lo que quiera con su cuerpo, que si el hombre paga, tiene derecho al producto… Luisa Posada Kubissa, doctora en Filosofía y profesora de Historia de la Filosofía, Estética y Teoría del Conocimiento de la Universidad Complutense de Madrid, en un artículo publicado hace unos meses en eldiario.es, explica que la prostitución no es una elección natural:

“Frente a las pretensiones de la ética liberal de que con la prostitución “elegida” estamos ante un caso de libre consenso de las partes, cabe oponer que estamos ante la vulneración del principio de no-instrumentalización, esto es, de no convertir a la persona en medio para un fin, en el sentido kantiano. Con la prostitución se institucionaliza la vulneración de tal derecho. Con lo que nos encontramos en el terreno de la protección o desprotección de los derechos humanos. Y la legalización de la prostitución nos hace retroceder a estadios anteriores a la defensa de tales derechos.”

Desde la organización Hombres por la abolición de la prostitución, defienden que los hombres tienen la responsabilidad de generar las condiciones para su desaparición: sin hombres dispuestos a pagar no podrá haber comercio del sexo, como podéis leer en este artículo.

Tal como decíamos en este antiguo post, y en contraposición con el título de este, la violencia contra la mujer y las niñas es “una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas, persistentes y devastadoras del mundo”, en palabras de ONU Mujeres.

Es una realidad que se observa en cualquier parte del mundo, desafortunadamente. Os dejo con un impactante vídeo que recoge el sufrimiento de mujeres víctima de este tipo de violencia, la prostitución, en Namibia, y la maravillosa labor (aquí podéis leer más) del padre Hermann Klein-Hitpass, sacerdote alemán ya fallecido, que fundó un refugio para mujeres prostituidas y sus hijos.

 

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Liderar nuestras emociones

Si supiéramos que el 90% de las cosas negativas que anticipamos que van a pasarnos nunca llegan a ocurrir, nos ahorraríamos sufrir esa ansiedad, esa angustia, emociones que no son malas per se, porque son señales de que algo pasa…

Las emociones nos aportan mucha información y nos ayudan a comprender la realidad y a relacionarnos. Con frecuencia son un indicador -un síntoma- de algo que hay detrás. Analizarlo nos da pistas para afrontar ese malestar que sentimos, y que se manifiesta de muchas formas, buscando calmarlo. Unas veces será abusando de la comida, otras de las compras, del sexo, de las drogas. Estos abusos nos llevan a una regulación emocional poco saludable que, además, aporta una falsa sensación de control.

Todos podemos tener heridas emocionales, debidas a experiencias pasadas. Es curioso ver cómo recordamos mejor las experiencias negativas. Tiene una explicación: como el velcro, se nos quedan pegadas en el recuerdo para evitar ese peligro. Por el contrario, las experiencias positivas funcionan más como el teflón, se deslizan y se nos olvidan, desafortunadamente…

Ha sido para mí una gran alegría tener a mi hija, Nuria Ferrer Chinchilla, esta semana en nuestros I-WiL Lunch. Médico psiquiatra por la Clínica Universidad de Navarra, se formó en psicoterapia en la Unidad de Psicoterapia del Hospital Universitario La Paz (Madrid) y en el Máster de Psicoterapia Integradora de la Universidad de Alcalá. Realizó estancias formativas en la Uniklinik de Heidelberg (Alemania), en Neuropsiquiatría Infantil en el Hospital Infantil Giannnina Gaslini de Génova (Italia) y en la Unidad de Interconsulta y de Terapia de Familia del Rochester University Medical Center (EEUU).

Sus áreas de especial interés son: psiquiatría general, psiquiatría infantil y adolescente, psicoterapia, medicina psicosomática, trastornos de la conducta alimentaria, adicciones, terapia de Familia y sexualidad.

Os dejo con la grabación de la sesión. Desde Nueva York, donde participo en la Global Alumni Reunion (GAR) y los 10 años del Campus neoyorquino del IESE, os deseo una muy buena Fiesta de la Hispanidad y muchas felicidades a las que llevan el nombre de la Virgen del Pilar.

 

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¿Generación Baby-boom, X, Y, Z…?

¿Podemos ignorar la compartimentación de la población en grupos con apellido, tales como millennials, baby-boomers, etc.? Hay quien afirma que categorizar así “revela nuestros prejuicios sobre las personas que estudiamos” (Adam Conover, guionista de la web College Humor en una charla sobre generaciones). ¿En qué ayuda usar este sistema? El doctor en sociología por la Universidad de Salamanca David Doncel Abad afirma que “el estudio sobre generaciones sociales se ha desarrollado, especialmente, en el ámbito anglosajón”, y añade que en nuestro país “no se observan transiciones bruscas entre generaciones, más bien son cambios laborales o de formación que se ven entre jóvenes y adultos.”

Con el uso de estas categorizaciones corremos el riesgo de perder de vista el hecho irrefutable de que cada persona es única e irrepetible, dependiendo de su biología y de su cultura (cultivo), del entorno en que ha vivido y de las decisiones que ha tomado. Pero sí es verdad, sin embargo, que en cada generación hay unas características que son las que van conformando una manera de ver la realidad.

El término millennial, quizá el que más éxito ha obtenido en las últimas décadas“no se utiliza en las investigaciones académicas”, explica Almudena Moreno, socióloga de la Universidad de Valladolid y coautora del Informe de la Juventud en España 2012, publicado por el Instituto de la Juventud (Injuve). Sólo hay  una mención, la de Neil Howe y William Strauss, autores del término, en un libro publicado en el año 2000 con el título Millennials Rising: The Next Great Generation. Pero hoy los miembros de esa supuesta generación (nacidos entre 1984 y 2004) rechazan esa etiqueta, o la miran con escepticismo, y no es de extrañar: son mayoritariamente considerados vagos, ególatras, individualistas, impulsivos, inconstantes…). Ya aparece en los medios hace tiempo la llamada Generación Z, los que nacieron con el nuevo siglo. “Básicamente, son nativos digitales y nacieron, en vez de con un pan, con un iAlgo debajo del brazo (iPod, iPad, diez iPhones)“, se explica en este artículo de El País.

Ángel Sanz, empresario, periodista y antiguo jugador de baloncesto, afirma en su blog de Expansión que “tenemos una generación de jóvenes que viene de crecer en años de abundancia, que no ha pasado por momentos difíciles, que consumen, que tiene un criterio propio, que está muy formada académicamente, que se cree con derechos adquiridos simplemente por existir, que son nativos tecnológicos, que consideran que tienen mucho que enseñar a generaciones anteriores. A esta generación, que se ha denominado Generación Y, hoy le llaman los Millennials, como dice Leslie Kwoh en su artículo del Wall Street Journal, es una generación “…malcriada, impaciente y legitimada” que viene pisando fuerte y que el sistema tiene que incorporar.” Y continúa explicando que se tienen que ganar lo que exigen.

Un término muy interesante, dada la mayor longevidad de que gozamos actualmente, es el de intergeneracionalidad. Si comparamos a los baby boomers, nacidos entre 1948 y 1964, con los millennials, y según leemos en este artículo de The Wall Street Journal, un estudio de Pew Reasearch Center constató que los primeros se definían en el trabajo por la ética, el respeto y la moral, mientras que los segundos lo hacían con carácterísticas basadas en la tecnología, la música y la cultura pop, inclinaciones liberales, así como una inteligencia superior y una vestimenta concreta; priorizan el estilo de vida al salario y no se asustan de los cambios de orientación en su trayectoria profesional.

Se ha llevado a cabo el Primer Estudio en España sobre el talento generacional, elaborado por el Observatorio Generación & Talento y la Universidad Pontificia de Comillas ICAI-ICADE (podéis leer más aquí):

“No resulta raro encontrar entre tres y cinco generaciones conviviendo en el mismo entorno laboral: Veteranos, Millennials, Baby Boomers, Generación X, Generación Y, Generación Z.  Ninguna de ellas tiene el mismo modo de trabajo, formas de proceder, conocimientos y circunstancias laborales y vitales. Aunque seamos conscientes de estas diferencias, no se ha profundizado en qué experiencias, valores, habilidades, inquietudes y motivaciones marcan su esencia vital y profesional. A día de hoy, no sabemos realmente quiénes son estas generaciones, sobre todo las más jóvenes, y cuál es la aportación de su valor en el ámbito laboral”.

Una de las figuras más interesantes, aunque discutidas, para afrontar la convivencia intergeneracional en la empresa es el mentoring inverso y directo, basado en la ayuda del experto al inexperto, independientemente de la edad.  Y no solo en el trabajo: cuánto pueden enseñarnos activamente nuestros hijos, si como padres nos dejamos y ellos quieren… En el vídeo que os dejo, por último, vemos entre otras cosas que intergeneracionalidad sí, pero con los mismos derechos y en una relación de igualdad. ¿Es esto posible e, incluso, conveniente? Espero vuestros comentarios.

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